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Miércoles 18 de Septiembre del 2019

¿Y ahora?

Publicado en:

El Espectador  | 

Autor(a): Francisco Gutiérrez Sanín  |

Fecha: 04/09/2015

 

Gina Parody, ministra de educación - Foto: lapatria.com

La izquierda apoyó al presidente en su manejo de la crisis con Venezuela. La derecha también. Esto, que podría ser malísimo en otra coyuntura, es una buena noticia: los grandes partidos muestran capacidad de auto-restricción en situaciones de emergencia. ¿Pero qué viene ahora?

La actividad informativa sobre nuestra crisis fronteriza ha preferido ignorar un hecho simple: nos enfrentamos al que hoy quizás sea el problema global por excelencia, el de los grandes flujos migratorios. La actual crisis europea, los exabruptos de Trump, los motines de Sudáfrica, las descabelladas declaraciones del señor Diosdado, tienen sus especificidades pero a la vez están ligados por un hilo conductor común: las dificultades políticas, y de política, para dar una respuesta mínimamente civilizada y democrática a esa gigantesca realidad demográfica que salta por encima de barreras y fronteras sin inmutarse. Y es ante aquella realidad que se han ido construyendo las políticas, los liderazgos y los discursos chauvinistas de todo el mundo.

Esta problemática global nos coge terriblemente mal parados. Colombia se volvió desde hace décadas un país de emigrantes: millones de nuestros compatriotas se fueron a Venezuela, España, Estados Unidos, Ecuador y otros destinos, por la violencia, las penurias y la falta de oportunidades. Este es nuestro talón de Aquiles. El discurso oficial venezolano, por inoportuno y desapacible que sea, tiene razón en ese solo punto: estos millones de colombianos no salieron corriendo del país por casualidad.

Y ahora podrían querer volver. Desde la atribulada España. Desde Venezuela, donde los están echando a patadas, de una manera atrabiliaria y con los pretextos más grotescos (tachándolos colectivamente de paramilitares, obviamente sin ofrecer una sola prueba seria). Y así sucesivamente. ¿Cómo reaccionará el Estado colombiano? Una cosa es declarar amablemente “bienvenidos a casa”, al calor de la angustia que causa el sufrimiento de los compatriotas. Otra cosa es medir las implicaciones de lo que esto significa. Vi por la televisión con un poco de ansiedad que un señor de una importante agencia declaraba muy convencido que les iba a ofrecer paquetes de proyecticos productivos a los deportados. Perdón, pero si esa es la política social frente a los miles de colombianos que están retornando con una mano adelante y otra atrás, después de haber perdido vivienda y enseres y haber dejado del otro lado a la familia, entonces se trata de una mala broma. No quiero ni pensar qué pueda pasar cuando ese flujo suba a un orden de magnitud, a las decenas (¿o quizás a los cientos?) de miles.

En la sociología histórica de los Estados, son precisamente estos los desafíos que obligan a escalar sus capacidades infraestructurales y de incorporación social. Y quien no está a la altura sufre un deterioro irreparable o incluso termina destruido. Si tiene algo de terrible y patético que se rasguen las vestiduras y exhiban su capacidad de conmoverse estas gentes y estos noticieros que callaron como bacalaos cuando éxodos mucho más terribles que el actual estaban siendo generados por nosotros precisamente en la región que hoy pasa a primer plano, la experiencia deja una lección fundamental. En la nueva América Latina, mucho más autónoma y con una pax americana debilitada, la modalidad de gobierno apoyada en provisión privada de seguridad y presencia indirecta del Estado a través de élites regionales y locales altamente criminalizadas genera vulnerabilidades prohibitivas. A partir de esto las preguntas inmediatas son fáciles de encontrar: ¿cuál será nuestra política de fronteras? ¿cómo se va a incorporar socialmente a estos compatriotas que regresan después de que sus trayectorias vitales fueron destruidas de un plumazo? ¿Hay algún plan para transformar las autoridades locales en la región, varias de las cuales siguen en manos de hampones?

Totalmente de acuerdo: pongamos el grito en el cielo. ¿Pero después qué? Si esta crisis se piensa en pequeño el resultado será calamitoso.

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