Qué eterno se nos hará el año que falta

Qué eterno se nos hará el año que falta

Las últimas salidas en falso del presidente Juan Manuel Santos atacando a Francisco Santos, con insultos, amenazas, descalificaciones y con vocabulario de truhán de barrio, son muestra irrefutable del tormento en que se halla inmerso, pues aunque las encuestas que sus borregos de los medios capitalinos le han preparado para aparentar una aceptación popular de su gestión, ésta descarada y cínica compra de conciencias en pro de votos,  impuesta como dueño de una vulgar locomotora de espurias leyes hechas con mermelada va hacia el rotundo fracaso de su pretendida reelección.  Lo cierto es que cada vez es más la gente que lo desaprueba. Está más desesperado que gallina criando patos; no atina en nada, miremos el Catatumbo, el Cauca, el Caquetá que es un polvorín, como la gran mayoría de nuestra geografía; no se ha querido dar cuenta de lo mal que gobierna el país, permitiendo que nuestras fronteras se conviertan en corredores para el narcotráfico, porque lo que sucede en el Catatumbo es una manifestación del poder maligno de la narcoguerrilla disfrazada de pueblo, y ojo con  los actos recientes y los que vendrán de la guerrilla contra la Fuerza Pública, a la cual se suman las acciones de protesta violenta instigadas por la subversión. Es indiscutible que el Presidente Santos esté nervioso, la compañía de Samper, Serpa e integrantes del proceso 8000, no puede dar la menor seguridad, y desde luego, debe sentirse incómodo con la presión de los mandaderos y mandaderas de los cabecillas impunes de La Habana para que firme ya el sometimiento, mientras ellos mismo no muestran ningún afán por salir de la isla.

El Presidente Santos se aferra a la sensación que le causan sus delirantes sueños de ser un estadista, cuando la realidad es que no pasa de ser sino un escueto burócrata con graves inexactitudes, tanto humanas como políticas, lo que lo hace merecedor del olvido y ostracismo al que lo someterá la historia. Su llegada al palacio Nariño en realidad fue una pifia, por el engaño que venía tramando hacía tiempo en contra de los colombianos, ahora la gran mayoría  anhelamos que se termine lo más pronto su período y venga Francisco Santos del Centro Democrático a reparar todas las idioteces que ha ejecutado “su primo” en contra de los intereses nacionales. ¡Qué eterno se nos hará el año que falta para que devuelva el cargo que se sustrajo con alevosía!

Mantengo mis principios como resultado de mis pensamientos, he confirmado mi convicción al Centro Democrático que orienta Álvaro Uribe Vélez, movimiento de esperanza democrática; será el vehículo para que los líderes honestos sean seleccionados en su entorno político y geográfico, y consecuencialmente postulados a las posiciones electivas de representación popular, en donde  los ciudadanos de bien tenemos la obligación de empezar a cambiar el rumbo de esta nación, y no permitir la mordaza de la dinastía Castro-chavista o   socialismo  del siglo XXI que nos quiere montar el Presidente Santos.

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