Comedia en muchos actos

Comedia en muchos actos

Si no hubiera tantas razones para que nos doliera, hasta entretenida parecería la farsa de La Habana. Llamémosla comedia, que es palabra menos comprometedora y vamos a seguirla en sus más recientes episodios sin ápice de angustia. Cuando ya se sabe el desarrollo de la trama, se pierde el interés que suscita. Solo queda divertirse con el esfuerzo de los comediantes por hacer creer en lo que hacen.

Ya sabíamos que el Gobierno de facto de Venezuela pasaría su cuenta de cobro por los acontecimientos que molestaron a Maduro, y sobre todo a Cabello, o que sin molestarlos tanto les ofrecieron ocasión de perlas para hacerse sentir necesarios y para darle una paliza a Colombia, pensarán ellos, cuando preocupan solamente a Santos y su apocada corte. Y nada se demoraron.

Los de las Farc hablan más que un perdido cuando aparece, como resulta harto explicable. Aquello de tener micrófono y periodistas que toman notas, y las transmiten, después de que por años apenas los oían los zancudos, las arañas y los reptiles, no es un proceso de fácil digestión. Y no se hicieron esperar las voces que les dictaba su consueta, la gente de Miraflores.

A  las Farc les pareció insoportable que el Presidente Santos se hubiera reunido con Capriles, el jefe de la oposición venezolana. Y se preguntará cualquiera lo que tengan que ver estos bandidos con que a Capriles lo saluden o no en la Casa de Nariño. Pues juzgaron gravísimo el asunto, lo vieron intolerable y hasta peligroso para el equilibrio de la humanidad. Una cosa de ese calibre puede dañar los diálogos de paz, fue lo que se le ocurrió decir a Diosdado cuando se vino enfurecido contra Santos por semejante osadía. Y es lo que en coro, mal coro por supuesto, dicen los “plenipotenciarios” de las Farc en Cuba.

Tampoco es de recibo que Santos busque contactos con la OTAN, lo que puede poner en riesgo el equilibrio militar de América, agregan los portavoces de aquellos delincuentes. La suma de esos acontecimientos está desinflando el ambiente de los diálogos, lo que supone que inflados estuvieron, sin que sepamos con cual tipo de gases.

Sabíamos de antemano la respuesta. Eso hace, insistamos, tan poco atractiva la comedia, que siendo teatro menor, tiene por lo menos la gracia de que hay que tratar de adivinar los diálogos y el final. Aquí todo se sabe de antemano.

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