“Santos y la fábrica de chocolate”

“Santos y la fábrica de chocolate”

Aunque no es exactamente la versión original de “Charlie y la Fábrica de Chocolate”, novela del escritor infantil  Roald Dahl, si se asemeja a la realidad política del país, aquí el presidente Santos es Willie Wonka, dueño de la enorme fábrica de chocolate, en este caso su meloso y dulcete gobierno desde donde se fabrican toda clase de dulces, confites, bananas, barriletes, chocolates, almendras, caramelos (sencillos y rellenos), bombones y todas las delicias azucaradas inimaginables, las cuales son entregadas generosamente a las diferentes ramas del poder público, logrando su dependencia absoluta y sumisión al señor Wonka, en este caso Santos, igualmente los medios de comunicación que prácticamente están “borrachos” de la ingesta de chucherías, y buena parte de la opinión pública que no se resiste a esos sabores maravillosos, mientras la diabetes avanza como una formidable pandemia, los enemigos del Estado, las izquierdas y guerrillas marxistas, consolidan la toma del poder con el engaño de una paz negociada y logran la penetración de las instituciones democráticas, las asociaciones populares y gremiales, la clase estudiantil, obrera y campesina.

Como en la novela tanta galguería, glotonería y comilona desmedida, causarán serios estragos, los protagonistas irán saliendo uno a uno, de la enorme factoría burocrática, a causa de sus defectos, uno es vencido por la gula y cae a un río de chocolate, y es absorbido por un tubo que lo lleva fuera del recinto. (En este caso la rama legislativa) quien la observa, es una compulsiva y obsesiva mascadora de chicle y competidora incansable, se convierte en un arándano por probar un chicle experimental con gusto a una comida completa de dos platos y postre. (Rama judicial), los medios de información serán transformados en un pequeño personaje de televisión al que han de alargar como a un chicle para que vuelva a tener un aspecto mínimamente normal, y por último el pueblo bobalicón y menesteroso que no para de pedir, será arrojado al agujero de desperdicios.

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