EL PODER SERÁ FEMENINO, SI ELLAS QUIEREN

EL PODER SERÁ FEMENINO, SI ELLAS QUIEREN

Margaret Tatcher decía que “En cuanto se concede a la mujer la igualdad con el hombre, se vuelve superior a él”, pero pareciera que el problema para la toma del poder por parte de las mujeres cada día dependerá menos de si se les concede la oportunidad y más de si ellas deciden aceptarlo.

Uno de los privilegios de ser profesor es estar cerca a la juventud, que aunque te hace sentir más viejo cada semestre, al mismo tiempo te da el privilegio de ser testigo de lo que está sucediendo, pues ellos son la materialización de la Colombia y el mundo en que viviremos. Además del deleite estético que representan las mujeres en un salón de clase, el mayor y más importante dividendo de que en mi clase el 60% de los estudiantes sean mujeres, es que uno está siendo testigo de la mayor y más importante revolución social, aunque silenciosa, que hayamos tenido. Saber que mis alumnas ya no tendrán que sufrir las limitaciones y restricciones que tuvo que soportar mi madre y sus predecesoras al depender del todo del hombre con que se casaron, es suficiente para saber que Colombia está avanzando, más de lo que creemos.

No existe una variable material que impida pensar que las mujeres llegarán al poder, incluso en un país machista como este. América Latina es la única región del mundo en que el número de mujeres será cada vez mayor que el de hombres. En 2050 habrá 1,4 millones más de colombianas que de colombianos. Pero el asunto no es solo numérico. Desde hace más de una década, así como también sucede a nivel mundial, el número de mujeres que estudia posgrados en América Latina es mayor que el de hombres. Entonces más mujeres y más educadas que los hombres, son los ingredientes para un esperanzador cambio en esta sociedad.

Pero sí las condiciones materiales para que el poder del mundo sea femenino se están dando a su favor: ¿por qué no se está sucediendo más rápidamente?

Una posible explicación, o mejor parte de ella, parece proporcionarla la investigación de Katty Kay y Claire Shipman, “La brecha de la confianza”, publicada recientemente en el siempre fresco periódico The Atlantic. La pesquisa de las bellas autoras, parece indicar que la demora en el ascenso femenino al poder depende cada vez menos de la falta de oportunidades, factores externos o desconfianza en ellas y sus capacidades. Lo lamentable es que el problema parece radicar en ellas, y especialmente en la falta de confianza en ellas mismas. La investigación señala que quienes más dudan sobre ellas, están al otro lado del espejo y que “en comparación con los hombres, las mujeres no se consideran a sí mismas listas para las promociones, predicen que les irá peor en las pruebas, y por lo general subestiman sus capacidades. Esta disparidad se debe a factores que van desde la educación a la biología”.

Así como el machismo existe porque las mujeres lo permiten, su ascenso al poder no se está dando más rápido porque ellas no lo permiten. Al parecer tienen a su peor enemigo en ellas mismas y muchas veces, también entre ellas mismas.

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