Una idea extravagante para ganarle al peronismo

Una idea extravagante para ganarle al peronismo

Qué pasaría si Mauricio Macri, Julio Cobos, Ernesto Sanz, Hermes Binner, Elisa Carrió y Pino Solanas se presentaran a elecciones primarias bajo un mismo lema para, primero, competir entre ellos y, después, disputar la presidencia en 2015 frente al mejor candidato del peronismo. Les iría mucho mejor que si se presentaran separados y tendrían más chances de disputar la segunda vuelta. Se enfrentarían, a suerte y verdad, contra Sergio Massa, Daniel Scioli o, en última instancia, con el candidato mejor posicionado del Frente para la Victoria.

Esto es lo que ahora mismo están pensando Macri, Carrió, Sanz, Cobos y dirigentes como Oscar Aguad. Casi todos ellos suponen que, con un armado electoral "muy amplio" que los incluya pero no los mezcle, las posibilidades de transformarse en "una verdadera oposición" y suceder a Cristina Fernández podrían ser reales. Carrió, una de las más convencidas, es terminante: cree que sin algún tipo de alianza o entendimiento con el jefe de gobierno de la ciudad sus verdaderos adversarios, Massa o Scioli, se pondrán la banda presidencial y el sueño de plantear algo distinto al "pejotismo" quedará trunco antes de empezar. Binner y Solanas, por supuesto, descuentan que se trata de un imposible. Que la mera idea de montar una estrategia electoral que incluya a Macri sería una afrenta para sus seguidores. Que rompería de manera automática a UNEN, la Unión Cívica Radical y cualquier organización política que esté contenida por el denominado panradicalismo.

Figuras con votos como Gabriela Michetti y Martín Lousteau consideran que es muy rápido para amontonarse, pero no descartarían un futuro entendimiento o el armado de una moderna coalición. Horacio Rodríguez Larreta, un hombre de Pro con verdadera vocación de poder, entiende que ninguna estrategia es desechable para el proyecto Mauricio 2015. Y muestra las últimas encuestas en las que el jefe de gobierno aparece creciendo un poco más que Massa y que Scioli, aunque todavía en tercer lugar. Los dirigentes que no plantean esta ingeniería como una locura coinciden en una idea básica: de una manera u otra, Macri, Cobos, Binner, Carrió y Sanz -y hasta Solanas- pelearán en 2015 por el mismo voto: el de los que no quieren nada parecido a Cristina Fernández; el de los que no elegirán ni "continuidad con cambio" ni "cambio con continuidad". También piensan que la división entre izquierda y derecha es algo que no está en la cabeza de los argentinos a la hora de elegir un jefe de Estado.

A Macri no le disgusta la propuesta de sentarse a conversar con Carrió, pero primero pide que deje de atacarlo de forma personal. Quienes consideran posible un entendimiento están pensando en la manera de hacerlo. ¿Existe alguna que pueda juntar el agua de Pro con el aceite del panradicalismo y la ambición presidencial de sus precandidatos? Sí. Aunque es remota y todavía se analiza en su etapa experimental. Consistiría en cambiar las actuales PASO (Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias) por otras elecciones que permitieran tanto a Macri como a los demás competir entre ellos, sin mezclarse ni diluir su identidad. Para que se entienda bien: bajo un lema que contenga varios sublemas. Es decir: con un instrumento electoral parecido al que en su momento pergeñó Eduardo Duhalde para que Néstor Kirchner le pudiera ganar en segunda vuelta a Carlos Menem.

"A los que piensan que es un mamarracho hay que demostrarles que más diferencias hay entre los peronistas que quieren ser presidente que entre Mauricio, Binner o Pino. Y también hay que recordarles que el peronismo viene penetrando el sistema de poder desde hace 30 años gracias a estos enjuagues electorales que nosotros miramos con tanto prurito", me dijo uno de los negociadores del sueño todavía imposible.

¿A quién le convendría este todavía extravagante armado electoral, además de a los interesados directos? A Cristina Fernández. ¿Por qué? Porque Ella preferiría que la sucediera cualquiera de los postulantes de esta coalición imaginaria a tener que entregar la banda a Scioli o a Massa, los dos dirigentes más o menos peronistas a los que les va mejor en las encuestas cuando se pregunta "A qué candidato votaría para presidente en 2015?" ¿Se atrevería la Presidenta a impulsar un proyecto de ley que modifique las PASO por unas primarias con lemas y sublemas? ¿Sería un delirio que instruyera a sus legisladores para que apoyen un cambio del sistema electoral que haga más competitiva a la oposición de centroderecha y de centroizquierda?

Desde 1983 en adelante, las elecciones presidenciales están definidas por la situación económica del momento y por la ingeniería electoral que impone el gobierno de turno. Una iniciativa como ésta sería apoyada, en principio, por la mayoría de los legisladores cristinistas, los de Pro y los de todo el denominado panradicalismo. Todavía hay cabos sueltos. Por ejemplo: ¿bajo qué lema competiría Massa, el diputado nacional que hoy lograría más votos? ¿Adónde irían a parar los votos de los incondicionales del denominado proyecto nacional y popular? ¿Qué sucedería con los millones de argentinos que piensan como Binner o Solanas? ¿Podría contemplar este acuerdo de base amplia el compromiso futuro de un gobierno de coalición con un programa común que incluya ministros radicales, socialistas y también de Pro? ¿Podrá resistir este ensayo de laboratorio los movimientos subterráneos de Massa y de Scioli?

El líder del Frente Renovador ya maneja encuestas de fórmulas en las que él mismo y Cobos, como candidato a vice, aparecerían como una combinación imbatible. Pero los armadores de Pro que trabajan para 2015 sostienen que Cobos probará suerte como candidato a presidente o irá a un triunfo seguro como gobernador de Mendoza. Scioli trabaja para consolidar la idea de que Massa es un oportunista y él, el símbolo de la racionalidad y el crecimiento. También disputa con Macri las banderas del desarrollismo, aunque su candidatura depende del dedo de Cristina y de cómo termine la crisis económica. Es verdad que para diciembre de 2015 falta un año y 9 meses. Y también es cierto que en la Argentina eso es una eternidad. Pero habría que estar atentos menos a lo que se lee hoy en los diarios que a las reuniones privadas y secretas donde se intenta "cocinar" este armado tan peculiar.

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