¿Es el pacifismo inmoral?

¿Es el pacifismo inmoral?

En las sesiones del congreso, siempre que se habla del proceso “de paz” con las Farc, el senador Serpa toma la palabra para explicar el porqué es obligatorio, necesario, conveniente, lógico, indiscutible, prioritario (se me iría toda la página si aquí no pusiera un etcétera) un “acuerdo negociado al conflicto armado”. “La guerra es muy mala", repite siempre el senador y “tenemos que terminarla al precio que sea”, insiste. Y eso es algo tan cierto y evidente, que, cómo diablos va uno a refutarlo. Quien se atreva a decir lo contrario será visto poco menos que como un truhán, un “violento”, un “guerrerista”.

En corto y brillante ensayo, ¿Es el pacifismo inmoral?, escrito por Oscar Elía y publicado en la revista La Ilustración Liberal, encontré, nítida, una réplica a esas repetidas exclamaciones del senador Serpa. Elía hace notar que una cosa es hablar como predicador del pacifismo o como sacerdote y otra muy distinta es hablar como responsable de la función pública. Los primeros, al hablar desde la gaseosa plataforma de la “superioridad moral”, no responden por las catastróficas consecuencias de las omisiones de aquellos a quienes la Constitución les ordena proteger la vida, honra y bienes de los demás. A ese abandono de sus deberes por parte de una autoridad pública, Elía lo califica como “una inmoralidad política”.

Elía funda la parte más gustosa y sustanciosa de su argumentación en un texto de Julien Freund. Parte ese autor del reconocimiento de la realidad existencial de la guerra y de las nociones políticas de enemigo, violencia y fuerza; y las contrasta con las tesis de Hyppolite, “pacifista y socialista”, quien afirmó que le era imposible patrocinar una tesis en la que se declara que sólo existe política donde hay enemigo. Freund le respondió con las palabras que algún día habrá que decirle a Serpa: “Como todos los pacifistas, piensa que es usted quien designa a su enemigo. Desde el momento en que no queramos tener enemigos, no los tendremos, piensa. Ahora bien, es el enemigo el que le elige a usted. Y si él quiere que usted sea su enemigo, lo será”. La semana entrante seguimos con este tema.

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