Más justicia y menos protagonismo

Más justicia y menos protagonismo

Lo más peligroso para un país y su democracia es cuando la administración de justicia pierde credibilidad e independencia, y sus decisiones se cruzan con intereses políticos en aras de acallar una fuerza opositora, que en las elecciones presidenciales de mayo de 2014 quedó pisándole los talones al actual jefe de Estado, que las ganó a punta de mermelada.

Sin embargo, el doctor Santos parece que no quedó contento; se comprometió a guardar el turno para el 2018 al actual vicepresidente Germán Vargas Lleras, al paso que vamos continuaremos gobernados por presidentes de delfines y borregos por largo tiempo; si es que la actual fuerza opositora del Centro Democrático no logra consolidarse frente a tanta ignominia disparada desde palacio de Nariño.

¿Qué tanta importancia tiene el caso Sepúlveda dentro del proceso de paz? ¿No será más bien que el gobierno a través del Fiscal quiere someter al Centro Democrático a punta de terrorismo y chantaje de Estado? Estos y muchos otros interrogantes se están haciendo millones de colombianos, que no ven con muy buenos ojos cómo el señor Fiscal, tiene tanta pasión por tema de menor valía, y abandonados casos que sí son cruciales para el País, que la pronta y cumplida justicia los está requiriendo a gritos.

La percepción que tienen buena parte de los ciudadanos y diferentes instituciones nacionales e internacionales, es que hay una latente persecución contra el Centro Democrático, al querer acorralarlo por un caso que no es de tan extrema gravedad, a cambio de cientos de procesos que sí ameritan ponerlos en ejecución, pero que lamentablemente con el excesivo  protagonismo que nos ocupa, duermen el sueño de los justos en los anaqueles polvorientos de la justicia cesante y paquidérmica, y en la conciencia pusilánime del señor Fiscal General de la Nación, que a toda costa está demostrando su descarada parcialidad en los procesos que le sigue al ex candidato presidencial Oscar Ivan Zuluaga, a su hijo David, y Luis Alfonso Hoyos.

Pero es bueno también recordar cómo otros casos como el de Luis Carlos Restrepo, y Maria del Pilar Hurtado, están catalogados en la misma forma por personas y organismos altamente calificados, como el haber negado por parte de la Interpol por segunda vez la circular roja y el pronunciamiento que hizo monseñor Cesar Augusto Castro, presidente de la Conferencia Episcopal, pidiendo más seriedad en la administración de justicia.

Sabemos que la posición  de la iglesia católica frente a estos casos es de total imparcialidad, pero, si valdría la pena que hiciera un pronunciamiento de fondo, de acuerdo a su leal saber y entender dentro de los cánones que le corresponde, puesto que la situación ya está llegando a límite  insostenibles  y es prudente hacerlo a tiempo, que tardíamente, para evitar ver el País más polarizado frente a un caso que causa indignación y dolor de Patria.

Una pregunta que nos estamos haciendo buena parte de los Colombianos: ¿porqué el doctor Montealegre a quién hemos conocido como estudioso y respetuoso  de las normas procedimentales que rigen dentro de un Estado de Derecho en la administración de justicia, se está comportando en forma irregular al pisar predios políticos que le quitan  independencia y rigurosidad a sus decisiones judiciales?

El señor Fiscal General de la Nación en la semana anterior incurrió en dos desaciertos abominables: el primero de ellos, al decir que el proceso de paz, no requiere de refrendación ciudadana, puesto que ya fue legalizado con la reelección presidencial, y el segundo haber hecho la citación a Oscar Iván Zuluaga, por los medios de comunicación, sin ningún respeto por los conductos regulares como es el de una citación personal y escrita.

Es de advertir que las antenas de los organismos internacionales de Derechosa Humanos están prendidas ante tan aberrante caso, puesto que, a todas luces se está demostrando que no existe ninguna garantía para que estos ciudadanos cumplan libre y voluntariamente con las citaciones que se les ha hecho por el caso de Andres Sepúlveda, y que repetimos hay un sesgo mas de someter al Centro Democrático, que de administrar justicia pronta y cumplida.

Es muy peligroso para una democracia endeble como la nuestra, que el máximo conductor de la institucionalidad criminal del País, le esté rindiendo sumisión y obediencia al señor Presidente de la República, que se hizo reelegir a punta de mermelada, y en su conciencia tiene graves cargos de corrupción, que desgraciadamente son inimputables precisamente mientras ostente el cargo de  primer mandatario de los Colombianos.

Es de tal gravedad para el País y nuestra Democracia, puesto que con tales apresuramientos de llamamiento a versión libre por casos menores, se están dejando atrás verdaderas joyas jurídicas: como el robo a la salud, el caso interbolsa, entre muchos otros, que están indicando que en Colombia hemos perdido las justas proporciones de la verdad, para dar paso a la aplicación de una justicia tortisiera donde el ciudadano no dispone de las más mínimas garantías para defenderse.

Las anteriores manifestaciones son el fiel reflejo de lo que actualmente opinan ciertos sectores de la sociedad colombiana respeto al caso del excandidato presidencial, Oscar Iván Zuluaga, David su hijo, y Luis Alfonso Hoyos, no es nada gallardo cuando todo un fiscal general de la nación, con el ánimo de hacer protagonismo, hace la citación por los medios de comunicación sin  haber agotado los conductos regulares, como es lo usual y lo jurídico.

De otro lado acaba de confirmarse que el Consejo Nacional Electoral, después de revisar minuciosamente las cuentas de la campaña presidencial de Oscar Iván Zuluaga, no encontró ninguna irregularidad que amerite abrir investigación alguna.

Cabe preguntarnos finalmente ¿dónde está el delito del caso Sepúlveda? No se ve claridad por ningún lado, para que se esté lanzando al País por los despeñaderos de una peligrosa polarización.

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