Es un deshonor llevar a miembros de las FF.AA. a la guarida en la que se encuentran los jefes de las Farc.

Es un deshonor llevar a miembros de las FF.AA. a la guarida en la que se encuentran los jefes de las Farc.

Ver a nuestros soldados y policías desplazándose a La Habana, para participar en el proceso de diálogo que adelanta el gobierno con el grupo terrorista de las Farc es, sin duda alguna, un hecho que produce indignación e impotencia.

Hace pocos días nos indignábamos al ver las imágenes de las víctimas de las Farc, que tuvieron que soportar cómo los jefes terroristas los recibieron con el himno de la banda criminal sonando en el fondo. Aquel gesto es una muestra clara de la arrogancia y el poco arrepentimiento de los victimarios.

Nos escandaliza el hecho de pensar que los miembros de nuestras gloriosas Fuerzas Militares y de Policía, sean recibidos en La Habana en medio de banderas y canciones alegóricas a las Farc. Las imágenes y los símbolos a veces son tan importantes como los argumentos y las razones.

La nuestra es una Fuerza Pública que no ha sido derrotada. Antes bien, durante los ocho años de la Seguridad Democrática nuestros hombres demostraron que podían disminuir a su mínima expresión a los terroristas. Las cifras hablan por sí mismas. Todos los indicadores apuntan a que las Farc llegaron a un punto de no retorno; estaban condenadas a la desaparición.

Vamos a completar dos años de negociaciones en La Habana y aún no sabemos de qué es lo que realmente se está hablando. El presidente Santos dice que no habrá impunidad, pero a renglón seguido plantea que el castigo a los terroristas no deba ser en una cárcel. El Fiscal General ha llegado al extremo de proponer “trabajos sociales”, como pena punitiva a los responsables de los peores crímenes que se han registrado en el hemisferio occidental.

Aquellas indefiniciones e incertezas generan zozobra e indignación. No nos cansaremos de repetirlo: claro que queremos la paz, pero sin impunidad. Claro que queremos la paz, pero con la garantía de que los victimarios no sean premiados con acceso pleno a la democracia. Queremos una paz fundamentada en la garantía de no repetición y en la reparación efectiva de las víctimas.

Entre el universo de víctimas hay unos que son de singular importancia: los militares y policías que han sido víctimas del accionar terrorista. Ellos han pagado una muy grande cuota de dolor y sufrimiento en cumplimiento de su deber. No pueden ser utilizados para darle legitimidad al proceso de La Habana y por eso considero lamentable, preocupante e indignante que el gobierno se apreste a someterlos al deshonor de llevarlos a la guarida en la que se encuentran los jefes de las Farc, porque la imagen que le dará la vuelta al mundo es la de unos soldados humillados entrando al salón donde se encuentran unas Farc legitimadas y victoriosas.

Representante a la Cámara por Antioquia.

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