Policía rural con el sello Farc

Policía rural con el sello Farc

Coincido completamente con Jorge Giraldo, columnista de este mismo diario: A Juan Manuel Santos le dio por soltar frases bombas así como asá, que terminan abriendo espacios para la preocupación y la incertidumbre, especialmente en lo que tiene que ver con el proceso de paz que se desarrolla en La Habana.

La semana pasada, el personaje en cuestión dijo que valdría la pena considerar que los guerrilleros de las Farc, luego de que se desmovilicen, hagan parte de la Policía Nacional o si es del caso, crear una policía rural.

Me quedé frío con la propuesta. De hecho, me pareció, primero irresponsable y, segundo, demagógica. Les explico.

Irresponsable porque, sencillo, las peras chillan dentro de un bulto de manzanas. Por el contrario, se trata, sin más ni menos, de ser conscientes de que en el postconflicto no se les puede entregar la seguridad de los colombianos a personas que hoy en día obedecen a unos cabecillas que los entrenaron para matar, para ser violentos y que tienen claros intereses políticos que hoy sazonan en La Habana con todo el sabor cubano. Y no se trata de un rechazo a esos colombianos que se dejaron meter en la lógica violenta de las Farc y que con la desmovilización tendrán la oportunidad de volver a la sociedad para tratar de ser alguien.

Demagógico. A mí me enseñaron que cuando el río suena es porque piedras trae, entonces ¿a son de qué Santos insinúa la creación de este cuerpo policial, rama o área de la Policía? Meter ruido en la opinión pública con un asunto que causa como mínimo temor y miedo en las personas, suena a que en Cuba se está o se va a negociar la estructura de las Fuerzas Armadas. Si bien Santos niega que eso sea así, siembra dudas adicionales cuando dice que se debe “refocalizar” la acción de las fuerzas armadas porque la seguridad es una preocupación de los colombianos. ¡Obvio que es! pero que los reinsertados entreguen las armas, vuelvan a la vida civil, y después regresen a las armas de forma legal, no es garantía para que haya más seguridad.

En el campo se requiere más seguridad. Saberlo no es la panacea. Históricamente el Estado ha faltado en muchas partes del territorio nacional, dando paso a la seguridad en manos de ilegales. Sin embargo, en tiempos de paz ¿ese espacio lo deben llenar los desmovilizados de las Farc, los mismos que han subyugado e intimidado por años a los campesinos y que, además, tienen un rayón en su cabeza que los hace pensar como izquierdistas trasnochados, pero narcotraficantes en la práctica? Como dice una amiga, Hello, Santos…

En el postconflicto, sin duda, Colombia será generosa y aceptará que paguen poco por tanto mal que han hecho. Será un proceso lento y doloroso, que se decantará con el paso de los días cuando la confianza cale en una sociedad donde las víctimas tendrán que llegar al perdón como única forma de reconciliación. La propuesta de Santos termina siendo una ligereza que abre la puerta a la desconfianza en una sociedad que le tomará tiempo aceptar a los desmovilizados. Un policía rural de las Farc, por más arrepentido que esté de su pasado, con seguridad no será prenda de confianza para una persona del común que recordará toda la violencia que crearon con las armas, la misma que estará empuñando desde la legalidad.

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