Aracataca ¡La realidad trágica!

Aracataca ¡La realidad trágica!

Todos nos damos golpes de pecho con la muerte de Gabriel García Márquez. No faltan los elogios, las lágrimas, los discursos, los decretos, los especiales televisivos y el dolor por su partida. Todo un espectáculo digno de uno de sus relatos mágicos como el narrado en “Los Funerales de la Mama Grande”. Pero también con su muerte revive la realidad trágica de su pueblo: Aracataca.

Nunca un Gobierno, un ministro o al menos un senador de esos que ahora se riegan en prosa por su fallecimiento, propusieron fundar una institución educativa decente en el municipio como homenaje al escritor y a la tierra que lo vio nacer. Por eso es comprensible que tampoco cuenten con un buen hospital, y menos con un acueducto. Como en las novelas macondianas de García Márquez, el acueducto ha sido inaugurado varias veces con bombos y platillos, sin tener nunca gota de agua para su funcionamiento. Es la triste realidad de la desigualdad con la que tienen que luchar cientos de colombianos, alejados de los centros de poder y de las oportunidades. Es duro decirlo, pero un pueblo como Aracataca, por culpa del abandono estatal y del centralismo, tiene a su gente prácticamente destinada y condenada a ser vendedores de fruta a orilla de su carretera, y a los más osados a vender gafas en las playas del Rodadero. Solo nos acordamos de ellos el día que le dieron el Premio Nobel de Literatura, y ahora nuevamente con su muerte. Por ejemplo y para no ir más lejos, los bumangueses hemos pasado durante años por Aracata en nuestro camino a Santa Marta, y jamás se nos ocurre entrar a conocer dónde nació nuestro único Premio Nobel, a menos que estemos buscando una empleada del servicio doméstico. Apenas arranque el Mundial de Fútbol, García Márquez entrara en la memoria del olvido, porque todo el mundo estará pendiente de otro García… Radamel Falcao. Por eso los mejores homenajes son en vida, como lo plasma la mexicana Ana María Rabatté en su poema: “No esperes a que se muera la gente para quererla y hacerle sentir tu afecto. No te obsesiones con visitar panteones, ni en llenar las tumbas de flores; llena de amor los corazones… en vida, hermano, en vida.

Insultos vía twitter @figuerjoda

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