El camino del Uribismo

El camino del Uribismo

Las ideas que transformaron este país no pueden seguir sirviendo para elegir a quienes gobiernan y legislan contra ellas

 

El Congreso de la República es un órgano disfuncional de nuestra democracia, ya que allí no se expresan con claridad las corrientes de ideología política. 

 
Esta falla se debe a que está dominado por jefes de feudos electorales que en su mayoría no tienen un pensamiento político que guíe su conducta, aunque sean capaces de articular uno frente al electorado de acuerdo con las circunstancias.

 
Su motivación es la acumulación de poder del cual se deriva reconocimiento y mucho dinero, y es en esos términos que plantean su relación con el ejecutivo y su actividad legislativa. 

El dinero que lubrica sus maquinarias siempre viene de los presupuestos públicos, erigiendo de esa manera unas barreras de entrada enormes para quienes intentan hacer la política de manera diferente.

  
Hay que reconocer que muchos de ellos tienen unas organizaciones muy eficientes para suplir las necesidades apremiantes de sus electores más pobres; drogas, sepelios, transporte y todo tipo de auxilios de emergencia mediante los cuales terminan haciendo obras socialmente encomiables.

 

Los presidentes predilectos de estos señores feudales de la política son aquellos débiles y sin ascendencia popular, y execran aquellos con opinión y gran arraigo en la población. 

No es coincidencia que su modelo de presidente haya sido Samper, la satisfacción de sus voraces apetitos corre pareja con la dependencia que de ellos tenga el presidente; si no es por ellos Samper se hubiera caído. 

Tampoco lo es que se sintieran incómodos con Álvaro Uribe; el liderazgo del presidente Uribe fue lo suficientemente poderoso atravesar transversalmente toda la sociedad, incluyendo sus feudos, lo cual les redujo su poder de negociación con el ejecutivo en el ejercicio de su labor legislativa y los hizo sentir inseguros en sus pequeños reinos, pues su clientela había establecido un vínculo de índole diferente y más fuerte con un líder superior. 

 
Eso explica el trasbordo ideológico de casi todos los congresistas de la U y la vehemencia con que defienden hoy al presidente Santos.

 
En vista de la transformación que vivió Colombia durante el primer gobierno de Uribe, varios congresistas decidieron aglutinar sus feudos bajo un paraguas que los identificara con esa ideología y esas políticas públicas. 

Pero además, necesitaban una identidad directa con su artífice, por eso al partido lo llamaron de la U, o sea de Uribe. Por primera vez el clientelismo necesitaba un cuerpo de doctrina ajeno del cual apropiarse para garantizar el éxito electoral. Lo que no imaginaron es que en este gobierno se verían avocados a decidir entre esas ideas de las cuales se habían apropiado y los halagos del presidente que imponía las tesis opuestas. Escogieron lo último, y con ello hirieron de muerte a un partido que en sus bases hizo la escogencia contraria.

Hoy el presidente Uribe tiene la oportunidad y el deber histórico de renovar el congreso de la república y restaurarlo como una verdadera rama del poder público. 

 
Las ideas que transformaron este país no pueden seguir sirviendo para elegir a quienes gobiernan y legislan contra ellas. Estoy seguro que el presidente acudirá a esa cita con la historia y fundara un nuevo partido incluyente de centro democrático que presente a consideración de los colombianos una lista al senado encabezada por él y unas listas a cámara compuestas por ciudadanos verdaderamente comprometidos con sus ideas y de los que no haya ni la menor duda de su comportamiento ejemplar. 

 
El fervor que despertará esta campaña renovadora asegurará el control de la mitad del congreso y apalancara el triunfo del candidato a la presidencia. Logrado esto, habremos dado un salto cuántico en nuestra democracia, quedaremos a la par de democracias como la de Estados Unidos, o la española, donde los partidos representados en el congreso están guiados por una doctrina ideológica, a la cual esta también subordinado el presidente de la república. No hacerlo, nos expondría a graves peligros, pues los padres de la patria de hoy, no tendrían inconveniente en mudar su piel ideológica de nuevo, para recibir mañana los halagos de los petrodólares chavistas.

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