Salud Hernández y la libertad de prensa

Salud Hernández y la libertad de prensa

Por favor, la paz no se construye mostrando los dientes. Colombia ya ha tenido que sufrir lo suficiente ese tipo de tragedias.

Aunque a la hora de escribir estas líneas todavía no hay confirmación oficial sobre si se trata de un secuestro, es necesario exigir la liberación inmediata y sin condiciones de la periodista Salud Hernández. Este es un amargo recordatorio de lo complejo que es contar el país desde las zonas donde la influencia de los grupos ilegales busca silenciar las voces de denuncia.

Hernández, que trabaja para el periódico español El Mundo y escribe una columna de opinión en El Tiempo, se encontraba en El Tarra, Norte de Santander, realizando un reportaje sobre los herederos de Megateo, quien era el narcotraficante más buscado del país cuando fue abatido el año pasado, y cuya muerte dejó un vacío de poder. Norte de Santander es el departamento del país con la mayor área sembrada de coca, y por eso hay presencia de miembros del Eln, las Farc y el Epl.

Lo último que se sabe de la periodista es que el sábado al mediodía se subió a una moto con destino desconocido. Antes, había sido víctima de una clara violación a su derecho a la libertad de prensa cuando sus instrumentos de trabajo fueron confiscados por personas que aún no han sido identificadas. Aunque hasta el momento ningún grupo ilegal ha tomado responsabilidad por lo ocurrido, y queda la posibilidad de que, como dice el alcalde de El Tarra, José de Dios Toro, Hernández haya decidido por voluntad propia ir a uno de los corregimientos cercanos, la falta de noticias suyas y los antecedentes de su desaparición son preocupantes.

El Ministerio de Defensa anunció el traslado a la zona de una comisión especial del Gaula, y las Fuerzas Militares y la Policía Nacional activaron los protocolos de búsqueda. España manifestó su preocupación por lo ocurrido (Hernández tiene doble nacionalidad, española y colombiana) y la Fiscalía de ese país anunció la apertura de investigaciones por el presunto delito de terrorismo.

Lo ocurrido es, a todas luces, inaceptable. Si, como algunas fuentes lo han sugerido, se trata de un secuestro a manos del Eln, esto seguiría un patrón de este grupo guerrillero que ve esta práctica como una mezquina presión para que el Gobierno ceda a sus pretensiones en las complicadas negociaciones de paz que se adelantan.

Es frustrante ver que los insurgentes no se han percatado de que seguir privando a las personas de su libertad arruina cualquier buena voluntad en la opinión pública, somete a los retenidos a una situación inhumana y obliga al Gobierno a fortalecer su posición y no, como pretenden, a debilitarla.

Por favor, la paz no se construye mostrando los dientes. Colombia ya ha tenido que sufrir lo suficiente ese tipo de tragedias.

En tantos años de conflicto armado, el periodismo se ha encargado de estar en el corazón de la guerra. Cuando ha hecho bien su trabajo, su presencia en lugares donde el Estado ha fallado ha servido para contar las historias de dolor y construir la memoria nacional. Eso es lo que intentaba hacer Hernández, así como tantos otros periodistas intentan a diario. A la verdad y los reflectores de la prensa libre, los violentos contestan buscando callar mediante el miedo. No lo han logrado, ni lo lograrán. Pero mientras Hernández esté desaparecida, la libre expresión de todo el país está siendo vulnerada. De nuevo: libérenla ya.

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