El legado desconocido de Jimmy Carter

El legado desconocido de Jimmy Carter

Mientras Jimmy Carter entra en el ocaso de su vida, es enormemente frustrante para nosotros quienes trabajamos con él de cerca en la Casa Blanca el ver cómo su presidencia es caricaturizada como un fracaso, y ver cómo ha sido marginalizado, incluso por sus copartidarios demócratas, desde que dejó la presidencia en 1981.

Lo que lo caracterizaba era que enfrentaba problemas inextricables sin importar su costo político. Su asesor y confidente más cercano, Hamilton Jordan, tristemente bromeaba que el peor argumento que se podía hacer al presidente Carter para disuadir su toma de acción era decirle que le haría daño políticamente.

Un exgobernador de solo un período de Georgia, Carter ganó con una campaña sin prejuicios, y estando en su cargo permaneció fiel a su mensaje de inspirar a los pobres de todas las razas arriesgando la pérdida de su base blanca sureña.

Carter entendió que, después de Watergate, la confianza en el gobierno tenía que ser restaurada. Impuso límites a obsequios y normas de divulgación financiera a sus designados; poniendo freno al desfile de oficiales que se iban para hacerle lobby a sus previos departamentos; y nombró inspectores generales para eliminar de fondo el fraude y el mal manejo.

Carter creó el Departamento de Educación y aumentó las becas universitarias para estudiantes necesitados. Puso fin a la regulación federal de precios para camiones, buses interestatales, ferrocarriles y aerolíneas.

La perspectiva energética de América no sería tan brillante si no fuera por su terca determinación por despertar al público americano y al congreso ante los peligros de nuestra creciente dependencia del petróleo extranjero. Puso fin a un impasse de un cuarto de siglo y empezó el proceso de eliminar el control federal de los precios del gas natural, y luego el crudo; creó el Departamento de Energía y dio comienzo a los incentivos fiscales para aislamiento en los hogares y energía solar.

Creó la vicepresidencia moderna, convirtiendo a Walter F. Mondale en un socio total, dándole una oficina cerca a la suya, y acceso a documentos clasificados e involucramiento en todas las grandes decisiones.

Los logros principales de Carter están en política extranjera, durante el aleccionador periodo que siguió a Vietnam. En un acto extraordinario de negociación diplomática que él personalmente lideró en Camp David, Maryland, Carter produjo el primer tratado de paz del Medio Oriente entre Israel y Egipto. Sigue siendo la piedra de toque de la política de seguridad de los Estados Unidos en la región.

En Asia, enfrentó el lobby de Taiwán para establecer relaciones diplomáticas completas con China, completando lo que empezó Richard M. Nixon. En América Latina, dio comienzo a una nueva era de respeto mutuo al entregar el Canal de Panamá para que fuera controlado localmente, y limitó la venta de armas a dictaduras militares. Su administración empezó el desatamiento de la Unión Soviética al apoyar los derechos humanos e introducir misiles de alcance intermedio en Europa.

Dados estos logros duraderos, ¿por qué la presidencia de Carter es vista con desdén por tantos? La respuesta está en dos áreas, una en su estilo de gobernar y su carácter inflexible, y la otra en eventos externos. Perder una batalla de manera aplastante por un segundo período automáticamente le da una imagen negativa. El manejo positivo y esperanzador del Presidente Ronald Reagan también hizo contraste con la inclinación de Carter por siempre ser el mensajero de verdades desagradables, o pedir sacrificio de una forma que siempre parecía un regaño público. Entrenado como ingeniero, buscó soluciones integrales para retos fundamentales por medio de un sistema político diseñado para cambio incremental; sus logros significativos al parecer nunca combinaban con la ambición de sus propuestas.

El fruto de algunos de los logros principales de Carter se dio solo después de que entregó la presidencia. El ejemplo más doloroso fue su freno a la ruinosa inflación que había atormentado a sus predecesores incluso antes de la primera crisis del petróleo de 1973. Por encima de la objeción de casi todos sus asesores, Carter nombró a Paul A. Volcker como jefe de la Reserva Federal, sabiendo que elevaría las tasas de interés para eliminar a la inflación del sistema. El nos dijo que había intentado con dos tsares antiinflacionistas, persuasión, pautas voluntarias para aumento de salario y precios, y una austera política presupuestaria, que nada había funcionado, y que prefería perder la elección de 1980 a dejar la inflación arraigada para la siguiente generación.

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