No a otra reforma tributaria

No a otra reforma tributaria

A pesar de haberse equivocado de cabo a rabo con las reformas tributarias de 2012 y 2014, el Gobierno ahora trata de vender una reforma dizque estructural, dizque conveniente y dizque inevitable, y lo cierto es que nada de eso es cierto.

No es estructural, pues de los $12 billones que buscaría adicionar al recaudo anual, $9 billones dependen de aumentar la tarifa del IVA del 16 % actual a un 19 %, así como de su ampliación al arroz, la leche, la carne, los huevos y demás bienes de primera necesidad que hoy no lo sufren. Entonces, si en un solo tributo están centradas las esperanzas para cerrar el gran hueco fiscal, ¿qué de estructural tiene la propuesta? Pues nada, o, como lo escribió el senador Iván Duque Márquez, que no puede ser tildado de “mamerto”, esta propuesta sólo busca “pasar factura regresiva a la clase media y a los pobres, justo cuando la inflación crece, afectándoles el bolsillo, y se está resquebrajando la confianza del consumidor”.

No es conveniente centrar en el IVA la propuesta, pues, como lo describe un completo informe de Corficolombiana del Grupo Aval, que no puede ser tildada de antigobiernista: “en caso de implementarse la propuesta de la Comisión de Expertos Tributarios, la inflación total podría aumentar entre 1,88 % y 2,22 %”, es decir, que el ruinoso aumento de precios que ya está en el 8 % anual y es el impuesto más inequitativo de todos, pues es el asalariado el más afectado, podría superar el 10 % al tiempo que frenaría el consumo y bajaría el ya golpeado crecimiento económico, induciendo a mayor desempleo.

Y tampoco es inevitable, pues una reforma estructural debería atacar primeramente la extendida evasión, para lo cual bastaría un decreto del presidente que fortalezca presupuestal e institucionalmente a la DIAN, que ha probado que sí puede incrementarse el recaudo actual sin aumentar tarifas. Primero se debería cerrar definitivamente la posibilidad de que Panamá siga siendo “zona de distención tributaria” para esconder patrimonios, algo que quedó sólo en maquillaje con el acuerdo hipócritamente cacareado esta semana, pues la información que suministrará ese vergonzoso paraíso fiscal será por requerimiento de autoridad competente, no información total, es decir, sometida a filtros y discrecionalidades que convenientemente no pisará callos de los poderosos. Pilas con las mentiras.

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