NOS JUGAMOS LOS RESTOS POR LA PATRIA

NOS JUGAMOS LOS RESTOS POR LA PATRIA

No pudiendo Santos remontar en las encuestas el 30% de favorabilidad para su reelección, es evidente que la mayoría de los colombianos no quieren tenerlo de nuevo en la presidencia y que ninguno de los otros cuatro candidatos asegura la mayoría absoluta para la primera vuelta.

Otra falencia del sistema electoral que debe tenerse muy en cuenta: el 22% de los colombianos que concurrieron a las urnas en las pasadas elecciones no expresaron claramente sus preferencias políticas por varias razones (votos nulos, no marcados y en blanco).

Son tres millones de ciudadanos que si acuden de nuevo a ejercer este derecho democrático tienen un gran poder de decisión.

Ateniéndonos a la votación parlamentaria, un indicador para las presidenciales, alrededor de 15 millones de colombianos tomarán partido por dos posiciones políticas mayoritarias que están en juego a través de las cinco candidaturas.

La primera: mantener el actual populismo de la “Mesa de Unidad Nacional” al servicio del narcoterrorismo a través de unos acuerdos que defiende desesperadamente Santos a nombre de la Paz. Posición compartida de manera camuflada por Enrique Peñaloza a nombre de los Verdes con un discurso “unitario” para no separar el agua del aceite y respaldada abiertamente por Clara López a nombre del Polo Democrático, organización proclive a la teoría de “la combinación de las formas de lucha” para hacer política (la armada y la electoral). Concepción legitimada por el gobierno al otorgarles a las Farc un marco jurídico de impunidad que les permite adelantar “acuerdos de paz” mientras amplían sus actividades terroristas a nombre del “Socialismo del Siglo XXI”.

La segunda: enderezar el rumbo que puede llevar el país hacia una situación similar a la venezolana como consecuencia de la concreción de los antinacionales acuerdos en Cuba, con el fementido argumento de alcanzar la paz. Esta segunda posición la encarnan sin ambigüedades dos candidatos: Oscar Iván Zuluaga del movimiento Centro Democrático y Martha Lucía Ramírez a nombre de los que se rebelaron mayoritariamente contra la corriente reeleccionista en la Convención del Partido Conservador.

El primero como dirigente de una organización, en tránsito a convertirse en un auténtico partido,representante de las concepciones uribistas de la Seguridad Democrática en un Estado comunitario con justicia social al servicio de las amplias mayorías nacionales para lograr una verdadera paz. La segunda como vocera de las fuerzas innovadoras que luchan por rescatar a su partido de la vieja forma de hacer política y refundar los valores democráticos que le dieron existencia histórica.

Dentro de los votantes “amermelados” para las parlamentarias que se liberan de sus “caciques” para las presidenciales, y los cuales se suman a los votos de opinión, así como entre la juventud y los campesinos que han visto resucitar la violencia en sus regiones al amparo de los “diálogos de paz”, existe interés por conocer los contenidos programáticos ofrecidos por los candidatos para solucionar la situación que los afecta directamente.

Las mismas encuestas, por parcializadas que sean, lo indican: seguridad ciudadana y operatividad de los servicios armados y de la justicia contra la violencia y la corrupción; atención de la economía y su reflejo en las fuentes de trabajo e ingresos de productores; educación con mayor calidad y oportunidad desde los primeros años de vida; cubrimiento y eficiencia del sistema de salud; desarrollo equitativo de las regiones, y construcción subsidiada de vivienda digna para los sectores más empobrecidos. Son los principales reclamos programáticos, traicionados o no cumplidos, que los ciudadanos exigen a las organizaciones y movimientos políticos que asumen su vocería.

De allí que los cálculos electorales se basan en premisas que muchas veces los “politólogos “ o “encuestadores” no miden objetivamente en el sentir del ciudadano del país nacional, quienes, por logros y satisfacciones para cubrir sus más elementales necesidades, califican de manera cada vez más reflexiva, con sus votos, a quienes dicen representarlos.

Por lo mismo surgen, después de las elecciones parlamentarias y a cinco semanas de la primera vuelta para la presidencial,varias inquietudes entre los colombianos interesados por la suerte del país para interpretar el acontecer electoral de las distintas fuerzas que determinarán su rumbo, por ejemplo:

En cuánto se reducirá la enmermelada de los cinco millones de votos depositados por los voceros de la “Mesa Unidad Nacional”, los cuales,en buena parte, no se atrevieron a defender abiertamente en las parlamentarias la candidatura reeleccionista, rechazada mayoritariamente por los colombianos?

Cuántos de los novecientos mil votos de Opción Ciudadana y el MIRA, se sumarán a los más de dos millones de votos que obtuvo el Centro Democrático para respaldar la fórmula presidencial de Oscar Iván Zuluaga y Carlos Holmes Trujillo?

Cuántos de los superados dos millones de votos de origen conservador para las parlamentarias respaldarán la candidatura de Marta Lucía Ramírez a la presidencia?

De los aproximados tres millones de votos en la consulta inflada de los Verdes, cuántos regresarán a sus orígenes o continuarán respaldando la candidatura de Enrique Peñaloza?

Cuántos votos de opinión sumará el Polo Democrático a los 500.000 obtenidos en las parlamentariaspara respaldar la candidatura presidencial de Clara López, y dónde aterrizarían en una segunda vuelta?

Y algo de significativa importancia: cuántos de los más de tres millones de votos de ciudadanos que no expresaron sus opciones en las parlamentarias ejercerán su poder para inclinar la balanza de las candidaturas presidenciales?

Estas inquietudes contribuyen a definir la estrategia política que permitirá orientar, programática y organizativamente, a los ciudadanos que se aprestan a decidir el futuro político del país con sus votos, en donde nos jugamos los restos por la patria. Repitamos hasta el cansancio: serán unos resultados electorales históricos que trazarán el rumbo y las prioridades para las organizaciones políticas y sus representantes en la defensa de una auténtica democracia para los colombianos. En las próximas elecciones no es de poca monta lo que está en juego para esta y las futuras generaciones.

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