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Lunes 22 de Abril del 2019

Minga: una parábola de dilemas, choques culturales y delito

Autor(a): Pedro Aja Castaño  | 

Fecha: 14/04/2019

Exclusivo para FCPPC
 

Minga - Foto: elpais.com.co

No somos disparados a la existencia como una bala de fusil cuya trayectoria está absolutamente determinada. Es falso decir que lo que nos determina son las circunstancias. Al contrario, las circunstancias son el dilema ante el cual tenemos que decidirnos. Pero el que decide es nuestro carácter. José Ortega y Gasset

Para entender el trasfondo histórico del movimiento indígena del Cauca conozcamos sus antecedentes basados en el pensamiento de Quintín Lame que muchos podríamos entender como exigencias desmesuradas o diferencias culturales. Esa confusión genera toda suerte de especulaciones y dudas sobre las decisiones que se deben tomar sobre la minga.

1. La unificación de los Resguardos del Cauca y del país para constituir la “República Chiquita” al margen de los blancos, con un cacique general.

2. La defensa de las parcialidades indígenas y el rechazo a las leyes de extinción de los Resguardos.

3. La negativa a pagar ‘terraje’ y el rechazo a la servidumbre.

4. La afirmación de los cabildos como centros de autoridad autónoma de los indígenas y como base de organización.

5. La recuperación de las tierras usurpadas por los terratenientes desconociendo todos los títulos que no se basaran en Cédulas Reales.

6. La afirmación de los valores culturales indígenas y el rechazo de la discriminación racial y cultural en contra de los indígenas colombianos.

7. Representación especial de los indígenas en Consejos, Asambleas y Congreso “porque si los blancos ordenan que repartamos los Resguardos entonces habrá en el Congreso indígenas que ordenarán a los blancos también repartir lo suyo entre los terrajeros, pues Dios dio la tierra para que todos los hombres fueran dueños de un pedazo” (Quintín Lame, 1975). (Fuente: Semana “El movimiento indígena de Quintín Lame” 11/02/2012)

Por otra parte, las denominadas asociaciones delictivas organizadas se encuentran instauradas en todas las clases sociales, grupos o etnias. Sus objetivos se centran en el lucro económico establecido y reiterado en el tiempo, todo ello mediante numerosas conductas criminales; o el uso político del miedo que infunden para la cooptación del estado. Lo vemos en Venezuela y lo hemos visto y seguiremos viendo en Colombia, bien sea desde lo que se llama ‘crimen organizado’ nacional e internacional, la guerrilla o BACRIM, los atracadores de transmilenio, las asociaciones de robos y ventas de celulares, la trata de personas, la prostitución pre-pago, la toma de ciertos sectores del estado, etc. Por ese motivo el contubernio indecoroso entre política y crimen es imperdonable porque dificulta la comprensión de tipologías delictivas, la creación de perfiles concretos y, por consiguiente, la identificación de sujetos que presenten diferentes factores de riesgo que permitan indicar su relación con esas asociaciones delictivas. El peor criminal es el sociópata de cuello blanco camuflado en instancias directivas, privadas y estatales. ¿Qué haremos?

El riesgo delictivo que representan Iván Márquez, el Paisa, Santrich, el ELN, las disidencias, al igual que los corruptos de todos los pelambres en las instituciones del estado, es muy diferente al de un guerrillero raso, un carterista, ladrón de apartamentos, hacker, indígena, la minga, o humano multicolor que protesta, etc. Por ese motivo la criminología aborda la temática con la finalidad de ofrecer respuestas para resolver interrogantes acerca de las motivaciones de los sujetos para unirse a dichas asociaciones o actividades, permanecer en ellas, fingir que no están asociados o hacer parte de un movimiento político que delinque. Para nosotros es clara la diferencia entre un guerrillero raso y quien ordena un atentado o lo ejecuta con placer; el que lo defiende políticamente, lo divulga, lo financia; quienes lo acogen mediáticamente con sesgo y los que son objetivos; quienes cometen un delito de obstrucción mal llamado resistencia pasiva o civil. Todos ellos hacen parte de un entramado que ayuda a socializar el crimen con un ropaje político o legal. Pero… ¿Cuáles son sus motivaciones?

La orientación anterior dictada por la psicología criminal en su análisis de las psicopatologías del delincuente para encontrar su perfil dentro del derecho penal, quizá nos sirva para entender la manipulación política de quienes defienden las tesis de la lucha revolucionaria armada y sus métodos para situarlos definitivamente en el ámbito de la criminalidad monda y lironda. (¿Entenderán la JEP, los congresistas y el país esa realidad?)

De ahí que consideramos que un dilema político real, puede vivirse como un argumento de escenarios de criminalidad aparentemente contrarios o disyuntivos a un escenario político; y que al aceptar o negar cualquiera de esas situaciones queda demostrado una supuesta inocencia o culpabilidad de aquello que se quería probar o desmentir. Es decir, los diferentes tipos de delincuentes o criminales saben explotar el adagio que dice: “Juntos, pero no revueltos” para salirse cada quien con la suya y vender la idea de que son inocentes porque no conocemos las sutilezas de los diferentes perfiles criminales. Ejemplos al canto. El ejército descubrió un cristalizadero en un resguardo indígena cerca de Tumaco y el delincuente decía que no había delito porque él cuidaba lo que consideraba su ‘jurisdicción’ indígena. Se le brinda vitrina a la delincuencia, a nombre del derecho a la información, olvidándose del impacto social que causa la fama de los delincuentes para convertirlos en productos de admiración. Se establece el negocio de las narconovelas que influye en jóvenes sin criterio.

Para ilustrar lo anterior, me sucedió lo que narro. Enseñaba en un colegio prestigioso de estrato 10, admirando una exposición de fotos de carros y aviones. Se me acercó un joven de 15 años y me dijo: “Profe, cuando yo sea narco me voy a comprar un avión como ese”, y señaló uno de los más costosos jets privados de lujo. Solo le dije: “Los narcos acaban mal.” Se encogió de hombros. Me quedé sin habla. ¿Se discierne el daño social del mal ejemplo como un delito? Quizá no lo sea, pero sí existe una gran responsabilidad ética de los mayores para modelar bien para las jóvenes generaciones.

Podremos así entender que lo que con lógica, argumentos jurídicos y buenas intenciones se acuerda y firma, no es lo que va a suceder cuando la realidad criminal está de por medio; y esa discrepancia natural va a ser explotada políticamente. Porque una cosa es la semántica, estructura gramatical, contexto y cuerpo de ideas coherentes de un acuerdo político, y otra cosa es la realidad histórica y presente que es dinámica y cambiante; realidad que ese acuerdo pretende gobernar. Eso es exactamente el dilema con la realidad de la JEP, la Corte Constitucional, el Congreso y la minga indígena, que tomaremos como ejemplo.

Si consideramos que la minga (‘minka’ en quechua) es una antigua tradición de trabajo comunitario o colectivo con fines de utilidad social, ciertamente no es lo que vemos con la agresión, la fabricación de bombas que les explotan en la cara, el irrespeto al presidente, la posibilidad de que se atentara contra su vida, la obstrucción de carreteras, las amenazas de seguir saboteando el progreso con un próximo y anunciado paro nacional. ¿Por qué? Porque los antiguas quechuas hacían sus mingas con una actitud diferente: liderazgo, sentimiento de solidaridad común, compañerismo, trabajo en equipo, amor por el terruño. En Perú en donde esa tradición se ha mantenido de manera auténtica, ha servido de ejemplo para otros países.

Durante los dos gobiernos de Acción Popular con el presidente Fernando Belaúnde Terry (1963-1968 y 1980-1985) se creó la institución estatal Cooperación Popular, basada en latradición de la minka. Sus resultados en 10 años fueron espectaculares. Se logró realizar en el Perú, más infraestructura que en casi toda la época republicana de 1821 hasta 1963. Se construyeron cientos de kilómetros de carreteras, acueductos, obras comunales y municipales e infraestructura de todo tipo. Nuestro ejército ha entendido ese concepto y sus ingenieros militares abren carreteras para comunicar al país.

En 1964 el gobierno de la República de Corea del Sur, dados los resultados espectaculares logrados en el Perú, acreditó una misión de alto nivel ante el gobierno peruano para estudiar la metodología y organización de la institución peruana y su factibilidad de aplicación. Permanecieron algunos meses en el Perú cumpliendo su cometido, y a su regreso, aplicaron la versión moderna de la minka ancestral peruana a sus sistemas de producción, incluyendo la industria manufacturera. Los resultados obtenidos en Corea, son más espectaculares que los obtenidos en el Perú, debido a un enfoque de desarrollo distinto. ¿Cuál es el problema de la minga colombiana? Que sus ‘dueños’ no han sabido proyectar su verdadero valor y siguen cometiendo los mismos errores de sus ‘hermanos menores’ colombianos: izquierdismo a ultranza, politiquería, exigencias irreales, falta de asumir responsabilidades por sus errores, etc.

Así, las personas honestas, en la minga y fuera de ella, son las que tienen que afrontar las decisiones más difíciles que no son las que tienen que ver con lo que es correcto o incorrecto, sino las que involucran dos o más escenarios éticos, aparentemente correctos en su superficie, como puede ser la minga, pero que esconden procederes no éticos como son los infiltrados que niegan y pusieron en riesgo la vida del presidente.

Ahora bien, cuando el Presidente Duque al referirse al conflicto con los indígenas de la minga dice que los derechos y deberes deben estar en un equilibrio necesario, no es una lección más de cívica. Está apuntando al corazón de las dictaduras porque muchos se preguntan ¿Es la dictadura alguna vez justificable o las acciones de hecho como incendiar un bus? ¿Matar policías? ¿Qué pasa si la opresión o desaparición de un pueblo, clase, persona o partido conduce finalmente a la felicidad de otro? ¿Tenemos el derecho de llamar dictadura a una forma de gobierno no ético, si su función es beneficiosa para la cultura en la que opera? Esas son las preguntas que podemos hacernos, o con las que nos pueden manipular.

La ética de las dictaduras es que el fin justifica los medios porque ese fin busca la felicidad y beneficencia del proletariado; un ideal que atrae, pero es inalcanzable. Es la misma ética que hemos visto en la minga. La violencia, el atropello de los derechos de los otros se justifica con todas las carretas políticas. Por eso cuando la ‘felicidad colectivista’ no se ve alcanzable por el proceder de sus miembros, culpan a los otrosy buscan institucionalizar, medios más desesperados y menos éticos en su búsqueda de aprobación inútil. Desde luego que la aprobación de los necesitados se logra con engaños dialécticos y el veneno de la opresión descarada. (Leer la columna de Salud Hernández Mora “Y de los muertos ¿qué?) Por eso la revolución, o la minga desobediente, tiene que ser constante, una forma de vida elevada a un mentiroso nivel ético de heroísmo.

¿Cuáles fueron y son los dilemas éticos del Presidente Duque frente a la minga? Las protestas no violentas, también conocidas como desobediencia civil, han sido utilizadas por algunos de los líderes históricos más grandes de la historia: Gandhi, Martin Luther King Jr. y Nelson Mandela que guiaron a sus seguidores en protestas pacíficas que incluían marchas y sentadas. Creían que ese tipo de protesta les permitía la exposición pública para difundir sus ideas sin participar en ningún acto negativo, de odio o que causara perjuicio, pues eso solo reforzaría las opiniones negativas y haría que su verdadero mensaje fuera ignorado. Ese modo de pensar inspiró e inspira respeto en todo el mundo. Los ‘indignados’ europeos entendieron el mensaje y argumentaron. Los ‘chalecos amarillos’ arman un plebiscito de democracia participativa, pero destruyen. Sin embargo la minga destruye, atropella, después razona y cree que destruir es mejor que razonar. Por eso cuando la razón legítima y fundamental de la protesta se olvida gracias a los intereses de vándalos y terroristas, no tenemos duda en escoger de qué lado estamos.

Pero entonces nos cambian el dilema de lo real a lo imaginario, entre lo bueno que imaginamos que debe ocurrir, y que compartimos esperanzados, y lo que realmente ocurre. Cuando no ocurre lo bueno imaginado, nos embolatan con los argumentos de las justificaciones sociales; y se recicla el dilema entre la justificación y los motivos reales, haciéndonos olvidar el supuesto origen legítimo de la protesta. Finalmente, mediante una dialéctica perversa es evidente que el ‘diálogo político’ se convierte en un distractor, una trampa para incautos. ¿Pero quién tiene el registro y la paciencia de reconstruir el proceso del engaño? Y porque creemos que el objetivo original de la solución de cualquier dilema político es resolverlo en favor del bien común, llegamos a un ‘acuerdo’ por cansancio deseando creer que ese acuerdo resuelve el problema hasta cuando le toca pasar el test de la realidad. Más adelante aprendemos que la realidad no puede ser sustituida por el deseo. ¿Cómo manejará el presidente de turno los resultados de ese desaguisado? No podrá, porque es un resultado forjado en la estupidez y la trampa. Ese es el juego político de la minga; cualquier resultado, positivo o negativo, porque tiene una intención política, lejos de la sustancia real del bien común, obrará en su favor, aparentemente; porque olvidan la ‘parábola’ de ciertos puentes y edificios colombianos: si están mal construidos, se derrumban y que ‘el otro’ pague. Punto.

¿Cómo es la manipulación? Si bien las creencias y el mensaje de la gran mayoría de los manifestantes de la minga bien podrían ser legítimos, y moralmente sólidos porque involucran las necesidades sociales y los derechos humanos, eso se ignora cuándo se cruza la línea de la moral y la ética mediante la violencia, el engaño o la amenaza. Pero la mayoría de los manifestantes ‘inocentes’ que están operando y actuando teniendo en cuenta el beneficio general de su comunidad, no se responsabilizan por los ‘infiltrados’ que actúan en un nivel de interés personal, partidista, para hacer lo que les provoca para su propio disfrute o beneficio. Obviamente esa pendejadita de infiltración no es un delito, pero jode. Por lo que crean un dilema que ellos no resuelven, sino que trasladan a la sociedad que los acusa. Ellos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario. Es decir, nos engañan mediante el uso tramposo del derecho a la presunción de inocencia, como cualquier niño. Mi nietecito de tres años se tapa los oídos cuando la profesora le llama la atención. Así es cierta clase política: infantil en la evasión de responsabilidades.

Por otra parte, los antropólogos considerarían lo anterior como un choque de incomprensión cultural. Veamos: (Nuestra percepción cultural de los indígenas) Yo no camino 200 metros para hablar con el Presidente porque él tiene que venir a la minga que es nuestra autoridad. Pero consideramos que el presidente habría sido un gran bobo de arriesgar un tiro en la cabeza por honrar un capricho, cuando había sido advertido del posible atentado. ¿Diferencia cultural o delito posible?

Ahora bien, si queremos explorar seriamente la cultura de los indígenas caucanos, y ellos entender la de los diferentes regiones colombianas o países, hagámonos en conjunto las siguientes preguntas fundamentales que llegan al fondo de cualquier sistema perceptual de valores culturales. Ese ejercicio se llama ‘comunicación transcultural.’ Cuando se ignora se generan conflictos. Los antropólogos Clyde y Florence Kluckhohn y Frederick Strodbeck descubrieron las preguntas que siguen. El rango de posibilidades de cada orientación puede abrirnos ‘percepciones culturales’ sin juzgarlas como mejores o peores que las nuestras. Pero usted comprenderá cómo se puede envenenar y cambiar esa percepción objetiva cuando se le inyecta la política marxista del odio de clases. Y podrá entender por qué ciertos grupos son más permeables que otros a la carreta comunista. Veamos las preguntas de los antropólogos en mayúsculas con sus respectivas respuestas. Mis observaciones van en paréntesis.

1. ¿CÓMO ES LA NATURALEZA HUMANA INNATA? Posibles respuestas: Generalmente el ser humano NO es digno de confianza (latinoamericano andino); ciertos seres sí, otros no; (costeños, etnia guajira) básicamente el ser humano es digno de confianza. (Norteamericanos) (¿Qué le dice a usted, culturalmente, cuando puertas y ventanas de un barrio están llenas de rejas y candados? En Colombia eso significa desconfianza de la comunidad. Cuando usted puede encontrar la llave de la casa del vecino debajo de una matera, eso significa confianzaen EE UU. Aplíquele el concepto confianza/ desconfianza a las instituciones, gobiernos, partidos y sistemas jurídicos de los diferentes países. Ejemplos: arresto preventivo sin juicio ni delito probado que significa presunción de culpabilidad; es decir, el ser humano no es confiable vs. La presunción de inocencia que quiere decir, el ser humano es confiable. Por eso a los gringos los creemos bobos, porque confían, pero de bobos nada tienen. Y nosotros nos creemos más listos porque desconfiamos del ser humano, al igual que los indígenas de la minga. Pero confianza / desconfianza nada tiene que ver con la inteligencia; es una presunción cultural desarrollada por diferentes factores históricos. El rasgo cultural norteamericano se refleja en el lema del dólar: “In God we trust.” (En Dios confiamos.)

2. ¿CUÁL ES LA RELACIÓN ENTRE EL HOMBRE Y LA NATURALEZA? Posibles respuestas: Generalmente el ser humano está subyugado al destino (árabes, latinoamericano andino) y la naturaleza (pueblos naturales); debe vivir en armonía con la naturaleza (grupos ecologistas y pueblos naturales); debe dominar el destino y la naturaleza (norteamericanos y europeos).(Por eso el problema de Hidroituango los indígenas se lo achacan al castigo de la naturaleza y nosotros a la ineficiencia de los proyectos; así la ‘verdad’ del asunto queda permeada por el trasfondo cultural de esa percepción. ¿Qué decisiones se toman? Obstrucción del proyecto por las personas de la región; corrección de los ingenieros. ¿Quién o cómo se resuelve el desencuentro? Quintín Lame decía que había que desobedecer las leyes que fueran contra la tierra. ¿Cómo quedaría la propiedad privada? Nosotros decimos que hay que dialogar y entender.)

3. ¿CUÁL ES LA ORIENTACIÓN HACIA EL TIEMPO? Posibles respuestas: La vida debe orientarse hacia el pasado las tradiciones, la historia. (latinoamericano andino, japoneses, las etnias colombianas) La vida debe orientarse hacia el presente; el aquí y el ahora (las culturas caribeñas). La vida debe orientarse hacia el futuro, las metas. (Norteamericanos, europeos) (Mientras Gaviria decía: “Bienvenidos al futuro” Colombia siguió en su tradicional modo de producción. Resultado: empresas quebradas con la apertura. Y la cosa sigue igual. El reclamo de tierras de la minga y la guerrilla campesina resulta de la orientación hacia el pasado; pero la productividad real de la tierra, como ocurre en Europa –que no tiene tierra- y EE UU tiene que ver con la tecnología para afrontar el posible desabastecimiento del futuro.)

4. ¿CUÁL ES LA ORIENTACIÓN HACIA LA ACTIVIDAD HUMANA? Lo importante es lo que eres. Ser. (Guajiros, caribeños, árabes, japoneses, españoles. ¿No sabe usted quién soy yo?) Lo importante es cómo creces y te desarrollas. Crecer. (Grupos profesionales. ¿De qué universidad eres graduado?) Lo importante es lo que logras. Hacer. (Japoneses, norteamericanos, surcoreanos, ¿Qué cambios positivos ha logrado usted realizar para las empresas en las que ha trabajado?)

5. ¿CUÁL ES EL MODO DE LA RELACIÓN INTERPERSONAL? Debemos relacionarnos jerárquicamente con estructuras autoritarias (Árabes). Debemos relacionarnos con autoridad colateral y grupal. (Guajiros, minga) Las relaciones deben basarse en los derechos individuales, colectivos y el imperio de la ley. (Norteamericanos, europeos, costeños. El que el presidente tuviera que acudir a la minga es una creencia de sometimiento ante la autoridad colateral y grupal. El que no cediera se basa en lo que le dice la ley como presidente. Él es el presidente de una nación; no el súbdito de la minga. Ciertas personas hablan de una cuestión de honor. No lo es. Es un desencuentro cultural y una ignorancia de la ley.)

Ahora bien, cuando se cruzan las líneas culturales entre nuestra cultura que consideramos ‘mejor’ y la de los otros, ofendemos sin saber por qué, por lo que juzgamos. Y los indígenas hacen lo mismo, ofendiéndonos. Los indígenas no querían negociar con la ministra porque en su cultura la mujer está bajo la autoridad masculina. Como no entendemos esa percepción cultural la juzgamos y llamamos machismo, y ellos creen estar en ‘su verdad’. Si se cruza la línea del respeto al derecho de los otros, la fuerza pública debe actuar. ¿Pero qué hace la sociedad cuando se cruza la línea de la honestidad en la protesta política? ¿Cómo debe actuar? No lo hace porque no sabe discernir y denunciar el engaño como delito, a pesar de lo que nos dice Mauricio Vargas en su columna ‘La minga tramposa’ (El Tiempo 04/07/19): “José Pete, portavoz de las protestas indígenas del Cauca –la minga que lleva casi un mes de bloqueo de la carretera Panamericana–, dijo este jueves que si la Fuerza Pública interviene para desalojar la vía, se producirá “la peor masacre de Colombia”. No es una alerta: es una amenaza, es lo que buscan muchos de los grupos delincuenciales ocultos tras la protesta.”

Cualquiera entiende, en nuestra cultura, que si legítimamente se trata de restablecer un derecho y el violador de ese derecho no cede en sus pretensiones, se tendrá que utilizar la fuerza proporcional. Los indígenas creen que sus derechos sobre la tierra se basan en un legado cultural o religioso; en Israel sucede lo mismo. El enfrentamiento violento es el resultado de ‘dos incomprensiones’ y nadie puede garantizar la ‘proporcionalidad’ de la fuerza cuando la vida está amenazada, por lo que muchos le pedían a Duque que la utilizara. Pero un estadista sabe ponerse en los zapatos de sus gobernados; y policías, soldados y mingueros lo son. (El uso de la mayor o menor capacidad empática en beneficio de los otros es el derecho individual del presidente para tomar decisiones; pero el imperio de la ley lo obliga a actuar en defensa de los derechos de los ciudadanos. Dilema presidencial.)

La amenaza de la que habla Mauricio Vargas en la columna mencionada, es la inmersión de la sociedad en el choque permanente de dilemas que la puede paralizar. Durante una protesta política o escenario de guerra, soldados, policías y la sociedad enfrentan dilemas éticos extremadamente difíciles, ya que deben tomar decisiones sobre cómo seguir las leyes de la guerra, sus reglas de combate, mientras se protegen y cumplen sus misiones. Por otro lado la sociedad es manipulada con la ignorancia del entretejido jurídico de leyes, responsabilidades y deberes de unos y otros. Las teorías de la guerra justa y la ética militar generalmente describen los dilemas de los soldados o policías como desafíos éticos que pueden superar usando el proceso de razonamiento ético correcto; pero esa es una habilidad aprendida en los estrados judiciales que tanto los soldados y policías como la sociedad desconocen.

Por otra parte, los dilemas éticos aparentes a los que se enfrentan son en realidad éticamente insolubles cuando no tienen suficiente conocimiento de una situación o control sobre ella para aplicar un procedimiento de decisión ética, como sí se puede argumentar con los instrumentos de un escenario judicial que manejan los especialistas. En estas situaciones, los soldados, policías y la sociedad deben adivinar el curso de acción correcta y dejar el resultado a la suerte. Ese vacío de conocimiento es el que explota la subversión. Así nos han estado manipulando en el cacareado ‘conflicto armado’ que no es tal. Ejemplos.

1. Escenario ÉTICO insoluble para un militar. Alguien dispara desde una multitud contra el presidente. ¿Debe responder en defensa propia y arriesgar la vida de inocentes? No, dice el manual; tiene que ofrecerse como escudo humano para protegerlo. Es entendible porque ha sido advertido de esa eventualidad. Pero… ¿Es correcto verse obligado a ofrecer la vida en defensa de los otros? No. Porque el sacrificio del héroe es voluntario, no impuesto, ni un acuerdo pragmático debido a un empleo. Ese es su valor ético, el de ser totalmente libre. Por el contrario, el dilema del escudo humano que frecuentemente utilizan los terroristas, no se resuelve mediante el derecho o la argumentación filosófica, sino con un experto francotirador desde una posición privilegiada que no existe en la realidad. Solo ocurre en las películas. Es por lo tanto el chantaje moral contra la sociedad porque esos escenarios de guerra se mezclan de manera descarada en la argumentación pública y política.

2. Escenario ÉTICO aparentemente insoluble para un civil. Usted ha oído que la tortura no tiene justificación. Y se pone de ejemplo el abuso de Abu Ghraib de parte del soldado. ¿Pero qué haría usted si la tortura es el único medio para obtener información sobre la explosión de una bomba atómica casera (dirty bomb) en Manhattan? El profesor Michael Ignatieff resuelve el dilema diciendo que sí se puede torturar siempre y cuando haya un control de tiempo, modo, lugar y responsabilidad frente a un ente superior. (Fuente: EL MAL MENOR , Ética política en una era de terror) Pero ese argumento especializado lo desconoce la sociedad por lo que se le manipula.

3. Escenario MORAL para el que da órdenes. ¿Recuerda el que da la orden que los que están bajo su mando son seres morales dignos de respeto y que nunca debe ordenarles nada que sea inmoral?¿Se siente responsable de lo que ordena y cómo se llevan a cabo sus órdenes? Si el que ordena no está dispuesto a torturar ¿por qué lo ordena?

La amenaza y manipulación de José Pete, líder de la minga, consiste en explotar el sentimiento irresistible de no tener piedad contra un agresor a mansalva para llevarnos al extremo de responder de una forma que nos haga iguales al atacante terrorista. Por eso utiliza la palabra ‘masacre’ y no enfrentamiento. Pero, seguramente, él no estará allí.

El reto político del Presidente Duque fue y es ganar la guerra contra el terror, en todas sus formas, sin perder su talante democrático; pero él en su fuero interno sabe que muchas veces los asuntos contra el terrorismo se resuelven asumiendo responsablemente un mal menor frente a una minga o una subversión que fue y será una trampa permanente, según lo revela Mauricio Vargas; o lo promete Petro con su estrategia de protesta social engañosa y manipuladora organizada para el largo aliento. ¿Con qué plata?

Por lo pronto les hago estas preguntas a los líderes de la minga. ¿Cómo se resuelve el odio ancestral y natural de los nativos americanos contra el blanco latinoamericano y europeo? Es lo que explota políticamente López Obrador en Méjico y los supuestos del movimiento de Quintín Lame. Pregunta para el presidente: ¿Cómo puede el Presidente Duque manejar los diferentes escenarios culturales colombianos si, por ejemplo, Bogotá es una mezcla de orientación hacia el pasado, presente y futuro; los costeños viven en el presente: la pachanga; los pueblos naturales del campo y la selva están inmersos en sus tradiciones y costumbres? Con esas consideraciones, nadie es mejor o peor que el otro; somos diferentes. Por lo que pregunto a los absolutistas de la legalidad y la conveniencia de partido: ¿Tendrán como guía política el abstracto imperio de la ley o la conveniencia concreta de las personas basadas en sus tradiciones culturales? Ambas decisiones tienen consecuencias. ¿Las asumirán?

Para terminar digo: los adjetivos que utilizamos para criticar los valores, las creencias y las suposiciones culturales de otras personas, probablemente son peores que los vocablos o conceptos que ellos utilizan para describir los nuestros. Por eso nuestros abuelos, que eran expertos en comunicación transcultural decían: "A la tierra que fueres, haz lo que vieres.”

Con todo lo anterior ¿Cuál es el desencuentro cultural, que no político, del Presidente Duque con algunos grupos del país? Que él se formó en una cultura de futuro, que cree en el ser humano, la planeación, la tecnología, que cree en el dominio del destino, la naturaleza y el impero de la ley; pero tiene que lidiar con un grupo social que desconfía del ser humano, arraigado en las tradiciones y trampas políticas, que se creen más que los otros y les GUSTA la polarización. Por eso renunció al ‘espejo retrovisor’ una parábola de apego al pasado. De ahí que no lo entiendan muchos de sus ‘amigos’ y se engolosinan los enemigos. Eso es lo que Plinio Apuleyo Mendoza describe en su columna “Tolerante, pero firme.” ¿Comprendemos la vaina cultural dentro de la política?

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