¿A qué se va a cuba?

¿A qué se va a cuba?

Esa pregunta puede causar sorpresa, pero resulta pertinente hacerla, ya que existen serias dudas acerca del marco en el que el Gobierno va a adelantar el proceso con las Farc.

Todo parecía claro en cuanto al esquema, hasta cuando se llegó a Oslo y ‘Márquez’ le puso una bomba, con su intervención, a lo que había dicho la delegación oficial.

Con posterioridad, se han conocido al menos dos comunicados de la organización terrorista cuyo efecto, en lugar de aclarar, ha sido el de colocar más signos de interrogación a lo que sucederá en La Habana.

A nadie se le escapan las inmensas dificultades que tiene alcanzar la paz mediante un empeño de naturaleza política y las incertidumbres que el intento genera. Pero debe haber, al menos, cierta claridad sobre los aspectos centrales del escenario en el que se va a dialogar. Y, hoy, eso no existe.

Veamos: el Gobierno se va a sentar en una mesa de conversaciones para poner fin al conflicto, en tanto que las Farc lo harán en una mesa de diálogo para la paz.

El primero busca que se dejen las armas y los terroristas de antaño se conviertan en políticos que luchen democráticamente por sus ideas. Los herederos de ‘Tirofijo’ pretenden superar todas las causas económicas, sociales y políticas que, según ellos, justifican la guerra, como condición previa a la pacificación.

Por otra parte, los delegados del presidente Santos discutirán acerca de cinco puntos, al tiempo que el equipo encabezado por ‘Márquez’ hablará de una agenda breve, pero profunda, que debe ser interpretada integralmente a la luz de un prólogo vinculante, como lo han dicho con aires de juristas.

De la Calle tiene el encargo de hacer una negociación rápida cuyos avances se medirán en meses, no en años.

Su contraparte, por el contrario, afirma que no se le pueden poner plazos fatales a los diálogos.

La delegación gubernamental buscará que predomine la confidencialidad, habida cuenta de que la teoría y la práctica enseñan que actuar así es lo conveniente.

Para las Farc, ese comportamiento ya se agotó con la etapa exploratoria y ahora viene el momento de la participación de todos. Según el criterio de la delegación oficial, en La Habana se inicia la segunda etapa del proceso, a la que una vez cumplida vendrá la de implementación integral de los acuerdos.

A los ojos de los negociadores de las Farc, el proceso no se puede someter a esquemas tecnocráticos que lo descuarticen en fases simplistas.

En fin, el Gobierno va en la búsqueda de que se silencien los fusiles y las Farc lo hacen en procura de cambiarlo todo, a su gusto, claro.

Si se van a sentar, pues, en una mesa en la que los objetivos son distintos, a hablar de una agenda que cada uno de los interlocutores ve de manera diferente, en condiciones que no coinciden, ¿a qué se va a Cuba?

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