Publicidad política vs ética informativa

Publicidad política vs ética informativa

Parece que la publicidad política en Colombia destruye la ética informativa. Los incontables millones que este Gobierno, en sus distintas dependencias, paga para difundir los planes oficiales con toda clase de anuncios y bombo en los distintos medios de comunicación, busca mantener, indirectamente, el control de lo que transmiten los grandes periódicos, las cadenas de TV y la radio. Para conocer los costos aproximados de lo que este Gobierno gasta en publicidad, busqué en internet y vi que en el 2013, las tarifas publicadas por una cadena de TV para los anunciantes demostraban que un solo comercial, con el promedio de rating de 17 puntos, costaba $2’676.000 por un tiempo de exposición de 30 segundos. ¿Cuánto recibirán hoy? Lo anterior sin mencionar los numerosísimos contratos multimillonarios entregados por este gobierno derrochador a ONG, agencias especializadas y medios para apoyar la paz.

Después de ver la casi total omisión informativa previa a la marcha del 7 agosto contra las Farc y contra Santos y la posterior información al respecto, más el tratamiento dado a lo sucedido con el helicóptero, dudo mucho sobre la supuesta independencia de los medios. En el caso específico de la manifestación en Medellín, doy fe de la masiva asistencia: había 5 cuadras llenas de personas en la avenida la Playa y eso sin ver los miles que llegaron directamente a la Plaza de las Luces. Gente alegre con toda clase de pancartas patrióticas. Al terminar, corrí a ver el cubrimiento informativo en la TV y quedé destrozada. Mientras en RCN decían que habían asistido más de 30 mil personas (la más real), en otra cadena informaban que habían asistido 3 mil. Lo anterior sin analizar las contradicciones informativas a raíz del ataque al helicóptero, en todo lo cual se aprecia la dicotomía entre la publicidad política y la ética informativa. Además, es difícil explicar la simpatía de Santos por las Farc. Podría decirse que a ellos “no se le puede tocar ni con el pétalo de una rosa”.

Al ver esta manera de informar, recuerdo algunos de los principios que aplicaba el régimen de Hitler, en cabeza de Goebbels: -Adoptar una idea o enemigo único, individualizar al adversario. -Cargar sobre el adversario los propios errores o defectos. Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan. -Convertir cualquier anécdota, por pequeña que sea, en amenaza grave. -La propaganda debe limitarse a un número pequeño de ideas y repetirlas incansablemente, presentarlas desde diferentes perspectivas, “si una mentira se repite lo suficiente, acaba por convertirse en verdad”.

-Hay que emitir constantemente informaciones y argumentos nuevos a un ritmo tal que, cuando el adversario responda, el público esté ya interesado en otra cosa. -Acallar las cuestiones sobre las que no se tienen argumentos y disimular las noticias que favorecen el adversario. –Crear una falsa impresión de unanimidad, convencer a mucha gente de que piensa “como todo el mundo”, basados en prejuicios tradicionales.

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