La negación como verdad y solución al conflicto

La negación como verdad y solución al conflicto

“Existen aquellos que usan tácticas negacionistas para proteger alguna “idea sobrevalorada” que es crítica para su identidad. Ya que un diálogo legítimo no es una opción válida para aquellos que están interesados en proteger ideas tendenciosas o no razonables desde hechos científicos, su único recurso es usar esta clase de tácticas retóricas”. Chris Hoofnagle

En 1847 el médico húngaro Ignaz Semmelweis propuso a la comunidad médica que una forma de evitar las mortales fiebres e infecciones que presentaban las mujeres en el postparto era asegurando que el personal médico que asistía a las parturientas se desinfectara las manos. Pero aunque tenía argumentos ciertos y científicos, su propuesta fue rechazada por sus colegas, quienes lo ridiculizaron y prefirieron la hipótesis que sugería que las causas eran sicológicas, pues cuando en las clínicas el sacerdote que le daba su último servicio a algún moribundo se paseaba por los pabellones precedido por un acólito que hacía sonar un campanilla, ese sonido producía un “efecto terrorífico y debilitante en las pacientes de las salas y las hacía más propicias a contraer la fiebre puerperal”.

Tan aplanchado quedó Ignaz con la cerrada negación de sus colegas, que su esposa temiendo que perdiera la cordura lo internó a la fuerza en un asilo donde luego, el descubridor de la técnica antiséptica, terminaría muerto a causa de los maltratos de los vigilantes. Desde ese momento a la tendencia a rechazar pruebas o conocimientos que contradigan una norma, creencia o paradigma establecido, se le denomina “Reflejo Semmelweis”, que todos los días manifiesta más el gobierno en su nefasto proceso de claudicación en La Habana.

El gobierno y sus negociadores, los medios de comunicación que son el eco enmermelado de las directrices palaciegas, están obstinados en hacernos creer que este proceso de paz es una redención, que todo va muy bien, que las cosas están tan adelantadas que hay que estar demente para criticarlo, pedir que se cambien los términos de esta farsa y rechazar las mentiras.

Las Farc reclutan menores. Falso. El cartel narcotraficante es una guardería de niños rechazados por el sistema.

Está comprobado que sí hay menores. Mentira. Las Farc dicen que lo que sucede es que “los niños en el campo maduran más rápido”.

Las Farc son un cartel de narcotráfico. Embuste. Ellos están “tangencialmente” involucrados porque a los narcotraficantes les da por irse a poner laboratorios en sus territorios. Ellos son botánicos, no narcos.

Las Farc secuestran. Calumnia. Son “retenidos” o invitados permanentes.

Las Farc tienen que responder por los daños a sus víctimas de cinco décadas. Cómo se les ocurre, las Farc no son victimarias, son “víctimas”.

Los supuestos tres puntos de la agenda están lejos de estar resueltos. Calumnia. Las 28 salvedades, del tamaño del océano Pacífico, son asunticos menores que a nadie le importa.

La legislación internacional no permite la impunidad. No le pare bolas a eso. La ley no es importante y no puede ser obstáculo para el apaciguamiento.

Por eso es mejor negar la realidad y aceptar como ciertas unas confortables mentiras, porque de no hacerlo te declaran guerrerista y enemigo de la paz.

Share on facebook
Facebook
Share on google
Google+
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn

Buscar

Facebook

Ingresar