¿Por qué no se puede exportar?

¿Por qué no se puede exportar?

Si el país quiere exportar un amplio número de productos, industriales y agrícolas, es necesario introducir racionalidad en los aranceles de importación.

En Colombia continúa siendo más atractivo producir para el mercado interno que exportar. Por eso no hay diversificación de las exportaciones. La razón es que, después de 25 años del proceso de apertura comercial, la economía está más protegida hoy en día que en 1990.

La investigación abierta recientemente a la industria azucarera ha dado lugar a que quienes demandan azúcar como insumo para productos comestibles afirmen que los precios del azúcar subieron considerablemente en los últimos tiempos. Se menciona esta como una de las causas, además, por las cuales Chiclets Adams decidió trasladar su manufactura de Cali a México.

Un vocero de Nutresa –la empresa que reúne las compañías del grupo antes conocido como Nacional de Chocolates– comentaba a EL TIEMPO que el costo del azúcar se había incrementado en 46 por ciento, “dadas las protecciones derivadas del Sistema Andino de Franjas de Precios”, y que “el arancel efectivo que se aplica a nuestras importaciones pasó de 46 a 82 por ciento” (EL TIEMPO, 9-6-2015). Y la presidenta del gremio de la Asociación Colombiana de la Industria de Grasas y Aceites Comestibles (Asograsas), Ángela María Orozco, reiteró su solicitud al Gobierno de eliminar las llamadas franjas de precios.

El Sistema Andino de Franjas de Precios se diseñó a principios de los años noventa para proteger la agricultura colombiana, en un momento en el cual se eliminó la licencia previa para las importaciones agrícolas y se desmontó el Instituto de Mercadeo Agropecuario (Idema). Y subsiste hoy para unos pocos productos –el azúcar y el aceite de palma– porque en otros casos se convirtió en un arancel fijo, muy alto, como el del arroz, la leche, el maíz y la carne. Las franjas elevan el arancel cuando el precio internacional del producto en cuestión es bajo y lo disminuyen cuando es alto. El resultado es que siempre el arancel es altísimo y la producción nacional se aísla de la internacional. Claro, si la tasa de cambio se devalúa, el precio interno del producto se va a las nubes.

Si el país quiere exportar un amplio número de productos, industriales y agrícolas, es necesario introducir racionalidad en los aranceles de importación. El desorden actual es increíble. Si bien en la apertura de hace 25 años se bajaron todos los aranceles, casi que a partir de ese momento comenzó lo que se conoce como la dispersión del arancel (establecer niveles específicos para cada bien que se importa), de tal manera que existe mucha variación entre los aranceles de los diferentes productos. Lo que hace muy engorrosa la tarea de la Dian y muy costoso importar. Y si no se puede importar fácilmente, pues no se exporta porque muchos productos exportables requieren insumos importados, como las galletas o los aceites comestibles.

Por eso mismo, el país tiene que adoptar un arancel homogéneo, bajo y plano, lo más rápidamente posible; como los de Chile o Perú. Los aranceles en todo el mundo han disminuido y posiblemente continuarán haciéndolo. Así como en los principios de los años noventa el arancel promedio mundial era del 20 por ciento, en la actualidad se ubica entre 7 y 8 por ciento. La Ocde también señala que los aranceles colombianos siguen siendo cuatro veces superiores al promedio de la Ocde y que la proporción es mayor, siete u ocho veces, para las materias primas.

Es oportuno que los empresarios recuerden que en cinco años el arancel será cero en el comercio con los Estados Unidos, por lo cual es mejor prepararse para enfrentar el desafío de la competencia que continuar, un tiempito más, artificialmente aislados de la realidad.

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