El costo oculto de los derrames

El costo oculto de los derrames

Decenas de especies de flora y fauna, muchas de interés económico, vienen sufriendo por los atentados contra la infraestructura petrolera. Un gran pasivo ambiental.

Cuando se produce un derrame de petróleo, por voladura de oleoductos, sangría ilegal de las tuberías o derrame de carrotanques, se piensa en las pérdidas económicas del crudo derramado, del que se deja de exportar y de las operaciones de reparación y limpieza.

Pero hay otros costos muy graves: las plantas, animales y ecosistemas afectados. Y no son pocos.

Un reporte de la agencia estadounidense para los océanos y la atmósfera recuerda que el petróleo es nocivo porque es un químico y sus componentes son venenosos. Puede afectar los organismos por exposición interna, mediante ingestión o inhalación, o externa, debido al contacto con la piel y los ojos.

El petróleo puede asfixiar pequeñas especies de peces e invertebrados y cubrir plumas y cuero de aves y mamíferos, reduciendo su capacidad de volar y de mantener la temperatura adecuada. Los animales pueden quedar ciegos e indefensos frente a depredadores, mientras que la ingestión provoca deshidratación y alteración del sistema digestivo.

No son muchos los que sobreviven una vez tocados por el crudo. Se considera que menos del 1 % de las aves, incluso si han sido sometidas a procesos de limpieza.

Carlos Lasso, investigador del Instituto Humboldt explicaba en un documento de Ecopetrol que “los hidrocarburos o sus derivados cubren la piel y las branquias de los animales acuáticos, que mueren por asfixia. A las aves (garzas, patos y otros) se les pega el hidrocarburo en las alas y no pueden volar, entonces no pueden conseguir alimento ni abrigo. Esto las conduce a la muerte. Y a los mamíferos se les adhiere a la piel y es como si las quemara. En otras especies, el producto pasa al sistema circulatorio por las mucosas o sencillamente lo ingieren porque está pegado a las plantas acuáticas de las que se alimentan o está adherido a otras especies”.

No es un mal menor. El 65 por ciento de los atentados ocurren en Arauca, Norte de Santander y Putumayo. Un estudio de esa institución para Ecopetrol reveló que en el caso de los ríos Arauca y Catatumbo las voladuras inciden sobre 30 especies de peces, muchos de gran valor económico, todos de importancia ambiental. En esos ríos cerca de 25 especies de mamíferos toman agua, entre ellos animales en riesgo de extinción como la danta, el armadillo, el manatí y el jaguar. Y sufren las consecuencias 15 especies de reptiles y 20 de anfibios.

En esas regiones en las dos últimas décadas los ataques sistemáticos contra la infraestructura petrolera afectaron 6.000 hectáreas de terreno, 2.600 kilómetros de ríos y quebradas y por lo menos 1.600 hectáreas de ciénagas y humedales. Un claro atentado contra la vida.

Por los ríos Canaupí y Rosario en Nariño y Cuembí en Putumayo ha corrido el petróleo derramado este año. En el caso de hace una semana, en Putumayo se afectaron 9 humedales y todo el sistema biótico. Eso en lo que se observa, porque el subsuelo también sufre. El crudo puede permanecer más de 30 años en sedimentos afectando microorganismos y otras formas vivas.

Estos costos ocultos de los atentados terroristas no pueden ser olvidados. Constituyen enorme pasivo ambiental que afecta las especies y ecosistemas involucrados y a todo el país.

Otro motivo para rechazar esos actos que afectan la vida que todos estamos obligados a proteger.

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