Santos: ¡Mamola a Santander!

Santos: ¡Mamola a Santander!

El presidente Santos parece que solo saca a relucir sus ancestros santandereanos en los discursos y en las elecciones. De nada sirvieron los 429 mil votos que depositaron sus electores en las urnas, porque el departamento quedó por fuera del gabinete ministerial. Doña Consuelo Ordóñez que se perfilaba como ministra quedó con los crespos hechos y cinco finos sastres de tela orgánica y la maleta lista en Bucaramanga. Todo como consecuencia de los dos grandes problemas que padecemos los santandereanos, uno genético y otro político. Por el primero, una vez que alguien entra al sonajero ministerial comienzan las intrigas, no para que lo nombren, sino para que no lo nombren.

Lo de Consuelo es un eslabón más en la envidia propia de estas tierras. Por algo será que el presidente Eduardo Santos, cuando recibía una comitiva de santandereanos, les decía: “Para ganar tiempo díganme a quién no quiere que les nombre”.

Y el segundo problema radica en una clase política mediocre, con la cual se hace difícil lograr el reconocimiento y la proyección de Santander. Por ejemplo mientras los parlamentarios antioqueños hacen causa común para defender el patrimonio nacional representado en Isagén y por ende en Hidrosogamoso, los nuestros, como el senador Bernabé, están preocupados pidiendo la gerencia regional del nuevo Adpostal y que les repartan la burocracia que tenia el exsenador Honorio Galvis. Cuánta falta hacen personajes de la talla de Alejandro Galvis, Gabriel Turbay, los hermanos Espinosa Valderrama y Rodolfo González García, para hacer sentir al departamento en las esferas del poder nacional.

Un Horacio Serpa que por su pasado debería ser la caja de resonancia regional, se percibe disminuido y limitado. Qué daño enorme le hace a Santander su mezquina clase política, al no dimensionar la importancia de tener figuras dentro del gabinete. Los ministros tienen influencia sobre las condiciones económicas y sociales de las regiones de procedencia. Existe una comprobada relación histórica entre el desempeño y progreso de los departamentos y el numero de sus ministros.

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