El agua que baja de los nevados

El agua que baja de los nevados

El descongelamiento de nuestros glaciares es irreversible y traerá consecuencias para muchos acueductos municipales y veredales. Se debe planear desde ya para mitigar los efectos.

La factura que pasa el cambio climático a Colombia incluye la desaparición de las masas glaciares, esos nevados que son parte del paisaje geográfico y humano, insignia de los departamentos que los poseen y del país todo.

El informe publicado por EL COLOMBIANO revela que cada año se pierde tres por ciento de la masa glaciar, por lo que están condenados a desaparecer en los próximos 20 años, así dejara de recalentarse hoy el planeta, lo cual no sucederá: la sola concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, para mencionar un solo gas de efecto invernadero, superó el mes pasado de manera continua las 400 partículas por millón, algo que no se presentaba hace 800.000 años.

El problema es mundial. La mayoría de los 200.000 glaciares del planeta seguidos en el Inventario Randolph se están contrayendo por las acciones humanas, como demostró el investigador Ben Marzeion en la revista Science.

Los Nuevos Escenarios del Cambio Climáticos presentados hace dos meses por el Ideam muestran cómo la temperatura en las distintas regiones subirá cada vez más. En Caldas, departamento donde se halla el Parque Nacional Natural Los Nevados subirá 0,9° de acá a 2040, mientras que en Magdalena, donde se encuentra la Sierra Nevada de Santa Marta no solo subirá 1° sino que las lluvias descenderán 18 por ciento.

Informes de la Universidad Nacional mostraban ya hace unos años que la temperatura mínima en el Ruiz había subido. Germán Poveda, experto en cambio climático, ha recordado que aumentará más en los pisos más altos.

La realidad es contundente. No hay que olvidar que entre los años 50 y 80 del siglo pasado se extinguieron ocho nevados.

Aparte del impacto paisajístico, al cual viene adherido el turístico, el derretimiento de nuestros nevados tiene implicaciones serias.

Otro informe de este medio el año pasado mostró cómo el deshielo de los nevados de Caldas-Tolima afectará el suministro de agua para dos millones de personas. De la Sierra Nevada del Cocuy en Boyacá, que era una gran masa, solo quedan glaciares aislados, de los cuales se surten al menos 100.000 personas. E igual sucede con la Sierra de Santa Marta, con influencia directa en los acueductos de Cesar y Magdalena.

Esto sin profundizar en las aguas de uso agrícola.

El río Combeima en Tolima nace en el nevado de ese nombre, surte Ibagué, y aunque en el camino su caudal aumenta por otras fuentes, el deshielo tendría implicaciones relevantes ante la futura demanda poblacional.

Marzeion y colegas advertían otra consecuencia: la posibilidad de avalanchas por la formación de lagunas nutridas con el agua del deshielo. Aunque parece una posibilidad remota, científicos suizos y del Ideam hallaron en 2014 una laguna nueva producto del descongelamiento del Santa Isabel, un fenómeno que puede repetirse con mayor frecuencia en adelante.

Es hora de pensar con responsabilidad en el deshielo de nuestros nevados. No solo monitorearlos de forma estricta, sino acelerar la planeación y desarrollo de acueductos veredales y municipales con fuentes que no dependan de aquellos.

Esa tarea no se observa. Se ha informado lo que sucede, pero hay que pasar a las acciones. Como dice la canción, 20 años no son nada y se pueden escabullir como el agua montaña abajo.

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