Más allá de la paz y la guerra.

Más allá de la paz y la guerra.

En las últimas semanas de la campaña presidencial, los colombianos hemos sido testigos de una letanía de improperios y espurias acusaciones. Lo único que han logrado los fanáticos de la propaganda negra es apartar a los ciudadanos justamente de su función ciudadana: Escuchar propuestas, discernir cuál de ellas es la mejor para el país y ejercer su poder de decisión.

Por ello, en la columna de hoy, he decidido convertirla en un mensaje a los ciudadanos libres de odios, prejuicios y dogmatismos, a los que quieren lo mejor para su comunidad, su ciudad, su región y su país. A esos que, pese las vicisitudes y contrariedades, tienen fe de que Colombia sí tiene arreglo.

Juan Manuel Santos ha pretendido envolvernos en una falsa dicotomía entre la paz y la guerra. Como si la mera paz por si sola mejorara la calidad de la educación que reciben nuestros jóvenes o la calidad de vida de los adultos mayores.

Por fortuna, Óscar Iván Zuluaga no se ha dejado seducir por ese truco y ha hecho que su campaña continúe centrada sobre las ideas y las propuestas. A muchos no les gusta Zuluaga por su cercanía al expresidente Uribe, pero lo cierto es que, solo por dar un ejemplo, su propuesta educativa es, sin duda alguna, una de las más serias y estructuradas que se hayan llegado a formular en las últimas décadas.

Siempre he creído que de todos los candidatos, Zuluaga es de los que más capacidad técnica tiene para regir los designios del país. La Jornada Única Escolar es el compromiso que Zuluaga tiene para subsanar una deuda que los gobiernos han tenido con los colombianos desde Alfonso López Michelsen, cuando este, para aumentar la cobertura, decidió dividir la jornada escolar, teniendo un grave impacto sobre la calidad de la formación.

Pero no bastó con ello. Como gran economista que es, se decidió a plantear no solo el qué, sino el cómo. Calculó que la implementación de la Jornada Única requiere una inversión en infraestructura educativa de 15 billones de pesos y propuso financiarla a través de los Fondos Privados de Pensiones –que tienen en el bolsillo 36 billones- mediante Bonos de Deuda a largo plazo, tal como lo han hecho México y Brasil recientemente, y sin afectar la estabilidad financiera de las entidades. Y eso, sin mencionar el plan de becas que desea ejecutar para que los maestros se formen mejor y mejorar sustancialmente sus salarios y su sistema de seguridad social.

Y va más allá. Quiere que cada bachiller salga con título de técnico del SENA y que ello le permita continuar con su formación tecnológica y profesional, subsanar el déficit presupuestal de las Universidades Públicas (que hoy asciende a casi 12 billones de pesos) e implementar la tan anhelada gratuidad en la Educación Superior para los jóvenes de los niveles 1, 2 y 3 del Sisbén.

Es probable que la propuesta educativa de Zuluaga pueda tener vicios y vacíos, no lo discuto. Sin embargo, puede ser el primer paso para que la Educación –sí, con mayúscula- por fin sea la prioridad, por fin sea la protagonista en la agenda social del país.

Hoy los ciudadanos decentes, los que no permitimos que nuestra conciencia sea comprada, nos encontramos frente a dos caminos: Uno que pretende justificar todo con la paz, que quiere cambiar todo con los mismos métodos, que derrocha los recursos de la educación y la salud en la compra de congresistas y politiqueros para sus intereses; y otro que, aunque aseveren lo contrario, tiene todo por darlo, que quiere reconstruir lo destruido y que está decidido a no permitir que a los colombianos nos sigan dividiendo entre los “enemigos” y los “amigos” de la paz. @PabloAndresLB

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