La apuesta de la inversión pública

La apuesta de la inversión pública

La inversión pública está siendo alabada como la estrategia para enfrentar la desaceleración económica en los países emergentes, pero hacen falta estrategias conjuntas para fomentarla.

Al tiempo que el gobierno de Juan Manuel Santos arremete contra la opinión pública para forzar la venta de una empresa estatal, en una subasta con un sólo oferente, justo cuando las empresas colombianas están cotizadas a su nivel más bajo en una década y argumentando que es necesario para construir carreteras de cuarta generación, en Asia un bloque de 57 países liderado por China inaugura el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, que busca financiar proyectos de infraestructura en esa región.

La diferencia pone de relieve cuán distinta es actualmente la forma de proceder de Asia, donde las tensiones bélicas son más altas que en América Latina, pero el pragmatismo mucho mayor.

La venta de Isagén fue un mal negocio hecho de forma acelerada para fomentar proyectos de infraestructura que, de haber en América Latina mecanismos de crédito adecuados e instituciones multilaterales dirigidas a fomentar el desarrollo de infraestructura, habría podido saldarse a través de las utilidades y no la venta de la empresa.

Lamentablemente, no sólo es un continente con una visión de corto plazo enfermiza, como lo demuestra la caída libre en la que se hallan sus economías por el desplome en los precios de las materias primas (otra vez el deja vu), sino que tampoco hay instituciones de crédito multilateral regional fuertes para financiar sus proyectos. Si bien un motivo importante para ello es que no hay muchos países en la región, fuera de Estados Unidos y Canadá, que tengan posibilidad de invertir amplias sumas de capital en banca multilateral, tampoco hay voluntad política por crear una institución semejante, si no viene acompañado de una alineación política determinada. América Latina sigue excesivamente politizada en sus proyectos regionales.

Con la creación del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, China parece haber impulsado una herramienta de crédito multilateral con un nivel de politización relativamente bajo. Si bien conservó su insistencia histórica de no reconocer a Taiwán como una entidad política independiente, sino como una provincia renegada, y por ello no haber aprobado su solicitud para hacer parte del banco multilateral más reciente del mundo, sí buscó una participación amplia de países que incluyen a 13 de la Unión Europea. China aportó el 30% de un capital de 100 mil millones de dólares, mucho menos de lo que costó Isagén.

Durante las décadas en que el precio del petróleo estuvo por las nubes, América Latina tuvo la oportunidad de crear instituciones innovadoras, duraderas, que pudieran mantener el crecimiento o al menos dar impulso a obras de infraestructura como carreteras y aeropuertos, y que estuvieran al margen de los vaivenes políticos. Sin embargo, la dura polarización que se produjo durante casi dos décadas entre una izquierda irresponsable e intransigente, y una derecha con las mismas características, dio al traste con cualquier iniciativa interesante que fuera más allá de instituciones sin poder financiero.

Asia, en cambio, tiene algunos de los conflictos limítrofes más complejos del panorama mundial, así como duras heridas y desconfianzas históricas, resultado de sangrientas guerras internacionales. No obstante, se reconoce la necesidad del pragmatismo en algunas áreas para asegurar un desarrollo más constante.

Hace poco Dani Rodrik, el economista especializado en temas de desarrollo, dijo que debía revaluarse el poco entusiasmo que desde los años 70 produjo en su campo el desarrollo basado en la inversión pública. Siguiendo esta línea, la inversión en carreteras de cuarta generación es una buena medida contracíclica. Es lamentable que deba hacerse sobre la base de un negocio apresurado y mal aprovechado. Y es más desafortunado aún que no haya mecanismos para que este tipo de inversiones puedan hacerse apoyados en crédito de instituciones multilaterales que América Latina tuvo tiempo de crear, pero que jamás se materializaron por falta de visión y cabeza fría.

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