El socialismo al estilo Farc-Santista

El socialismo al estilo Farc-Santista

Han transcurrido ya casi dos mil cuatrocientos años, y el pensamiento aristotélico sobre la democracia sigue vigente; a su juicio las peores formas de gobierno eran la tiranía, la oligarquía y la demagogia, como forma patológica de la democracia. A mi juicio, el socialismo del siglo XXI es pura demagogia orquestada desde Cuba, gobierno tiránico por excelencia. Señalar a Cuba o a Venezuela de manera diferente, es carecer de dos dedos de frente; los países libres del mundo no se meten con ellos por aquello del petróleo, y porque el régimen cubano sobrevive gracias a la Rusia comunista.

La pretensión de ocultar la demagogia detrás de una forma de democracia participativa, es tan necio como negar que hay corrupción en los procesos electorales; que mucha gente vota por convicción, puede ser cierto. Pero ¿ cuántos? De hecho existen varias maneras de convencer al votante, y a la demagogia del discurso prometedor se suma la del billete con su inmenso poder; casi tanto o más que la amenaza, que existe en Colombia, y se denomina proselitismo armado. El cual ejercen las Farc con su constante accionar.

Tenemos entonces un panorama desolador hoy en nuestra patria, en donde un falso socialismo pro democracia, denominado del siglo XXI, haciendo demagogia, usando la coerción de las armas y la persecución judicial, se aprovecha de la circunstancia de un Presidente que le hace el juego a tanto despropósito; no sé si por su descuido, o por su voluntad. Pero además, a los propósitos farianos se suma el poder de medios de comunicación a nivel nacional, tales como la revista Semana y el diario El Tiempo, que redondean con sus falacias a veces, o sus exageraciones otras, y como mínimo con su carencia de profesionalismo, una faena de por si deplorable para la libertad; un medio de comunicación honesto debe ser mucho más imparcial en la forma de presentar hechos, de dar las noticias y de promocionar las columnas de opinión.

Víctor Sampedro Blanco, en su obra “Opinión pública y democracia deliberativa” dice que los políticos y los periodistas representan a la opinión pero también la gestionan; reducen la participación ciudadana a consumir información, a responder encuestas y a votar. Pero debe ir más allá, si intenta hacer compatible la opinión como simple suma de votos después de encuestas, con las iniciativas de la sociedad civil.

Para evitar que nos convirtamos en esclavos de la demagogia, el poder ejecutivo debiera dedicarse a su tarea de ejecutar obras después de conocer necesidades, las de las regiones por boca de los gobernadores, en los municipios por los alcaldes, y los institutos descentralizados a lo suyo en todo el territorio nacional; entre tanto, los congresistas, dos por cada región o departamento, que hagan consejos comunales para recoger menos quejas, y más iniciativas legislativas. Un senador, un representante a la cámara, no tiene por qué estar recibiendo dineros de las arcas del tesoro nacional bajo ninguna circunstancia, bajo ninguna denominación. Un congreso unicameral es suficiente, cuando tal ente se dedique tan solo a hacer las leyes.

Pero la manera como el Presidente pretende repetir solio izando la bandera de una paz que todos buscamos, (aunque de diferentes modos) permitiendo que el comunismo se adueñe del país, es necia por Farc-santista: coerción armada, mas mermelada. Al final, si los dejamos, tendremos una república social comunista como Cuba o Venezuela: sin libertades, pero sin el petróleo de Venezuela, y sin el apoyo de Rusia. Eso sí, con un ex presidente premio Nobel de “paz”.

oscaralbertodiazgarcia@hotmail.com

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