La verdadera unidad nacional

La verdadera unidad nacional

Solo hay en Colombia un político más ambicioso, más calculador, más laxo moralmente y más inescrupuloso que Santos, y se llama Germán Vargas Lleras.

La unidad nacional de Santos se aferra al clavo ardiente del proceso de paz, el cual ya sabemos que es inviable por el estatuto de Roma y porque más del 70% de los colombianos no queremos la impunidad y la elegibilidad de los jefes guerrilleros. De ello resulta que la unidad nacional es una cúpula sin bases, es decir suspendida en el aire, por lo cual se tendrá que caer y romper en mil pedazos en las elecciones de congreso y presidenciales del 2014.

La verdadera unidad nacional, o sea las cariátides que sostendrán la cúpula que las urnas habrán de colocar sobre ellas el año entrante, la representa hoy el presidente Uribe a la cabeza del Centro Democrático. A explicar esto fue que concurrieron algunos senadores a Cuba. Su prédica a las FARC fue que le apuraran para recibir rápido la impunidad prometida antes de que la democracia formalizara la verdadera unidad nacional donde solo la legalidad y no el terrorismo tendrán espacio.

La unidad nacional de Centro Democrático no es nueva, data del año 2002 y fue convocada por el entonces candidato Álvaro Uribe sobre la base de luchar desde la institucionalidad contra todas las formas del crimen. Sorprende que ello hubiera sido un concepto nuevo en nuestra vida republicana tan lacerada por las lacras de la violencia partidista. Pero es tal vez allí donde se encuentra la clave del error; nunca hubo un consenso nacional en torno al fortalecimiento institucional, especialmente de las fuerzas de seguridad del estado, porque el partido de oposición recelaba que la fuerza se utilizara para perpetuar al contrario y no para defender a los ciudadanos.

Hoy esa unidad está más fuerte que nunca, pues a su viga de amarre original que fue la seguridad se agregaron la confianza inversionista, la cohesión social, el dialogo comunitario y el estado austero. Pero además se ha fortalecido por algo inesperado, que es el contraste con los pilares sobre los cuales esperaban sustentar la cúpula espuria de la unidad nacional santista, a saber: abandono de la seguridad democrática en favor de diálogos apaciguadores con el terrorismo, estado derrochón y burocratizado, abulia de los programas sociales de alto impacto, auxilios parlamentarios y autismo total en lo que se refiere al contacto con la comunidad.

Nada pueden hacer, en su propósito de reelegir a Santos, los editorialistas, contratistas, socialbacanes, congresistas mermelados y demás validos de este gobierno contra la unidad nacional del Centro Democrático que avanza con pasos de elefante hacia el 2014. Pero si debemos estar alertas a un nuevo engaño, cuyo nombre es Germán Vargas Lleras. Vargas intentaría seducir a los electores del Centro Democrático tomando distancia de su antecesor y hablando fuerte de seguridad. Pero debemos estar notificados de que esta sería una maniobra engañosa para seguir manteniendo las cúpulas actuales sobre bases de cartón. Solo hay en Colombia un político más ambicioso, más calculador, más laxo moralmente y más inescrupuloso que Santos, y se llama Germán Vargas Lleras.

Soy optimista de que este revés político derivado del fraude perpetrado por Santos y el congreso, conduzca al establecimiento permanente de la unidad nacional del Centro Democrático. Esto nos permitirá conjurar definitivamente el fantasma de la violencia que nos ha acompañado toda nuestra historia por la vía del fortalecimiento institucional para combatir el crimen.

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