PUÑALADAS TRAPERAS

PUÑALADAS TRAPERAS

Según Maduro, Santos habría traicionado un pacto hecho en 2010 con Chávez. "Se ha violado el acuerdo de Santa Marta", dijo furibundo. Sabemos que en esa reunión hubo un pacto secreto donde se coció la participación de Venezuela en los diálogos con las Farc. ¿Pero hubo acaso otro acuerdo oculto? ¿Cuál fue la contraprestación ofrecida a cambio del apoyo del Teniente Coronel?

La ira de Maduro por el encuentro con Capriles sugiere que Santos se comprometió a apoyar sin ambigüedades al gobierno de Chávez.

Eso quizás explicaría que Bogotá haya hecho oídos sordos a los desafueros autoritarios del chavismo y haya dado la espalda durante todos estos años a los demócratas venezolanos. Y sería el motivo del afán de la Canciller en reconocer la legitimidad de las últimas elecciones.

De quien no debería esperarse reacción distinta es del chavismo: en la búsqueda de su objetivo de mantenerse en el poder, no hay límite que valga. Es lo propio de los regímenes autocráticos y es además doctrina estructural de quienes profesan el comunismo.

En cualquier caso Santos debería haber aprendido de la historia. Era previsible que, en medio de la crisis política y económica, la cúpula chavista buscaría una fórmula de distracción. Es una constante crear crisis políticas con Colombia y acusarnos de conspiración. Maduro sostuvo que querían "inocularle un veneno", que los asesinos habrían llegado de Estados Unidos a Colombia y que en nuestro país "todo el Estado" se habría puesto de acuerdo para derrocarlo. Para más picante, denunció que Colombia y Estados Unidos habrían puesto en marcha un plan de "sabotajes a la economía".

Es para soltar una carcajada y agregarlo a la larga lista de complots, conjuras e intentos de asesinato que, desde la época de Chávez, viven denunciando, sin una sola prueba, los camaradas venezolanos. Claro, los de verdad, los que tienen lugar en el interior del podrido régimen, esos se callan y se tapan. Si no que le pregunten a Mario Silva, antes buque insignia del chavismo en los medios, que contó con la mala fortuna de que se hiciera pública su calidad de sapo de la inteligencia cubana.

Como sea, hay lecciones: una, que las relaciones con el vecino, que tanto se aplauden aunque hayan sido a costa del sacrificio de la democracia venezolana, están pegadas con babas. Peor, están construidas sobre la base del silencio cómplice de Bogotá con el desmantelamiento del régimen de derecho en Venezuela y con el fraude en las pasadas elecciones.

Dos, que la diplomacia colombiana no solo puede ser relaciones públicas y pragmatismo. Tiene que construirse sobre principios, entre ellos tres fundamentales: la dignidad como nación, el respeto pleno a nuestra soberanía, y el apego a la democracia y los derechos humanos.

A nadie y menos a los sátrapas de al lado, hay que dar explicación de nuestras decisiones.

Tres: que el cinismo y la doble moral de los "robolucionarios" de allá y de la izquierda de acá no tiene límites. Incluso la izquierda decente, la de Clara López, Ángela y Jorge Enrique Robledo, se quejó por el encuentro con Capriles.

Una "injerencia indebida en los asuntos internos de otro país", clamaron. Y hay que ver su defensa de los viajes a Caracas de Teodora y compañía. Ni hablar de su silencio frente al apoyo de Miraflores a los terroristas.

Cuatro: si los diálogos de paz flaquean por cuenta de la crisis, solo quedaría demostrado que no existe verdadera voluntad por parte de las Farc.

De hecho, no sería mala idea probarlo trasladando los diálogos a otro lugar para sacarlos de la esfera de influencia castro-chavista.

Quinto: estos son puros fanfarrones. Yo auguro que no pasará nada con Venezuela, excepto que la guerrilla demorará aun más las conversaciones. La crisis les ratificará la posibilidad de uso de su territorio por unos años más.

Está claro que a Maduro y a Santos les gusta atribuir puñaladas traperas.

Preguntado por qué picaba a la rana que lo ayudaba a salvar el río, el escorpión respondió que no podía evitarlo, que era su naturaleza.

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