NO ME CANSARÉ DE REPETIRLO

NO ME CANSARÉ DE REPETIRLO

Escribo en viernes. En este momento están reunidos en Cartagena los presidentes de Colombia y Venezuela., Juan Manuel Santos y Nicolás Maduro. Tengo la impresión de que el encuentro está bajo la influencia de una altísima dosis de hipocresía. Hay calculado silencio sobre temas que afectan severamente la vida de ambos países y las relaciones entre ellos. Se anuncia que los temas fundamentales son las negociaciones de paz con las FARC que se realizan en La Habana, con el gobierno de Maduro como propulsor y facilitador de las mismas y, por otra parte, lo relativo al contrabando de ida y vuelta en la extensa frontera existente.

La situación es grave con relación a ambos temas. No creo que la paz este cerca. Para llegar a ella es necesario fundamentarla en la verdad y en la justicia. No puede haber impunidad, ni pueden quedar en el abandono los familiares de las víctimas que se cuentan en centenares de miles, incluidos muchos militares caídos en el cumplimiento del deber. Todo lo demás es artificial, oportunista y condenado al fracaso, así se abra una expectativa que ya lleva cerca de dos años sin concretarse. La violencia terrorista continúa y la fuerza armada regular se debate en un mar de contradicciones a la espera de resultados concretos que permitan la definición de una estrategia adecuada cara al futuro inmediato.

Con relación al llamado contrabando, prefiero calificarlo como comercio informal entre nacionales de ambas partes normalmente con lazos familiares y de amistad muy estrechos. Esta apreciación excluye, por supuesto, lo relativo al tráfico ilegal de gasolina y drogas, actividad que está bajo la responsabilidad exclusiva y excluyente de las fuerzas armadas regulares. Es allí donde está el problema fundamental y es hacia allá adonde deben dirigirse los esfuerzos de ambas partes. Lo demás, el comercio informal, pudiera ser canalizado a través de una amplia zona libre fronteriza, como primer gran paso hacia un tratado de libre comercio integral entre Venezuela y Colombia. Las economías y la misma vida social de ambos países son complementarias. Se mueven de acuerdo con las circunstancias variables, pero siempre ofreciendo respuestas concretas a las necesidades crecientes.

Estamos cansados de repetir estas cosas sin éxito. Los gobernantes siguen manejando los temas con paños calientes, sin atreverse a ir al fondo. Y lo que es más grave, eludiendo el tema del narcotráfico, el lavado de dinero proveniente de actividades ilícitas, incluidas la corrupción y el almacenamiento y envío de drogas ilegales a muchas partes del continente y del mundo. El problema se agrava. Las consecuencias se multiplican. Los tentáculos de los narcoterroristas penetran gobiernos y oposiciones, a los sectores públicos y privados de muchas naciones del área, teniendo al eje colombo-venezolano como centro de operaciones. Los presidentes guardan silencio. Para ellos este drama no existe, se trata de especulaciones a las que no vale la pena prestar atención. Pero…!

oalvarezpaz@gmail.com  Viernes, 1º de agosto de 2014

Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn

Buscar

Facebook

Ingresar