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Sábado 24 de Agosto del 2019

Entre la ética y la fe suicida

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 12/09/2016

Exclusivo para FCPPC
 

Foto: elmundodetehuacan.com

La ética y la política aparecen vinculadas estrechamente. Aristóteles

La política es una actividad moral en la que los valores éticos no tienen aplicación y lo único importante es alcanzar el poder, conservarlo y acrecentarlo. Maquiavelo

Un Jefe de Estado que pretenda gobernar con arreglo a leyes morales, no es un hábil político, por consiguiente no está bien seguro en su trono. Todo el que quiera gobernar debe recurrir al engaño y la hipocresía.

Protocolo de los Sabios de Sión, Primera Sesión, Acta Nº 1. Edición crítica original con estudios y comentarios críticos de M.E. Jouin, Editorial Época, México, 1967.

Teniendo en mente las citas anteriores, si la moral tiene como base un conjunto de normas establecidas en el seno de una sociedad (p.e. lo que todos entendemos, vivimos y sentimos como justicia, reparación, verdad, garantía de no repetición) y como tal, ejerce una influencia muy poderosa en la conducta de cada uno de sus integrantes, en cambio la ética surge como tal en la interioridad de una persona, como resultado de su propia reflexión filosófica/jurídica, elección, y puede reflejarse en pronunciamientos legales, ¿Qué va a ocurrir en la sociedad, una vez emitido un documento controversial, desde el punto de vista moral y ético, en relación con lo que sentimos y entendemos por justicia y, consecuentemente, en la forma como actuaremos?¿Cree usted que se producirá un apaciguamiento moral de la conducta agredida mediante el argumento jurídico – legal? No. Porque si de acuerdo con el punto de vista moral de Maquiavelo el gobernante trata de mantener el poder, así mismo la sociedad impedirá el no ser engañada peleando con denuestos, violencia o argumentos similares a los esgrimidos por el gobernante. ¿Quién gana y pierde? Ambos, si no se ponen las cartas sobre la mesa en un debate honesto y decente.

Supongo que tratando de evitar el conflicto moral, El 27 de agosto de 2016 publicó Rodrigo Uprimmy en El Espectador una columna digna de meditar, “El voto ético” y la cerraba con este dilema: “La pregunta que debemos responder es entonces la siguiente: ¿Es este acuerdo globalmente considerado suficientemente digno que decido apoyarlo, en nombre de una paz altamente probable? ¿O es el acuerdo globalmente considerado tan indigno e injusto que lo rechazo, a pesar de saber que será casi inevitable que retorne una guerra particularmente cruel con las poblaciones rurales?”

Apoyando esa misma generosa intención de Uprimmy, el Padre De Roux publicó en El Tiempo “La paz desde la ética no neutral.” Y, conocida la pregunta del plebiscito, ¿Apoya usted el Acuerdo Final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?, se nos plantea el eterno dilema entre ética y moral al escoger.

Antes de entrar a dilucidar el asunto, me permito indicar que el dilema plebiscitario en el contexto del Acuerdo Final va dirigido al fuero interno de cada quien; y es injusto porque, para resolverlo al mismo nivel en el que es planteado, CONSIDERANDO EL ESCENARIO POPULAR QUE INVOLUCRA, se necesita un entrenamiento especial para manejar las precisiones sutiles necesarias. Por ejemplo, el Procurador se dio cuenta que, legalmente, para la validez de la pregunta debe decir Aprueba y no Apoya, porque el Plebiscito se trata de aprobar un acuerdo, (algo legal) no de apoyar el proceso de paz (algo moral y ético). Por lo que generalmente se resuelve el asunto con un: me gusta / no me gusta; me convence / no me convence; creo, no creo, etc., especialmente ante la enorme tarea de asumir un reto de lecturabilidad inmamable como lo es el Acuerdo Final, creando, mediante ese instrumento un difícil escenario de lecturabilidad ética y moral, por lo que todo lo anterior, me suena a ‘una conspiración política’ al establecer una dificultad innecesaria para el fuero de las personas. Si ustedes creen que estoy hilando fino, por favor lean las recomendaciones de la maquiavélica mente maestra para el manejo de ‘la opinión pública’ de uno de los mejores y más temibles libros conspirativos, HAYA SIDO REALIDAD O FICCIÓN SU AUTORÍA E INTENCIÓN COMO ARMA ANTISEMITA, (estoy en desacuerdo con ese uso, y utilizo el texto como un ejemplo de la malicia humana): “Los protocolos de los Sabios de Sión”, Quinta Sesión, Acta Nº 5:

“Para asegurarse la opinión pública (mediante la propaganda por el Sí, además) es necesario primeramente EMBARULLARLA por completo (Con el texto del Acuerdo Final), haciéndole oír (ver y leer) por diferentes conductos, ideas y opiniones contradictorias, en párrafos muy largos para que el público se pierda en un laberinto. Sólo así comprenderán que el mejor partido que deben tomar, es no tener ninguna opinión en materia política (abstención): materia que no puede ser comprendida del público, pero que debe reservarse exclusivamente para aquellos que dirigen todos los asuntos. Ese es el primer secreto.”

Por lo que hay que leer el Acuerdo Final en contexto con una pregunta ética en mente. De esa manera podremos evaluar la UTILIDAD PRÁCTICA del manual, no como algo que hay que cumplir, sino como un instrumento de valoración de conductas morales y éticas. Entendido así el escenario práctico de evaluación, podríamos entonces elevar una crítica ética por encima de las divergencias políticas. Por ello me atrevo a proponer una pregunta para orientar sobre LA DIFICULTAD DE LO QUE SIGNIFICA ESCOGER ÉTICA Y MORALMENTE en relación con el proceso de paz /plebiscito / o cualquier otro tema fundamental.

LA PREGUNTA ÉTICA. ¿En qué momento, si alguna vez se presenta, debo decidir lo que es ACEPTABLE, CONFIABLE o práctico, al decir o hacer algo; mantener o cambiar una actitud o conducta, (decisión moral) en nombre de ‘una paz estable y duradera’ (un ideal ético), considerando que ese algo (decisión moral) NORMALMENTE no lo haría, siendo por lo tanto un sacrifico (una conducta moral)?

Noten que mi pregunta enfatiza ‘ACEPTABLE / CONFIABLE’ Y ‘NORMALMENTE’. ¿Por qué? Porque el cerebro, la mente, (diferente al cerebro) el cuerpo, la conciencia (diferente a la mente) funcionan de acuerdo con una COHERENCIA FUNDAMENTAL EN LO ÉTICO Y MORAL QUE AFECTA LO BIOLÓGICO Y VICEVERSA que nos permite mantener la cordura, goce de vivir; es decir, ser socialmente funcionales, creativos, útiles para nosotros y los otros, ES DECIR BUENOS, HONESTOS, AL MANTENER ESA COHERENCIA; es decir, ÉTICA Y MORALMENTE SANOS. Si noto una discrepancia entre lo que yo CREO/PIENSO/SIENTO y lo que el otro CREE/PIENSA/SIENTE, debo decidir si esa discrepancia es aceptable, confiable, O ES PRÁCTICO, Y POSIBLEMENTE DAÑINO, ACEPTARLA, provisionalmente, hasta el punto que deba considerarla normal, dentro de un rango que no me ofrece un riesgo letal. A este proceso se le llama generar confianza, pero nadie lo EXPLICA. Lo dejan al leal saber, entender y sentir de cada quien, lo que es peligrosísimo cuando se debe tomar una decisión que afecta no solamente al individuo, sino a la sociedad. En La Habana duraron un buen rato para establecer esa confianza, y al final Humberto de la Calle mantenía ‘sus convicciones.’ Es decir, no confiaba en la guerrilla, a la que llegó a conocer mejor que nosotros.

Debemos confiar nosotros? Tomar decisiones, en contra de una desconfianza justificada, nos genera un sufrimiento permanente garantizado debido al conflicto entre ética y moral; o el escoger pragmáticamente, entre un supuesto bien mayor y nuestra saludable coherencia interior. Miren la prueba en las palabras finales del discurso de Humberto De la Calle y mis observaciones:

“Termino con una voz personal: haber logrado un Acuerdo con las Farc no significa que haya existido una claudicación mutua. MIS CONVICCIONES Y VALORES SIGUEN INTACTOS. (Porque defendió su coherencia interior.) Supongo que lo mismo ocurre con los miembros de la guerrilla. (IGUAL LE PASA AL PUEBLO COLOMBIANO Y A LA OPOSICIÓN, que defienden su coherencia interior porque las convicciones de la guerrilla sencillamente no generan confianza). La Mesa no fue un ejercicio de condescendencia, ni de intercambio de impunidades. (Si los negociadores habaneros no fueron condescendientes, como señal de respeto mutuo, es decir, de coherencia interior, ¿por qué tenemos que ser condescendientes nosotros? ¡Respétennos!) Pero sí significa para mí que he crecido espiritualmente. Que hoy conozco mejor a Colombia. Que hoy me duele más el sufrimiento de muchos compatriotas. (A nosotros también porque RECORDAMOS los soldados tras las alambradas, la voladura de El Nogal, la humillación de la Casa de Nariño atacada frente a la comunidad internacional, etc.) Pero que también he aprendido mucho de la capacidad de resistencia de los colombianos, (Si resistimos balas durante cincuenta años, ¿no podremos resistir carreta, si consideramos que los tiros pueden ser un asunto de voluntad inteligente, y no de frustración guerrillera u orgullo presidencial?) de su generosidad y de su alegría.”

Ahora bien, ¿quiénes deben/debemos hacernos LA PREGUNTA ÉTICA para acertar en lo de la paz estable y duradera, o asumir la realidad que encontremos con esa pregunta? TODOS, los de las Farc incluidos, además de Santos y sus amigos. Nosotros, los que nos consideramos ajenos a la criminalidad, el terrorismo, etc. sabemos lo que es aceptable y confiable: trabajar honestamente, cumplir las leyes divinas y humanas, pagar impuestos, ‘portarnos bien’ etc. Para la mayoría de guerrilleros lo aceptable y confiable, además de lo que les dicta la normalidad de la vida diaria, es combatir, matar, extorsionar, reclutar indebidamente, hacer abortar, no dejarse encarcelar, traficar con coca, aspirar a tumbar el estado mediante cualquier forma, para gobernar y mandar, etc., pues esa es su ‘profesión revolucionaria.’ Para Santos y el gobierno, además de lo que le exigen la constitución y las leyes, se les puede hacer aceptable y confiable, una zona gris llamada RAZONES DE ESTADO en la que la ética puede estar ausente. Y, tanto para ellos como para nosotros, supuestamente se nos ha planteado un bien mayor: una paz estable y duradera. Entonces apliquemos la pregunta, no olvidándonos, que para el ‘bueno’ el ‘malo’, el que funge de ‘gobernante’ las coherencias fundamentales pueden ser diferentes, pero el resultado inobjetable ha sido, hasta ahora, la guerra. Una ley de procesamiento dice que si se le alimenta basura a un sistema, sale basura. ¿A qué debo renunciar o cambiar para que el resultado sea diferente al de la guerra, la discrepancia o el riesgo letal? Esa es la cuestión.

En este escenario, mientras mi pregunta va dirigida al conocimiento de la dificultad existencial del manejo moral de la decisión, las recomendaciones del Padre De Roux van democráticamente enfocadas a la privacidad de la decisión de cada quien; a su vez, los cuestionamientos éticos de Rodrigo Uprimmy tienen un eje fundamental: lo digno o la dignidad; al igual que lo indigno e injusto en relación con un proceso; es decir, algo externo. Pero un proceso tiene sentido si va dirigido a personas, a un auditorio, a un fuero interior; es decir, a conciencias, con un escenario ético y moral en conflicto. Luego mi pregunta se enfoca en la realidad insoslayable de lo que no puede ser burlado, el conflicto íntimo en el que nos pone Santos y nuestra percepción de su manejo con las Farc. Pero antes de decidirnos echémosle un vistazo al muy importante escenario de la dignidad moral, poco explicitada en los debates políticos.

El ser digno es una cualidad y un valor que tienen las personas y muchas situaciones sociales o políticas; la dignidad se refiere al mérito que tiene alguien, o un grupo, por las acciones que hace en pro de la humanidad, en beneficio de su entorno y la sociedad. ¿Tienen esa característica las Farc? ¿La tiene la iglesia? ¿La tiene el gobierno? ¿La tienen las empresas /gremios? ¿Partidarios del Sí, defensores del No? ¿Guionistas del Sí, ensayistas del No? Cuando una persona o un grupo toman decisiones adecuadas y actúan libremente son dignos de respeto y de reconocimiento. Las personas y grupos confiables son aquellos que saben enfrentar con altura y con tolerancia las situaciones en la vida, como lo es una negociación, y sobre todo saben hacerse responsables de sus actos y palabras.

Ser digno es inherente del ser humano racional que es capaz de actuar de forma libre, tomando buenas decisiones y haciendo respetar sus valores y los de los demás. Un ser digno es aquel que hace constantemente cosas adecuadas y no es una persona que atenta en contra de los demás; por ello se puede decir que una persona que es digna es también honorable, porque es gente que mantiene su palabra y valora a los demás y las libertades de las personas que lo rodean.

Lo digno también se relaciona con lugares en el mundo que son dignos de respeto en los cuales se tienen que seguir ciertos preceptos preestablecidos; son lugares sagrados, de alta relevancia cultural o política. En una iglesia se va a orar, no a hacer visita; un museo no un sitio para ir a comer, sino un espacio para recorrer con solemnidad apreciando el arte de los grandes; el Congreso y la Casa Presidencial representan la dignidad del país, su respeto, su soberanía, el máximo símbolo de su vida democrática. Cuando el 7 de agosto de 2002, las FARC lanzaron varios cohetes contra la Casa de Nariño y el Congreso donde se llevaban a cabo los actos de posesión presidencial de Álvaro Uribe, no eran cohetes contra Uribe solamente, sino contra la dignidad, respeto y soberanía del país, frente a la comunidad internacional y los medios, ¡PARA HUMILLARLOS O MATARLOS A TODOS! Frente al contexto anterior y lo que sigue se plantean muchos dilemas éticos.

Mi fuero interno me dice que en relación con el proceso y lo que lo ha antecedido, hemos sido tratados con indignidad por parte de las Farc y el Presidente; además de que el documento ha pactado cosas injustas e indignas en relación con lo que creo que es la justicia. Cuando la dignidad está ausente de las relaciones, la conducta de las personas y los lugares públicos y privados que exigen respeto, EL PAÍS PELIGRA MÁS que con la guerra porque se destruye la ESENCIA DE LO HUMANO. ¿Debo renunciar a mi esencia en aras de una paz probable? ¿Qué es una paz sin dignidad?

Para poner en evidencia el dilema de la dignidad señalo el dramático mensaje subliminal implícito en el titular: “¿Qué significa una ‘victoria estratégica’ en una guerra irregular?” (El Tiempo, Ago. 30/16) desplegado por el estamento militar que pretende enfrentar lo que consideran desinformación de las Farc para salvaguardar la dignidad de las Fuerzas Armadas al tener que desmentir las pretensiones farianas. Esta entrevista es IMPORTANTÍSIMA para decidir sobre su voto plebiscitario y presidencial. Vea el porqué de las confusiones éticas que surgen al tratar de dilucidar lo que en realidad sucede.

De ella podemos deducir el peligro de las medias verdades como ‘razón de estado’ o el uso que maneja la subversión. El artículo mencionado dice que las Farc están negociando porque, estratégicamente, el Ejército ganó la guerra. Esto puede ser verdad, pero Enrique Santos en su libro “Así empezó todo” testimonia que el espíritu de las Farc no está quebrado y así lo prueban los frentes que se declaran en rebeldía. Juan Manuel Santos utiliza la afirmación del ejército para, políticamente, cepillar a Uribe y los expresidentes que le antecedieron. Sin embargo, Las Farc se consideran ‘iguales’ al considerar que no fueron derrotadas militarmente, cosa que los militares contradicen y prueban. ¿Cómo afronta usted esas discrepancias?

Por otra parte, los cabecillas de las Farc no son bobos. Estudiaron a Santos. Se dieron cuenta desde 1997 cuando junto con Castaño y Álvaro Leyva quería liderar una constituyente y derrocar a Samper que ‘la paz,’ era su punto débil y por ello podría ser manipulado para ser su candidato presidencial. (Leer el capítulo “Días de conspiración” del libro de Carlos Castaño: “Mi Confesión”) Por el carácter de Santos, en contraposición con el de Uribe, con Juanpa tenían las Farc UNA OPORTUNIDAD DE DEBILIDAD PSICOLÓGICA DEL ENEMIGO debido a su obsesión con el tema; y, debido a su posición presidencial, era codiciable negociar con él, pues por su ‘obsesión’ podría ser influenciable. De ahí las concesiones. ¿Cómo comprobaron las Farc la ‘debilidad’ de Santos?

La prueba de que la mesa de negociaciones y el Acuerdo Final son una oportunidad para sus propósitos, no la voluntad de paz con la que soñamos los colombianos la verán ustedes en el link: Prensa estadounidense se pregunta si el proceso de paz es una… conspiración política. www.radiosantafe.com/…/prensa-estadounidense-se-pregunta-si-el-proceso-de-paz-es-…

Por otra parte, cuando El Espectador publicó “Cúpula militar habría revelado planes secretos de las Farc que Santos ignoró” (marzo 17/14) se trataba del “Plan Renacer Revolucionario de las Masas” que se detalla en la publicación del mismo diario en “Planes secretos de las Farc.” El Espectador precisa que, en momentos en que se discutía el punto agrario en La Habana, también empezaba a despegar la protesta campesina. Primero en Catatumbo y luego en otras regiones del país. Pero todo ello, según la cúpula militar, serían hilos que estarían moviendo las Farc desde Cuba, con el propósito de demostrar “la capacidad de tener bases sociales suficientes para crear un partido establecer los fundamentos de su partido político y tener una base de presión en La Habana… Esas bases sociales actuarían según El Espectador para: “darle vida al Consejo Patriótico Nacional, un “frente amplio de izquierdas” y organizaciones sociales dirigido hacia una insurrección de masas y paros cívicos. Una calculada estrategia para asistir a los productores de cultivos ilícitos, crear comités de impulso a las Zonas de Reserva Campesina y desarrollar acciones de campaña social en torno a temas como seguridad alimentaria, cabildos abiertos rurales, sindicatos de agroindustria, jornadas nacionales de protesta y marchas regionales. Un objetivo que incluía infiltrar los movimientos estudiantiles, organizar a los trabajadores rurales informales con enlaces clandestinos, acentuar las expresiones de poder popular locales y promover la formación de cuadros políticos.”

Todo lo anterior fue expuesto a Santos soportado con un amplio material de pruebas y análisis elaborados por la cúpula. Sin embargo, el presidente le respondió a esta, según el mismo medio, que “debían continuar sus operaciones, pero que su política era insistir en el proceso de La Habana.” Es decir, para tomar decisiones vitales sobre el país, Santos prefirió como interlocutor a las Farc que a la cúpula militar. Grave indicio. Ahí comenzó el descontento militar. ¿Ha terminado?

Pues bien, mi estimado lector, lo concebido como un proceso subversivo para probar el pulso político de las Farc, no como una auténtica necesidad social, recibe el pleno respaldo del Acuerdo Final en el Nº 2.2.2 “Garantías para la movilización y la protesta” de la página 39; y en el Nº 2.2.4 le amarran el control y accionar de la Fuerza Pública y la crítica ciudadana cuando se habla de “Garantías para la reconciliación, la convivencia, la tolerancia, y la no estigmatización, especialmente por razón de la acción política y social en el marco de la civilidad.” ¿Vale la pena leer el Acuerdo Final en contexto? ¿Le plantea lo anterior dilemas éticos y morales? ¿Qué hace usted cuando tiene dudas?

Por lo tanto, el dilema ético que nos plantea Santos es: ¿Vale la pena coordinar lo político y militar para derrotar definitivamente a las Farc, cuando perfectamente conoce sus movimientos e intenciones subversivas y los ignora? Ese es el postconflicto frente a sus narices. Y el vicepresidente Vargas lo dice claramente: Una cosa es apoyar el Sí, y otra cosa es que se interprete como un apoyo a las Farc para el acceso al poder. Puede que no sea la causa directa, pero la facilita, digo yo. Y Mao Tse Tung decía: “La razón por la que un enemigo pequeño se vuelve grande es porque no se le elimina cuando era pequeño.” Simple sentido común. Por ese motivo Uribe nunca se ha dejado engañar por las Farc, pero Santos sigue ignorando esa experiencia. ¿Ignorándolo va a evitar que no suceda? Yo puedo cambiarme el chip y volverme vegetariano para no comer carne debido a razones de sensibilidad, pero eso no va a evitar que las vacas sigan produciendo gases que contribuyan al calentamiento global. ¿Cómo nos garantiza el gobierno que el Acuerdo Final evitará la extinción de ‘todas las formas de lucha’ para tomarse las Farc el poder? Creo que los planes de las Farc siguen vigentes, pero sin armas. No hay la tal paz. Y como esto va a seguir después del 2018, con las Farc supuestamente desarmadas, me preocupa el próximo presidente.

Por eso hago las siguientes preguntas para ser conscientes de los posibles ‘perfiles’ en juego para el próximo mandatario: ¿Un convencido de la paz y por ello influenciable; es decir, otra versión de Santos? ¿Un estadista de carácter y criterio independiente que no se deje manejar por el ‘régimen’ de intereses, pero que no deseche las realidades de un manejo honesto de la paz, ni se deje apabullar por las estrategias de asimetría política de las Farc como partido? Esos son dilemas éticos y políticos que debemos dilucidar en un futuro cercano, leyendo el acuerdo en el contexto que conocemos.

Lo anterior nos lleva a decir que un presidente puede constitucional y plebiscitariamente recibir un MANDATO POR LA PAZ, pero no recibe un mandato para violentar la dignidad del país. Sin embargo, de manera abusiva e irrespetuosa a ese proceso fundamental que mantiene la civilidad y la democracia, decidir consciente, digna y honestamente, le impusieron un horrible ‘tragar sapos,’ como fórmula mágica para satisfacer a un príncipe encantado con la doncella de la paz, violando de esa manera a la ‘doncella’ que es nuestra libertad ética como personas y como país. Entiendo que los negociadores del gobierno tenían líneas rojas que no se debían cruzar. ¿Estaba alguna de esas líneas relacionada con la ética y la dignidad?

¿Quién sabe? Porque para ello inventó Nicolás Maquiavelo la Razón de Estado; es decir, las medidas excepcionales que ejerce un gobernante para obtener UN SUPUESTO VALOR SUPERIOR (ojo con esto) a otros derechos individuales o colectivos. Dichas medidas pueden ser perfectamente legales pero pueden también contradecir los principios básicos que defienden el propio Estado y la sociedad, como es la DIGNIDAD; o ilegales como los asesinatos o persecución de dirigentes políticos, el terrorismo o las amenazas de Estado, la desinformación, etc.

La razón de Estado está estrechamente vinculada con el problema de la legitimidad que pudiera tener el Estado para tomar este tipo de medidas y con el problema de proporcionalidad en el medio empleado en relación al beneficio obtenido o esperado. En nuestro caso, el beneficio es algo gaseoso, impreciso y futuro llamado paz.

No obstante ello, con gran frecuencia la razón de Estado se ha utilizado para justificar medidas de dudosa ética o abiertamente tiránicas, utilizándose este motivo para lograr la obtención de un objetivo político, como parece ser nuestro caso, frente a disidentes de esa conducta. La razón de Estado puede estimar lícito un mal menor si con ello se evita un mal mayor. Pero olvida que todo mal mayor comenzó siendo menor, como era fumarse un cacho de marihuana en los años 60, o legalizar una impunidad, sentarla y aguantarla en medio de LA DIGNIDAD del Congreso. ¿No pierde así esa institución su legitimidad y DIGNIDAD? 
Con lo anterior, si el amable lector cree que el dilema ético es un asunto especulativo o académico, échele una mirada a la separata de El Tiempo, ‘mi zona’ – Cedritos, del 26 de agosto de 2016 cuya carátula pregunta: ¿Estoy preparado para la paz? Sí, No.

En la página 2, comienza con una presunción valorativa que es éticamente incorrecta: “Falta que la gente desarme sus corazones.” Yo le respondo: “Lo desarmaré el día que tú desarmes tu ideología de vendedor ventajoso. Además de la superficialidad con la que tratas de vender tu manera de perdonar.” ¿Por qué lo digo? De la página 9 de la Revista Apuntes de Familia de la Universidad de la Sabana, copio lo siguiente que nos contextualiza escenarios concretos, no un pedido de misericordia abstracto:

“No podemos negar que la exigencia del perdón llega en ciertos casos al límite de nuestras fuerzas. ¿Se puede perdonar cuando el opresor no se arrepiente en absoluto, sino que, incluso, insulta a su víctima o se burla de ella y cree haber obrado correctamente? ¿Puede una madre perdonar al asesino de su hijo? ¿Podemos perdonar, por lo menos, a una persona que nos ha dejado completamente en ridículo ante los demás, que nos ha quitado la libertad o la dignidad, que nos ha engañado, difamado o destruido algo que para nosotros era muy importante? (Pregunto: ¿Cuál es el impacto en un proceso de paz si se observan esas conductas por televisión o se saben de ellas en otros medios?)

“Quizá nunca será posible perdonar de todo corazón, al menos si contamos solo con nuestra propia capacidad. Con la ayuda de buenos amigos y, sobre todo, con la gracia de Dios, es posible realizar esta tarea sumamente difícil y liberarnos a nosotros mismos.” Pero Dios no ha sido invitado a las conversaciones de paz. No olvidemos que el dueño del verdadero producto lo hemos llamado ‘Príncipe de la Paz.’ Pero no es accionista de este ‘negocio’.

Siguiendo con la separata de Cedritos encontramos varias preguntas que buscan dilucidar si los vecinos están listos para vivir con reinsertados; preguntas que tienen que ver sobre aceptación de hijos en un colegio, votar por la propuesta de un reinsertado, tenerlo de vecino, hacer negocios con él o emplearlo. Las respuestas varían, pero la regla es: O el reinsertado se ajusta a la sociedad, o la sociedad lo neutraliza.

Pero una cosa diferente es firmar un tratado de paz con ‘señores de la guerra, el terrorismo y el narcotráfico’ que les da inmunidad por las atrocidades cometidas, lo que convierte el tratado de paz en algo cuestionable y les da poder para lograr sus objetivos de dominio. También es antiética e ilegal la utilización de medios inadecuados para coaccionar a la oposición, o brindar ventajas a las Farc que no tienen los otros partidos como las 31 emisoras. La triste ‘defensa’ del senador Benedetti es que es mejor que las emisoras estén a la luz del día y no escondidas. Y ese pensamiento lo define todo: MIENTRAS EL ATRACO A LA BUENA FE DEL PAÍS SE HAGA DE FRENTE Y A LA LUZ DEL DÍA, ES LEGAL.

Pero aquí no termina el asunto. Tenemos la LEGITIMIDAD del tratado que se ve amenazada por el quite que se le ha hecho a las observaciones de órganos de justicia transnacional y al desconocimiento unilateral por parte de Colombia de sus tratados de extradición. El NO del Papa es muy diciente. Por eso frente a la falacia de ‘nadie negocia par ser encarcelado’ le enfrento esta insoslayable realidad: ‘una sociedad no negocia para ser burlada.’ Aquí hay una advertencia avalada por la costumbre. Un ejemplo que contradice la falacia de no pagar cárcel lo dio Rojas Pinilla. Pagó cárcel, perdió sus derechos civiles y políticos, los recobró. A pesar de su dictadura, recobró su credibilidad al honrar su dignidad respondiendo por sus errores, fue candidato presidencial, ganó las elecciones, se las birlaron el 19 de abril de 1970, como lo atestigua Carlos Augusto Noriega, Ministro de Gobierno del momento en su libro “Hubo fraude.” Aquí vemos que ‘la razón de estado’ juzgó como mal menor hacer fraude que resultó después en la guerrilla del M19 que tanto dolor le causó al país con el Palacio de Justicia y a Bogotá con Petro.

Tenemos el dilema Justicia – Paz en donde se pretende disfrazar la burla de la justicia con la metodología de las equivalencias del socialismo del Siglo XXI. Por otra parte la ‘resolución’ del conflicto no es solamente el cese al fuego, sino el ‘manejo’ de una situación compleja que involucra mala comunicación, estereotipos, desinformación, percepción equivocada del propósito o proceso. Por eso la parte genuina de un conflicto se basa en diferencias esenciales y cuestiones incompatibles, como por ejemplo: Distintos intereses, necesidades y deseos; diferencias de opinión sobre el camino a seguir, criterios para tomar la decisión, repartición de recursos, diferencias de valores. De eso fue de lo que dejó parcial testimonio Humberto de la Calle en sus palabras finales, algo que aquí amplío para que no caigamos en la FE SUICIDA que, además, el gobierno y las Farc quieren que sea generosa con lo del plebiscito. Me explico.

LA FE SUICIDA ES AQUELLA EN LA QUE EL IGNORAR EL RIESGO, PELIGRO O PROBLEMA (Política del avestruz) NO VA A HACER QUE ESTOS DESAPAREZCAN, PENSANDO QUE SE TIENEN LOS RECURSOS PARA EVITARLO. Ejemplo: el usuario del condón lo hace para protegerse de un posible contagio. Es decir, no sabe si la pareja está contagiada o no y asume un riesgo letal contando con la protección del 97%. Pero si se llega a enterar que la persona está contagiada, no lleva a cabo el contacto. ¿Qué significa eso? ¿En dónde quedó la protección ‘racional’ del 97% que desecha cuando supo que estaba contagiada? El usuario del ‘blindaje de látex’ descubre entonces que para los asuntos VITALES de la existencia EXIGIMOS CERTEZAS, no probabilidades, ni suposiciones. En ese orden de ideas ¿Con qué grado de riesgo evalúa usted a las Farc para la democracia del país? ¿Ofrece el acuerdo de paz un blindaje seguro del 100%? Si no lo es, ¿hasta qué punto considera usted ACEPTABLE, CONFIABLE aceptarlo como está según lo determina la pregunta ética que he sugerido arriba? ¿Tenemos certezas de que nada letal ocurrirá? ¿Cómo evaluamos el que las Farc quieran el poder? Si usted toma decisiones A, B, X o Y, por ser uribista o antiuribista, santista o vegetariano, pacifista o guerrerista, respeto esas opciones; pero sugiero revisar el proceso de pensamiento con el que las toma.

En cambio los de las Farc, sí tienen certezas; pueden estar equivocadas, pero las asumen; hasta morir por ellas, según dicen. Si es verdad, es la posible ventaja que nos llevan como sociedad civil, porque el morir se lo dejamos al Ejército. Asumen también el riesgo de conseguirlo por otras vías, así los llamen tramposos. En todo ese panorama del cual no podemos controlar muchas cosas ¿tenemos las certezas de la adecuada defensa contra el riesgo de que quieran asumir el poder? Sin embargo, Santos decidió negociar: esa es SU FE SUICIDA. Está viendo los resultados políticos y no los entiende porque usa el paradigma equivocado del deseo generoso que nos puede llevar al engaño de la causa justa. ¿Cuántas acciones irresponsables se llevan a cabo PENSANDO / CREYENDO que la otra persona no está contagiada, o no es peligrosa, sencillamente porque me parece o me gusta la idea, utilizando el adminículo ‘de la paz’, por si acaso? ¿Y qué pasa cuando esa persona confirma el contagio, la mala intención de tomarse el poder? ¿No estamos tomando acciones similares en relación con la vida futura del país utilizando una herramienta de probabilidad como es el plebiscito en vez de buscar certezas? Esa es la fe suicida y el gobierno quiere que seamos generosos con ella.

Las Farc nos han dividido con el debate de si pagan o no cárcel; de si son 5 o 10 curules. El peligro real es que no han renunciado a la toma del poder, lo han dicho, y nosotros seguimos como si nos hubieran invitado a Disney World. Y para enmascarar la FE SUICIDA de esa actitud los ‘avezados’ se burlan que aquí no llegará el castrochavismo. ¡Claro que no! Fidel está viejo y Chávez muerto. Pero ‘otro castrochavismo’ ya llegó y no lo hemos visto.

O qué significa el que las Farc hayan manipulado para obtener mediante la JEP, como tonto útil, la oportunidad de sentarse en el trono moral cuestionando al estamento empresarial, sus supuestos enemigos, así ellos también lleven, supuestamente, del bulto?

Considerando las dificultades de una decisión ética basada en el concepto de dignidad a la que se puede renunciar por un pragmatismo al que nos empujan mediante una manipulación pregunto: ¿Qué pasará cuando los resultados de ese acuerdo no sean los que se esperan y la gente descubre EL GUAYABO MORAL que viene después de la intoxicación de la ‘fiesta’ al darse cuenta de que fueron manipulados? ¿O cuando aplicado a la realidad que no se previó el Acuerdo empiece a producir lo indeseable? ¿Tenemos un Plan B? El VIH no perdona, ni te da una segunda oportunidad, al igual que la fe suicida, cuando desconoces que debe haber COHERENCIA ENTRE ÉTICA Y MORAL ALREDEDOR DEL BIEN, AL TOMAR UNA DECISIÓN QUE SUPESTAMENTE SE TOMA EN NOMBRE DE UN BIEN MAYOR: LA PAZ.

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