No creo en una paz a la fuerza

No creo en una paz a la fuerza

Ante las declaraciones el jueves pasado del presidente Juan Manuel Santos en el Foro Económico Mundial, me pregunté qué entienden él y sus colaboradores por el concepto de paz.

Leí las definiciones que hace el diccionario de la Real Academia de la lengua española sobre esta compleja palabrita de tres letras que en tantos momentos de nuestra historia ha sido manipulada. Dentro de las ocho definiciones que da la RAE me quedo con la número dos y la cuatro:

“Relación de armonía entre las personas, sin enfrentamientos ni conflictos”. Y también “ausencia de ruido o ajetreo en un lugar o en un momento”.

De acuerdo con ello las declaraciones del presidente Santos contradicen el mismo concepto de paz: “si el plebiscito se niega, volvemos a la guerra”, dijo.

Para que exista “armonía entre las personas, sin enfrentamientos o conflictos”, no pueden existir amenazas, y menos hechas por un presidente hacia la nación que representa legítimamente. No pueden existir declaraciones que debiliten una soberanía en pro del estatus de beligerancia que quiere ganar un grupo terrorista.

Me uno a la pregunta de tantos colombianos, expresada ya por varios columnistas, sobre cómo puede un presidente tener “información amplísima” acerca de los planes de una guerra que las Farc está craneando, “la guerra urbana, que es más demoledora que la guerra rural” y las usa para amenazar en lugar de evitar estratégicamente que el conflicto armado regrese a la ciudad con la fuerza que dicen que tendrá.

Basta tener un poquito de memoria para recordar los crímenes atroces que estos bandidos han cometido durante décadas tanto en el campo como en la ciudad, quitándole la vida a tantos inocentes, dejando a tantas familias desarticuladas, robándole la esperanza a tantos compatriotas. Como dijo en su última columna Salud Hernández en El Tiempo, “parece lamentable que para el presidente sea peor asesinar y secuestrar citadinos que campesinos, pensar que existen colombianos de primera y segunda clase”.

La paz, definida como “relación y armonía entre personas” por la Real Academia, no puede lograrse con un gobierno que ha comprado medios de comunicación para manipular la opinión pública y hacerla favorable a su proyecto haciendo que las Farc se fortalezcan y les hagan creer que el territorio colombiano está en subasta y que ellos pueden pedir lo que quieran a cambio.

Bien lo dijo en este diario el columnista Rafael Nieto: “Tendremos un plebiscito amañado, un engendro de plebiscito, con un umbral de mentiras y con las Farc sin desmovilizarse, sin entregar las armas, listas para el combate, presionando a las comunidades en sus zonas de influencia y con los demás bajo chantaje”.

No creo en la paz a la fuerza. La paz siempre se debe dar en un marco de libertad y nunca de miedo. No creo en la paz a punta de manipulaciones. Esta debe darse en el marco de la verdad y nunca de los eufemismos. Debe darse en un país en el que sus gobernantes busquen el bien común por encima del propio. Sino estamos hablando de una paz falsa y efímera y no de una paz auténtica y duradera.

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