Photo Uribe
Logo Small

Lunes 10 de Diciembre del 2018

Las Farc son incapaces de llegar a la paz

Publicado en:

Fcppc  | 

Autor(a): Eduardo Mackenzie  |

Fecha: 09/09/2014

 

Sin arrepentimiento ningún acuerdo de paz es posible. Sin el arrepentimiento del agresor la paz es inalcanzable. Ese es el nudo gordiano de la actual negociación de paz: los jefes de las Farc están a años luz de alcanzar esa lucidez, esa altura moral, esa nobleza de espíritu indispensable para que ellos puedan reconciliarse verdaderamente con el país que han martirizado durante más de 60 años, para entrar, realmente,  en un nuevo comienzo.

La noción de arrepentimiento es central en todo esto. Es la lección más profunda dejada por Nelson Mandela y Frederik de Klerk. Si esa noción es descartada, como lo ha sido hasta ahora en Colombia, es imposible llegar a algo serio en materia “post conflicto”. Jamás habrá un “post conflicto” en Colombia sin ese elemento. Un compromiso de arrepentimiento sincero del agresor debe llegar de alguna manera.

La solución que aportan las Farc a ese problema es irracional: el arrepentimiento debe venir de las víctimas. El arrepentimiento del victimario debe ser substituido, judicial y mediáticamente, por el arrepentimiento de sus víctimas.

Las Farc son las causantes de la guerra total subversiva y de las sub violencias que el país ha sufrido desde 1954 hasta hoy. Sin la destrucción institucional y moral que ellas realizaron, el país habría superado esas otras calamidades (las otras guerrillas, los carteles de la droga, los paramilitares, la corrupción, las bacrim), como lo hicieron otros países.

Las Farc atacaron de manera implacable a Colombia, a sus ciudadanos, a sus autoridades elegidas, a su Estado democrático, a sus fuerzas económicas, a su vida cultural y espiritual. Yal hacerlo creían que tenían derecho a hacerlo. Creían que estaban haciendo el bien.

Eso era lo que su ideología les dictaba. Ésta les impedía oír el clamor contrario de millones de ciudadanos y de sus representantes. Esa violencia total, abierta y soterrada, contra el país, es lo que los jefes extranjeros de las Farc, las dictaduras totalitarias que más daño le hicieron al género humano, y ahora el Foro de Sao Paulo, les decían y les dicen: ustedes son la vanguardia de una revolución luminosa, ustedes representan la esperanza de la reconstrucción violenta de un mundo colectivista contra la despreciable democracia burguesa y el detestable mercado libre; ustedes son la avanzada de los forjadores de un mundo ideal donde el Estado de derecho habrá sido aplastado y donde el “individuo egoísta”, tan fustigado por Marx, habrá sido transformado en el “hombre nuevo”, en el homo sovieticus que los bolcheviques rusos trataron de forjar durante 70 años, hasta que su experimento catastrófico se derrumbó, por su absurdo interno, en 1991.

¿Puede alguien con semejantes convicciones entregar las armas, renunciar de un día para otro a la fuerza e integrarse a un universo que se pretende regido por la ley, la discusión y la moral?

Aunque los jefes terroristas digan y prometan que, en la fase de “post conflicto”,  ellos serán los hombres y las mujeres más razonables, más pacíficos, encantadores, fraternales, solidarios y, sobre todo, los más “avanzados” en cuestiones de democracia, nadie les creerá ni la primera letra de su primera frase, si no hay arrepentimiento.

Como esa noción no fue invocaba en estos años de negociación en Cuba, los resultados son terribles. Las Farc están convencidas de que ellas no tienen nada que expiar, nada que explicar, nada de qué arrepentirse. No son culpables de nada. Los culpables son los otros. Bien azuzados por la dirigencia cubana, insisten en que se reconozca más bien la “responsabilidad principal que tiene el Estado en el conflicto colombiano”, y que se reconozca la “culpabilidad” de las empresas  y la “culpabilidad” del Gobierno de Estados Unidos, y hasta la de los “servicios de inteligencia británico  e israelí”.

Esa visión paranoica que traslada la culpa de las Farc al mundo entero, es la que acaba de presentar en La Habana, ante periodistas, Luis Alberto Albán, alias “Marco León Calarcá”, negociador del grupo terrorista. Ese individuo cerró aún más las puertas al exigir que una “comisión de la verdad” valide esa falsificación, ese esquema absurdo de las culpabilidades y decrete que aquí no hubo sino un “conflicto” entre partes iguales (eufemismo que ellos impulsan para impedir que se hable de las víctimas que las Farc han generado en 60 años de atrocidades).

Esa “comisión de la verdad” deberá imponer, dice Albán, la más grande mentira –la de la responsabilidad “principal” de las víctimas de lasFarc–, “antes de la firma de un eventual acuerdo final”.

El mensaje es claro: Timochenko no firmará ninguna paz. Cuando Santos afirma que se está muy cerca de la paz, miente.  Ellas firman la paz cuando el Estado, el gobierno y la sociedad, acepten el programa de Tirofijo. Prolongarán, eso sí, las “negociaciones” hasta donde puedan, para no perder las ventajas que Santos les ha otorgado. La aventura en La Habana les permitió poner en lugar seguro una parte de su dirección, reforzar su accionar criminal, paralizar en parte la fuerza pública, intoxicar la prensa y el país con amenazas y promesas. Sobre todo, les permitió crear módulos legales de impunidad, definir quién es o no víctima y lanzar “escenarios” que les evite pagar un peso a sus víctimas.

El más reciente exige crear un “fondo especial para la reparación integral de las víctimas”, por un monto “equivalente al 3% del PIB anual”, nada menos, con dineros, no de las Farc, sino de los impuestos que pagan los colombianos. Y, claro, buena parte de ese fondo irá a parar a las manos de las Farc pues ellas son las mayores víctimas del Estado. Sólo les falta pedir a los países “victimarios” (Estados Unidos, Gran Bretaña e Israel)  que también subsidien a la “víctima Farc”. Ante ese ramo de alucinaciones el gobierno y los negociadores de Santos siguen creyendo que la paz está a la vuelta de la esquina.

Otros artículos en Destacados de Otros Medios

Este es un espacio para que el lector comparta su opinión sobre el contenido del portal, que puede ser expresada en forma libre y sin restricciones siempre y cuando guarde el debido respeto a las ideas ajenas y no contenga expresiones despreciativas u ofensivas. La Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia (FCPPC) se reserva el derecho a borrar los comentarios que en su opinión contravengan esos principios y deja constancia de que NO respalda los comentarios de los lectores ni necesariamente se identifica con ellos.

Fundación Centro de Pensamiento Primero Colombia - Presidente Vitalicio: Álvaro Uribe Vélez
Carrera 7 Número 46-91 - Tel: 3107724587 - Bogotá D.C., Colombia - Atencion@pensamientocolombia.org

NOTA: El cumplimiento de las normas y estándares técnicos dictados y actualizados permanentemente por el "WORLD WIDE WEB CONSORTIUM - W3C", fundado y dirigido por Sir Tim Berners-Lee inventor del "Web", es indispensable para mantenerlo abierto y en óptimo funcionamiento. Insólita y lamentablemente, el 99.999% de las páginas web en el mundo están plagadas de errores de programación que degradan dramáticamente su velocidad y la operación global del "Web". Por esa razón, esta Fundación siempre ha hecho grandes esfuerzos por mantener un portal técnica y estéticamente ejemplar, con contenidos interesantes y libres de errores. De los más de MIL MILLONES (1.000'000.000) de portales, éste (FCPPC) se encuentra en el minúsculo y privilegiado 0.001% que cumple a cabalidad TODAS las especificaciones técnicas del W3C relacionadas abajo y que además logra una calificación mínima de 98/100 en TODAS las pruebas de desempeño de "Google PageSpeed". Compruébelo usted mismo haciendo clic sobre cualquiera de estos botones:

HTML5 Válido CSS3 Válido! RSS Válido Google PageSpeed