AMABLE Y SIMPÁTICO CON LAS FARC

AMABLE Y SIMPÁTICO CON LAS FARC

Tácito, pensador e historiador de la antigua Roma, enseñó a muchos, menos a Roy Barreras, que una mala paz es peor todavía que una guerra.

Santos y Roy nos conducen a una mala paz.

Una falsa paz.

Le están concediendo la paz de la impunidad y elegibilidad a los peores enemigos internos de Colombia.

¿A quién garantizan la paz, Santos y Roy? Garantizan su paz a los violentos de corazón y de obra; pero eso sumirá en la intranquilidad y el desasosiego a los pacíficos.

¿Cómo que si alguien tiene dudas sobre refrendar lo que han anunciado que estará escrito en el “acuerdo final”, Santos lo amenaza? “Se ha querido decir que si el plebiscito se niega vamos a poder negociar una acuerdo mejor, no se equivoquen, si no se aprueba volvemos a la guerra, no vamos a volver a la mesa de negociación”. ¿Cómo así, entonces, que el plebiscito solo tiene una respuesta posible, el sí, o si no nos matan? O firmamos con las Farc o las Farc nos atacarán.

A Santos y Roy no les importa lo que a casi todos nos repugna: que queden impunes los degollamientos de gobernadores y obispos, la masacre a sangre fría de diputados del Valle, la tortura a soldados y policías, el reclutamiento de niñitos como carne de cañón para sus filas. Santos y Roy quieren que quienes dieron las órdenes para la comisión de semejantes crímenes, se paseen por las calles el año entrante, muy orondos, como los nuevos líderes de la política colombiana.

¡Santos es como oligofrénico! ¿A quién se le ocurre ir a decir en un foro internacional que “la guerrilla estaría preparada para volver a la guerra si no hay acuerdo”? Eso no es develar el juego, mostrar todas las cartas. Y como para acabar de embarrarla, le puso música al verso: “sería una guerra urbana que es mucho más demoledora que la guerra rural”. Entonces, ¿cómo es que casi todo su gobierno va constantemente a hacer besamanos y a postrarse reverentes ante semejantes bestias que se atreven a extorsionarlos de esa manera? Ahora nos enteramos que es por físico miedo a que regresen a sus andanzas.

Santos quiere garantizarle la paz y tranquilidad de la impunidad a los genocidas, a los reclutadores sistemáticos de niños, a los jefes del cartel que según un gran jurado de Baltimore controla el 70% del narcotráfico, a los secuestradores sistemáticos, a los masacradores de Bojayá.

Santos quiere un acuerdo final, cueste lo que cueste. Las Farc, por su parte, pregonan en sus páginas que ellos buscan victoria, también a lo que cueste. Y, claro, así es seguro que ambos van a lograr su propósito. Por eso el estilo de negociación suavecito del presiente y la rudeza de las Farc. Ahí le dijeron hoy, con qué impertinencia, que deje los afanes porque “falta mucho pelo para el moño”,  refiriéndose a la firma de un acuerdo.

Si Roger Fisher viviera, le recordaría a Santos a cada momento que tiene que ver a las Farc como adversario, como enemigo y no como amigo y aliado; que ser amable y simpático no es la respuesta.

Santos ha convertido a las Farc en el gran partido alternativo a lo que ellos mismos llaman los partidos de la “democracia restringida”. Eso es paz para las Farc, pero desazón para todos los demás.

La impunidad para los monstruos de Casa Verde; la elegibilidad para las bestias antidemocráticas que masacraron a los diputados, son inaceptables. Son paz para las Farc pero intranquilidad para todos.

Resistiremos esa paz para las farc que es humillación para Colombia. Venceremos al plebiscito falso. Al plebiscito que no es plebiscito.

Y en 2018, constituidos en gobierno, impondremos la justicia, que es dar a cual lo suyo. Lo que le corresponde.

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