LA JUSTICIA ES UN PERRO RABIOSO

LA JUSTICIA ES UN PERRO RABIOSO

……que no muerde sino uribistas. En este país de la mermelada, donde no hay parlamentario sin empleos, o sin contratos, o sin ambas cosas, la Corte Suprema sigue muy atareada juzgando a Sabas Pretelt, a Diego Palacio y a Alberto Velásquez, porque tal vez le dieron una notaría a Teodolindo y un puesto en un hospital de Barrancabermeja a Yidis. A los de la “mesa” les han entregado el país entero. Y no pasa nada. El perro rabioso solo muerde uribistas.

La Corte sigue empeñada en buscar a los chuzadores de unas chuzadas que no existen. Las únicas conocidas se las hicieron al Presidente Uribe en Palacio; a José Félix Lafaurie se las ordenó su enemigo personal Edgardo Maya Villazón desde equipos ilícitamente adquiridos por él en la Procuraduría General de la Nación y a quien estas líneas escribe le lanzaron al aire una conversación privada desde un conocido noticiero liberal. Pero no pasa ni pasará nada. Estas chuzadas quedarán en la impunidad, porque sus víctimas y no sus autores fueron Uribe o uribistas.

Hace unos años, la misma Corte Suprema que viajaba en escandalosas farras a Neiva, Sincelejo, Santa Marta y Barranquilla, encarceló a todo uribista al que se le pudo comprar un “Pitirri” que atestiguara haberlo visto cruzando una palabra con un paramilitar. Y así recorrieron el camino del martirio figuras eximias como Mario Uribe, Mauricio Pimiento o Miguel Pinedo. Mientras tanto, los computadores de los jefes de ese grupo nauseabundo con el que se negocia hoy en Cuba, dan cuenta de contactos permanentes de sus jefes con conocidísimas figuras de la izquierda, a las que nunca las llamaron siquiera a una indagatoria. La Farc política no existe, solo porque no es atribuible a los uribistas.

Creíamos que el perro rabioso había quedado saciado. Nos parecía que en la Corte Suprema teníamos magistrados que de verdad lo fueran, libres del odio, del espíritu de vindicta, de la ferocidad partidista de los Ramírez, Ibañez y Sochas de otros días. Breve ilusión fue esa, de la que nos acaba de sacar la propia Corte, con el atropello vulgar e infame que ha cometido contra Luis Alfredo Ramos. El mejor Alcalde que tuvo Medellín, el mejor Gobernador que tuvo Antioquia, el mejor Presidente que en muchos años tuvo el Congreso, acaba de ser detenido, con humillación y escarnio públicos, para oírlo en indagatoria. No hay una orden de captura en su contra.

Los cargos contra Ramos no pueden ser más ridículos. Lo acusan de haber sostenido una reunión con paramilitares en el año 2.005, para que le financiaran su campaña al Congreso del 2.002. La misma que había ganado con la más amplia votación registrada para el Senado. Contra Ramos no hay nada, porque es una figura intachable, pulcra, rutilante en el oscuro firmamento político de la Nación.

Pero nada de esto importa. La Corte, o quienes la siguen manejando como si de un tablado de marionetas se tratara, descubrió que Ramos iba para Presidente de la República por el uribismo, y eso fue todo. Suficiente. Probatio probatissima, decían los latinistas. Si es uribista, es culpable. Si parece destinado a la Presidencia, es culpable. Si pone a tambalear la reelección de Santos, es culpable. Así muerde este perro rabioso. ¿Cuál será la próxima víctima?

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