La paz y la mentira

La paz y la mentira

No puede haber paz en medio de tanta mentira, es una locura y una completa farsa decir que los terroristas quieren la paz, mientras los colombianos son masacrados, y un presidente Santos que ante la aparente bondad de su corazón, oculta la traición de sus palabras. Una cosa es contar los actos crueles dementes que cometen estos desalmados en contra de la población, y otra es sentirla en carne propia.

 

Gracián escribía, que “lo sabio es eterno; si un tiempo no es su tiempo, otros tiempos lo serán”. Donde hay poca justicia, es un gran peligro tener la razón. La gran mayoría  de los caqueteños creíamos que este sería el tiempo de la continuación de la política de Seguridad Democrática y redención moral, institucional y ética de Colombia, pero nos equivocamos por la burla, prepotencia, indolencia, la entrega del país y la  impunidad para finiquitar estas rudezas.

 

Hemos de proceder de tal manera que no nos sonrojemos, como le ocurre a los parlamentarios caqueteños, para quienes no ha sido irracional, el levantar la mano para aprobar a manos llenas y sin ningún reparo, los proyectos presentados por el gobierno,  y así disfrutar de la mermelada, de los abusos e indelicadezas llevadas a cabo por los prepotentes y sabedores de todo, que en verdad no sé de dónde les viene la honorabilidad, con las sabidas siempre excepciones, aunque en este caso, muy pocas por cierto.

Si, el tártaro está bueno para aquellos políticos que se las dan de “honorables” que aprueban todo lo que le viene en gana al ejecutivo, quien se burla de ellos impunemente,  con descaro, desfachatez y prepotencia, que raya con lo increíble, con comisiones de paz de Senado y Cámara, engañando al recoger las inquietudes de la comunicad caqueteña respecto al proceso de diálogos entre el gobierno y las Farc; cuando eso era lo que debían haber hecho antes de presentar la comedia “cursi” de Oslo y ahora en la Habana, manejada por esa camarilla de farsantes, porque hubiese sido más promisorio si el esfuerzo para las conversaciones de paz correspondiera a una planificación real, acompañada de los resultados de un plebiscito nacional ceñida a mejores prácticas y orientación en forma recta por el jefe del estado.

 

Si las conversaciones son secretas, es porque quieren esconder el veneno, entonces, es dañino para el país; la verdad no tiene ningún secreto, la negociación debe hacerse por encima, y no por debajo de la mesa, porque esto podría convertirse en un estado de anemia, ante la terrible condición de la sociedad caracterizada por la ruptura o ausencia de normas y valores que los rija y mantenga unidos; pero desafortunadamente con igual o peor desparpajo, con titulares que mueven a risa con mermelada, estos “honorables de unidad nacional”, se destapan diciendo, que ya está claro, que hay que hacerlo mientras perduren estas entelequias privilegiadas que gozan de las bondades del Estado, creados por el Ejecutivo para su provecho personal, buscando la reelección.

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