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Sábado 23 de Junio del 2018

Salomón y la canciller Holguín

Publicado en:

El Mundo  | 

Autor(a): Sergio De La Torre  |

Fecha: 21/09/2014

 

Nunca imaginé que nuestra Cancillería pudiera llegar a tal nivel de postración como el exhibido frente a Maduro con ocasión de la entrega de los dos jóvenes venezolanos a sus esbirros. Faena cumplida en flagrante violación de las normas internacionales, pues se trataba de refugiados que por serlo tienen derecho, aquí o en Cafarnaum, a recibir tratamiento de tales, ya que en su tierra lo que molesta al régimen no son delitos corrientes (que, por lo demás, no se sabe si los han cometido) sino opiniones políticas. Son réprobos, o contestatarios, a quienes una rediviva inquisición medioeval quiere castigar para escarmiento de la creciente herejía que cunde allí contra la novísima iglesia chavista hoy dominante, coludida con el Estado. Aún en el supuesto de que fueran ellos delincuentes políticos, perturbadores del orden y la tranquilidad ciudadana, tal como la entiende la dictadura, mal podrían ser tachados de subversivos, y menos de terroristas, que es el mote al uso para justificar la mordaza o el exterminio de la oposición.

En Venezuela terrorista no es solo el que acude a la pólvora y el sabotaje (que allá no se da, pues la oposición, cuando mucho, protesta en las calles sin apelar a la violencia, pero estorba tanto a los tiranos, que no dudan en masacrarla si en algo se desmanda) sino que terrorista es todo aquel que discrepe. El ejemplo de la “primavera árabe” asusta mucho a la cobarde camarilla que sucedió al extinguido coronel Chávez. Tan diferente a Maduro, por cierto. Al paradojal Maduro, de larga, inabarcable contextura, pero tan cortas luces.

Dicha nación hoy experimenta, aunque invertido, el mismo macartismo del paranoico senador gringo que, despuntando la Guerra Fría a mediados del siglo pasado, le prestara su apellido. Y por cuenta de quien (que no veía sino comunistas a su alrededor) cayeron tantos inocentes, terminaron tras las rejas o fueron pasados por la silla eléctrica, como los esposos Rosemberg, a quienes la justicia, arrepentida, les reconoció luego su total inocencia. Simplemente eran liberales, y por añadidura judíos. El macartismo fue una verdadera plaga, alimentada desde el Senado, como desde la Cámara de diputados venezolana la alienta hoy un sórdido chafarote llamado Diosdado, de brazo con el Presidente y los altos tribunales. Solo que allá, repito, a los díscolos o sospechosos de serlo no se les tacha de comunistas sino de fascistas. Lo cual, por paradójico o irónico que suene, en la práctica resulta ser lo mismo, si lo que miramos es la vocación totalitaria latente en el Príncipe y sus áulicos, vale decir la proclividad natural, e inocultable a la larga, de imponerse por el miedo, o sea mediante la brutalidad policial o judicial.

A ese monstruo le entregamos, inermes y maniatados, dos jóvenes que no merecían la suerte que de seguro ya están corriendo: confinamiento indefinido en una mazmorra, tortura y acaso la muerte. ¡Qué ignominioso espectáculo le brinda al mundo un país democrático como el nuestro¡ Apostaría a que ruindad semejante no la cometerían los países aliados de Venezuela, ni aún los más afines, dígase Ecuador o Nicaragua. ¿Cuándo podrá Colombia resarcirle ese golpe al pueblo hermano?, que si en estas horas aciagas no espera de nuestro gobierno obligantes gestos de repudio hacia los excesos del suyo, o solidaridad con su tragedia, podría esperar, al menos, a que desde aquí no se cohonesten ni faciliten los atropellos que abundan allá contra la libertad.

En aras del diálogo habanero (que muchos apoyamos y ya no va a romperse) no hay para qué aflojar tanto, señora Canciller. Si el calculado apoyo del vecino a tales tratativas va a salir tan caro que, mancillando nuestra dignidad, hemos de ceder a exigencias impresentables y tolerar los continuos exabruptos de una satrapía que tambalea, para que ella no indisponga a la comandancia guerrillera, pues que se nos diga, para saber desde ya el precio que ha de pagarse por la anhelada paz. No olvidemos que al bochornoso episodio en cuestión lo anteceden otros igualmente hirientes y lesivos, que no merecieron el oportuno y condigno reclamo de la parte afectada, que siempre es Colombia. Me refiero a la clausura del canal televisivo NTN y al cierre de la frontera so pretexto del contrabando. Son temas aparte, pero aluden a la misma actitud condescendiente de nuestra canciller. ¿Muy sabia y reflexiva ella?

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