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Domingo 19 de Agosto del 2018

 


Tampoco recordamos nosotros nada trascendental que haya ocurrido un dos de agosto. Por lo tanto, no es a una vieja historia a la que se refieren estas líneas. Es a lo que puede pasar este dos de agosto venidero. Aunque muy pocos creen que sea posible eso que puede pasar. Aunque la gran mayoría piense que sería tan grave lo que al mundo le ocurriera si alguno de los trenes que corren en opuesta dirección no se detienen, que sin duda uno de los maquinistas pararía su máquina infernal. Aunque todos descansan en la certeza de que al fin vendrá una paz negociada, una transacción decorosa, es posible que la testarudez y el ánimo pendenciero de las partes se impongan y que se desateuno de los más dramáticos sucesos de los tiempos recientes.


Probablemente no sean muchos los lectores que ya estén advertidos sobre el acontecimiento que se avecina. Eso sería explicable, por tan poco que la prensa del mundo ha tomado en serio la cuestión. Balandronadas de dos peleadores callejeros, que terminarán por acordarse. ¿Y si no? Vendrá el caos económico y financiero más grave desde la gran depresión de 1929. Si no, la crisis que sobrevino con la quiebra de Lehman Brothers será juego de niños. Si no, nadie puede vaticinar el camino que tomarán los mercados y la dimensión del daño que a la economía mundial se le producirá. Nadie lo sabe. Entre otras cosas, porque seguimos creyendo que no puede pasar lo que pasaría si el Presidente Obama y los Republicanos no negociaran para impedir que los Estados Unidos entren en mora, lo que en el argot financiero internacional se llama "default".


Si para esta fecha, tan próxima, no decreta el Congreso, con la mayoría republicana que es imprescindible, un aumento en el techo de endeudamiento de los Estados Unidos, esa Nación, la más poderosa de la tierra, la que a lo largo del Siglo XX ha marcado la pauta económica, la que responde por un porcentaje sustancial del Producto Interno Bruto del mundo, dejaría de pagar sus deudas. Los tenedores de bonos del Gobierno, que los compraron como la inversión más segura de las que el mercado mundial ofrece, se encontrarían con un papel sin rendimiento, que no merece confianza de ningún tomador. Y querrán venderlos y los compradores los pagarían como deuda mala. Y nadie querrá tomar otros y los Estados Unidos dejarían de tener financiadores, o los conseguirían a grande costo. Con lo que desaparecerán los bonos como punto de partida para medir cualquier riesgo financiero. ¿Cuál? ¿A dónde se irá el mercado que en busca de seguridad hoy acepta los rendimientos más bajos que se pagan, los de la deuda americana?


Algunos se refugiarán en el oro, que es una especie de fetiche, porque nunca ha valido per se, sino por lo que significa en la concupiscencia de valor que los hombres tienen. Otros querrán bonos de países más seguros. Que es el que no se ve en el horizonte. La China es la gran nación emergente del momento. Pero, vaya problema, su dinámica depende de las ventas que le hace a los Estados Unidos. Y si los Estados Unidos no le pagan, la China no pasará de ser una ilusión que se desvanece. Los países fuertes de Europa, Alemania, Francia y Gran Bretaña, tienen bastante problema con poner a flote las economías de los socios calaveras de la Unión Europea. Entre Grecia, Irlanda y Portugal suman lío suficiente para esas economías. Ni hablar de que se sumen España e Italia. Sería demasiado.


No nos engañemos. Nos guste mucho o poco, la economía de este planeta descansa en la solidez de la economía norteamericana. Y el próximo dos de agosto, si Obama o los Republicanos, o ambos, no dan su brazo a torcer, se habrá desmoronado el cimiento y quedaremos como edificio en ruinas. Entonces los mercados sin brújula serán una feria de remates, de gente que corre despavorida a reducir sus pérdidas. El problema es que nadie sabrá hacia dónde correr. Como pasa en los naufragios. Y este dos de agosto, el Titanic, en que todos vamos, podrá darse golpe mortal contra el iceberg que está a la vista.


 

Julio 26th, 2011

Fernando Londoño Hoyos

La Patria, julio 26 de 2011


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