Un excesivo déficit externo

Un excesivo déficit externo

El déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos (la suma del déficit comercial —importaciones menos exportaciones—, y el de déficit de servicios, compuesto principalmente por pago de intereses y dividendos de la inversión extranjera) superó el 5% del PIB en 2014. Y podría ser mayor en 2015. Esta situación acarrea serios riesgos para la economía colombiana.

Estos riesgos dependen, en buena medida, de la disponibilidad de financiación internacional. En 1999, con un déficit externo parecido al de hoy (pero con una macroeconomía deshecha por la irresponsabilidad de los años anteriores), el cierre abrupto de los mercados internacionales (a raíz de las crisis de Brasil y Rusia) forzó a una corrección acelerada que precipitó la mayor recesión en la historia del país.

Esto no está a la vista hoy. Si no ocurren grandes perturbaciones en la economía mundial y Colombia mantiene cierto equilibrio en sus cuentas públicas, el país podría lograr un aterrizaje suave, con una reducción gradual del déficit externo, un tránsito ordenado hacia una economía menos petrolera, más exportadora de bienes industriales y agropecuarios, sin graves traumatismos en el crecimiento económico (un crecimiento del PIB del orden del 3,5% sería más que aceptable en estas circunstancias). Por esto, es comprensible el esfuerzo del Gobierno por aferrarse a la regla fiscal y mantener el grado de inversión, que avala la continuidad del crédito y la inversión extranjera.

En la medida en que los inversionistas, banqueros y demás agentes financieros del exterior mantengan el flujo de sus recursos a Colombia, la tasa de cambio no se desbocará (en caso contrario, surgiría un escenario dañino para el aparato productivo).

La corrección del abultado desequilibrio externo tomará tiempo. La mayor parte de este déficit no se origina por el exceso de las importaciones sobre las exportaciones (donde se aprecia la caída de los precios del petróleo y otros productos), sino por el pago de intereses y los dividendos de inversión extranjera. El estímulo de la devaluación a las exportaciones no tradicionales tiene rezagos importantes y, además, está limitado porque se enfrenta al obstáculo de la crisis de los países vecinos y el lento crecimiento de numerosas economías que comercian con Colombia.

Los macroeconomistas saben que si el déficit externo baja a niveles razonables, al tiempo que sube el déficit fiscal —como está anunciado para éste y el próximo año—, tendrá que darse necesariamente una reducción de la inversión privada o un incremento del ahorro privado. La consecuente restricción del gasto de las empresas y las familias explica por qué la tasa de crecimiento del PIB se reducirá mientras se produce el ajuste externo.

En estas circunstancias, va a ser difícil que el Banco de la República baje las tasas y estimule el gasto privado. Esta decisión iría en contravía no sólo de la prioridad de controlar la ascendente inflación sino del objetivo de lograr el necesario ajuste del déficit de la balanza de pagos (la experiencia es conocida: antes de la crisis de 1998 se produjo, por presión del gobierno saliente, un episodio monetario expansivo que agravó el problema del sector externo). Es posible, incluso, que algunos miembros de la junta del Emisor ya estén pensando que en algún momento podría ser necesario elevar las tasas de interés.

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