Llegó la quiebra

Llegó la quiebra

Lo dijimos inútilmente durante años. Lo que está pasando con el café y los cafeteros, con el banano y los bananeros, con las flores y los floricultores, con la industria y los industriales, tenía que llegar. Y llegó. El Banco de la República los quebró a todos. En otras palabras que valen lo mismo, quebró al país.

 

Empecemos recordando que hace 10 años un dólar de los Estados Unidos costaba dos mil ochocientos pesos. Hoy vale un mil ochocientos. Ese prodigio fue lo que hizo el Banco de la República, entre los aplausos de la audiencia interesada. Porque aquí sí cuenta decir que la desgracia de la gran mayoría ha sido la felicidad de otros.

 

Si el dólar vale menos, el que deba dólares los paga con menos pesos. Es decir, que gana con la revaluación. El que compra cosas en el exterior, las paga más baratas. El que ha comprado apartamentos en los Estados Unidos, en París o Londres, los ha comprado más baratos. El que viaja por el mundo, viene contando maravillas de lo accesibles que le parecieron los restaurantes de los Campos Elíseos y de la Quinta Avenida, y lo cómodas que están las carteras Gucci y las camisas inglesas. Es un mundo de fantasía.

 

No para todos, por supuesto. Las ganancias de aquellos, deudores, viajeros, importadores, son la pérdida de los que exportan, los que quieren adquirir cosas y servicios en Colombia y competir con los productos importados. Para ellos no es el mundo de la fantasía. Es la quiebra.

 

Tampoco le será difícil entender, lector paciente, que la inflación, considerada simplificadamente como el alza generalizada de los precios, se mantiene a raya. Cuando vienen por miles y por toneladas cosas tan baratas, los precios no van a subir. Los de los bienes foráneos, porque se compran con dólares baratos. Y los producidos aquí se tienen que vender a bajo costo, para ser competitivos. Si al comprador le parecen caros, simplemente los compra afuera.

 

El primer beneficiado de la pirueta es el Estado, porque es el gran deudor. Si debe cincuenta mil millones de dólares, y la cifra puede no ser exacta, debe en pesos cincuenta billones menos. Toda la mermelada de la que hablaba el Ministro Echeverri, y mucha más, podría tener esa sola explicación. Y ganan los demás deudores y han ganado los importadores y cuantos tuvieron cabida en la piñata de los dólares baratos.

 

Pero volvamos al corral de los perdedores. Porque si el café lo pagaran con dólares de dos mil ochocientos pesos, la tierra cafetera sería el epicentro de una espléndida bonanza. Al contrario, con los devaluados dólares de hoy, los precios de la arroba, o de la carga, como usted quiera, no dan para cubrir los costos de producirla. Los cafeteros están quebrados. Y a los bananeros, y a los floricultores y a los exportadores industriales, les pasa lo mismo.

 

El Banco de la República dice que no ha podido hacer otra política porque la confianza inversionista hizo llegar dólares a raudales. Porque las exportaciones de petróleo y de carbón y de oro han crecido exponencialmente. Y porque Colombia se ha vuelto la niña mimada del capital internacional.

 

Siendo todo eso cierto, replicamos diciendo que la política de las tasas de interés altas fue la que atrajo todos esos capitales golondrina, la fuente de la gigantesca ola especulativa de la que Interbolsa es apenas botón para la muestra. Que los dólares del narcotráfico han tenido expedito el camino, simplemente porque para el Banco no existen. Caballeros tan distinguidos cómo van a ocuparse de temas de tan poco aseo. Las llamadas remesas de España y de los Estados Unidos tienen tanto de remesa como de lavado. Y que la falta de determinación para combatir la revaluación ha sido su primera causa. Porque cayeron en la tentación, como Palemón ante la bella pecadora de mirada tentadora. Y prefirieron su gloria a los intereses de la Nación. Esa que hoy está literalmente en quiebra, mientras el Doctor Uribe seguirá siendo el mejor banquero central del mundo. ¿No tiene la inflación rendida a sus plantas?

 

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