DESMANTELAR UN PAÍS PARA REFUNDARLO

DESMANTELAR UN PAÍS PARA REFUNDARLO

Me parece que está alentándose una sórdida estrategia de desmantelamiento de las estructuras del país, como si se pretendiera refundarlo sobre las ruinas de lo que pudiera quedar del prestigio y la consistencia de las instituciones, las tradiciones culturales y las costumbres. Ojalá pudiera atar todos los cabos y concluir dónde se origina esa operación, pero tengo la sospecha de que en las alturas del Estado se le favorece con una actitud complaciente que se manifiesta en la tibieza con que se defienden los intereses vitales de la nación.

Tal estrategia es solapada, gradual, progresiva. Se extiende del modo que se describía en el antiguo Código Civil "el lento e imperceptible retiro de las aguas". Todo lo que represente la salvaguarda del orden institucional se pone en tela de juicio. Las fallas institucionales se maximizan como si fuera impostergable el desmonte de, por ejemplo, la fuerza pública. Se hace mofa de valores esenciales que les infunden contenido ético a la sociedad y sus normas de conducta. Se arrincona a todo aquel que se atreva a profesar en público un credo religioso, sea mayoritario o minoritario. Día y noche se arremete contra la integridad de la familia para buscar la imposición de patrones de comportamiento excéntricos.

Los motivos son abundantes, pero nada se hace para frenar el descaecimiento. A mucha gente sensata le da pena o miedo protestar contra una maquinaria movida por hilos invisibles, intimidatoria y poderosísima. Ni el Estado tiene vocación ni voluntad pedagógica, ni la comunidad educativa espabila para salir del aletargamiento y afirmar que no todo hay que tolerarlo, que no puede ser respetable aquello que agrede en forma insolente los principios y valores coaligantes de una nación.

En la campaña presidencial actual pueden identificarse algunos elementos, para comprender lo que está pasando y pasándonos. Por mí está bien que se adelanten conversaciones que ojalá culminen con acuerdos dignos de paz. Pero no es admisible que se inviertan los términos: Debería tratarse de la incorporación de la vieja guerrilla a la vida civil y a un proyecto de país que no está por inventarse como si se tratara del primer día de la creación: Viene construyéndose desde hace mucho tiempo, con errores e incongruencias pero también con aciertos. No tiene que incorporarse el país al proyecto concebido por la guerrilla.

¿Por qué los diálogos de La Habana, con interlocución muy cuestionable, acabaron por marcar la tónica y orientar la agenda de la campaña? ¿Los otros candidatos son apenas segundones, reactivos y no proactivos, dedicados sólo a hacerle resonancia al presidente obsesionado por reelegirse? ¿Por qué tanta vaciedad de contenidos programáticos, de iniciativas audaces e innovadoras, como si hubiera que esperar a que los tertulianos en Cuba inauguraran la nueva república?.

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