El botín de los caminos vecinales

El botín de los caminos vecinales

El Gobierno Nacional colocó la impresionante cifra de un billón y medio de pesos para ser invertidos para contratar las vías terciarias en los campos de Colombia; hasta ahí todo bien y digno de aplauso.
Pero, menudo pecadillo, estableció que se haría conforme lo dispongan discrecionalmente los congresistas de la coalición de gobierno, desde David Barguil hasta Juan Fernando Cristo. El reparto por municipios y departamentos y político beneficiado, detallado y milimétricamente asignado con frío rasero político, aparece registrado en una matriz elaborada por los técnicos de Planeación Nacional, incluye desde pequeñas obras de $200 millones hasta vías de $7.OOO millones. No son otras que las platas de las regalías transformadas en mermelada —al decir del exministro de Hacienda Juan Carlos Echeverri, autor de la Ley de Regalías que hace posible el exabrupto en cuestión—. Los felices beneficiarios del escandaloso reparto de los dineros públicos con claros fines de beneficios electorales de los afortunados ganadores fueron 20 congresistas, todos ellos grandes electores en las elecciones.

El gobierno Santos convirtió en boletín electoral una cifra nunca antes vista para atender una de las necesidades más acuciantes de las pequeñas comunidades y uno de los principales cuello de botella de nuestra producción agropecuaria y forestal, de campesinos y agroempresarios. Son los carreteables inexistentes o intransitables, única posibilidad de comunicación de los campesinos en sus veredas con las cabeceras municipales para ir a mercar, a donde el médico y los hijos al colegio público, para sacar la cosecha sin que los fletes lo arruinen o la mala vía les dañe la cosecha. No hay explicación posible, fuera de la bendita reelección, para que el presidente Santos haya ordenado convertir en botín político unas vías que reclaman los campesinos.

Musa Basile, el mayor elector de la coalición del gobierno, fue el campeón de las bonificaciones de vías campesinas, al encomendársele la suerte de $68.000 millones para el mejoramiento de vías terciarias no sólo en su departamento Córdoba, es de Sahagún, sino en otros seis departamentos —6 en Antioquia, 2 en Bolívar, 7 en Sucre y de a una en Magdalena y Tolima—. Ya empezamos a saber qué hizo durante sus cuatro años en la Cámara, donde no abrió la boca, pero sí construyó su maquinaria de contratos y productora de votos que le produjo 145.402 sufragios, el triple de los que obtuvo en 2010. Suerte similar obtuvieron los otros 20 favorecidos con los contratos de las vías terciarias.

Esta piñata que cubre otras inversiones prioritarias del país, como las del Fondo Nacional de Desastres y el sector de minas y energía, fueron manejadas en el “computador de palacio” por Aurelio Iragorri, hoy ministro del Interior, y Juan Mesa, entonces secretario de la Presidencia y ahora integrante de la cúpula de la campaña reeleccionista.

Por cuenta de la mermelada y de otras ayudas ilegales a los amigos políticos, circuló dinero público a rodos, convertida en la variable fundamental de las elecciones colombianas, con campañas a Senado que no bajan de $3.000 millones y pueden llegar a los $7.000 millones. Es no sólo la prostitución y desnaturalización de la política, sino su ingreso definitivo al carrusel de la corrupción, alimentado desde la propia Casa de Nariño, obsesionada desde hace meses en ganar la reelección, “cueste lo que cueste”.

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