El periodismo en los procesos de ‘paz’

El periodismo en los procesos de ‘paz’

¿Cuántos dedos de los medios seguirán intentando tapar el descontento nacional del proceso de paz?

En el campo personal, me preguntaron por qué eran tan antagónicas las informaciones del proceso de “paz” en Colombia en muchos medios con respecto a todo lo que circula libremente en las redes sociales. Literalmente, como lo decía Óscar Collazos, “me fui quedando sin adjetivos” en esa respuesta y, sin darme cuenta, me encontré de frente con aquel comparativo que –con el perdón de muchos colegas y medios– iguala a la prensa actualmente con la profesión más antigua del mundo. Pero, a quien le caiga el guante… ¡que tire la primera piedra!

No hay que ser tampoco un gurú de la información para saber rápidamente que en el actual proceso de “paz” muchas vacas sagradas del periodismo nacional pasaron de ser informadores y analistas de la realidad para convertirse en pregoneros del espectáculo de la “paz”, cual gastronómico payaso de corrientazo ejecutivo, porque el Gobierno necesitaba de esas influyentes voces; luego, comenzó el descarado adoctrinamiento mediático de la “paz” sin precedentes en los anteriores procesos. He ahí –aunque se niegue o no se acepte– una primera muestra de de cómo el periodismo en Colombia pasó de ejercer su labor de observador e informador para figurar asimismo como un chiflado protagonista del “reality” cubano. Pero el tiempo, como en todo, ya está pasando factura con cifras muy altas de descontento y este proceso –reitero– ya parece transitar por las últimas páginas de un libreto muy repetido de sus antecesores.

A estas alturas, no se nos haga muy rara cualquiera de estas dos hipótesis: el proceso termina y se firma aunque la mayoría del país no esté de acuerdo. En la siguiente hipótesis –la más viable personalmente–, las Farc, con su desmesurado cinismo, se levantan de la mesa alegando falta de garantías, el Gobierno se quedaría entonces sin su mayor carta de reelección y… ¡¿quién le volvería a creer al periodismo nacional después de tan ridícula participación cuando muchos, por el historial de las Farc en los diferentes procesos, ya sospechaban el final?! ¡¿Cuántos años les costaría volver a tener un mínimo de credibilidad?!

No obstante algunos medios como RCN se acordaron de que, pese a las nuevas tecnologías, el periodismo se continúa haciendo en la calle con libreta en mano para ser comparado con las opiniones y votaciones virtuales, ¿los resultados de esos seguimientos? Ídem, la última encuesta de Gallup y muy similares también a las cifras de CNN en español que citó Saúl Hernández en su última columna; sin embargo, a muchos evangelizadores del proceso –como al columnista León Valencia de Semana– los desvela e incomoda la posición de Claudia Gurisatti en RCN, porque según él, gracias al proceso, el país está viviendo un “virtuoso momento”. ¡¿Acaso el señor León Valencia –quien también escribió que “NTN24 no ha sido un lugar del periodismo, es un órgano de propaganda” – jamás vio quiénes eran los privilegiados en Canal Capital cuando el director era Hollman Morris y cómo era el manejo de su “propaganda”?! ¡Por favor, señor Valencia, un poco de sensatez a la hora de hacer comparaciones!

Del protagonismo periodístico en los anteriores procesos no se tenía tan vergonzoso registro como en el actual: en el proceso de Belisario las propias Farc se encargaron de generar un efecto boomerang; es decir, los periodistas que fueron partidarios de las soluciones pacifistas terminaron siendo los “guerreristas”. En el Caguán los periodistas buscaban la chiva del momento, pero no la fabricaban ni la engordaban, pero en ninguno de estos dos procesos la credibilidad de los medios estuvo en tela de juicio… ¡Hasta hoy!

El periodismo es un oficio suntuoso, muy hermoso y hay muchos motivos por los cuales aún debemos confiar en él, aunque hoy se ocupe de inventar y fabular una “paz” que no existe. Pero el periodismo, cuando no se arrodilla ante ningún poder, es doblemente solemne, perfecto y valeroso si refuta sin miedo a las mentiras o falacias para decir y escribir que allí, donde hoy nos dibujan el edén, ¡no existe, ni habrá un verdadero bien común!

P.S.: ¿Cuántos dedos y de cuántos medios seguirán intentando tapar el descontento nacional del proceso de “paz”?

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