Los que van bien y el país que va mal

Los que van bien y el país que va mal

Un colega extranjero me dice que en Colombia, al parecer, solo se produce esta noticia: un ciudadano ensoberbecido acaba de discriminar a otro en la calle.

– Aquí siempre encuentro un alboroto que me hace creer que el país se va a acabar, pero al rato comprendo que están discutiendo por la misma tontería.

Estoy de acuerdo con él: Colombia es víctima de una gran insensibilidad que la ha ido dejando sorda, hasta el punto de que a estas alturas solo es capaz de percibir lo escandaloso. Cualquier ciudadano que hable sin hacer bulla, aunque necesite auxilio, solo encontrará indiferencia como respuesta. En cambio quien insulte, quien amenace, se erigirá en el acto como una figura mediática.

Mi colega y yo llevamos un rato viendo por televisión el escándalo del momento: una joven contratista de la Alcaldía de Bogotá se coló sin pagar en un bus de Transmilenio. Cuando un agente de Policía la increpó, ella le respondió con altanería: “papito, yo gano más que usted. Usted se ganará, por mucho, un millón doscientos”.

En mi Tablet le muestro al colega cómo reaccionan los lectores de la prensa. Muchos se dan golpes de pecho en nombre de la decencia y condenan la discriminación, pero a continuación llaman “perra”, “guisa” y “pobre diabla” a la mujer. Uno de ellos se pregunta por qué el Policía no le pegó un bolillazo.

Entiendo que a mi colega extranjero le parezca viejo este alboroto nuevo.

La frase “¿usted no sabe quién soy yo?” debería estar ya en el escudo nacional como reemplazo de “Libertad y Orden”, que parece un simple anacronismo patriotero.

-¿De dónde les vienen a ustedes esas ínfulas?- me pregunta.

Entonces le digo que quizá estamos ante un rezago de nuestras profundas desigualdades sociales. En los años 70 un vocero de los empresarios acuñó la siguiente frase: “la economía va bien, el país va mal”.

¿Cómo diablos podría ir mal un país donde la economía fuera bien? Sencillo: porque “economía” es el dinero de los privilegiados, que siempre va en aumento, y “país” somos todos los demás, que siempre estamos jodidos.

Estamos jodidos porque hay demasiada pobreza aunque en los últimos años los gobiernos se hayan empeñado en maquillarla a punta de informes oficiales; estamos jodidos porque las Empresas Promotoras de Salud maltratan a sus pacientes y en ocasiones contribuyen a su empeoramiento; estamos jodidos porque las compañías prestadoras de servicios (desde las aerolíneas hasta las centrales de telefonía móvil) nos pisotean en medio de la más vergonzosa impunidad.

Es que en Colombia quienes tienen plata pertenecen a la parte que va bien, es decir, aquella que fue descrita en la célebre frase nacional como “la economía”. Por tanto, pueden pasarse por la faja a la otra parte, la que va mal, es decir, “al país”.

Esa parte que va bien vive enviándole a la otra el mensaje de “¿usted no sabe quién soy yo?”. Lo que pasa es que como se trata de gente distinguida no necesita descomponerse en la calle enrostrándosela a un policía de tránsito. Esa gente envía su mensaje de otra manera: por ejemplo, no pagando los impuestos que corresponden a sus fortunas o accediendo a privilegios indebidos por encima de los derechos de los demás.

A los demás, a propósito, solo nos queda la histeria, la crispación permanente. Y el seguir linchando moralmente al altanero de turno en vez de discutir sobre nuestras terribles desigualdades.

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