Jarlinson y Winner le hablaron claro

Jarlinson y Winner le hablaron claro

Jarlinson Pantano y Winner Anacona reunieron dos méritos en común en las jornadas finales de la Vuelta a Francia. Primero, porque ambos pasaron a ser ciclistas heroicos por su sorprendente desempeño en la competencia más tenaz del pedalismo mundial, mientras, por injusta paradoja, Nairo Quintana pasó a recibir denuestos y expresiones desobligantes porque no ganó la prueba, como se esperaba, aunque alcanzó a subir al podio como tercero. Y segundo, porque fueron capaces de decirle la verdad a nadie menos que el Presidente de Colombia, con una frescura y una espontaneidad propias de dos muchachos sinceros, desprevenidos y apolíticos.

Al incluir en sus respuestas al saludo presidencial los reclamos por la falta de mejor apoyo estatal o por el modo de tratar los diálogos de paz, ni Anacona ni Pantano incurrieron en falta grave, como sí lo habrán creído algunos defensores viscerales del unanimismo oficialista, muy amigos de gastarles incienso a los funcionarios cuando toman decisiones incluso elementales y obvias pero que satisfacen sus intereses particulares. Seguro que si la Corte Constitucional hubiera aprobado una providencia adversa a los defensores del plebiscito, no habrían organizado el espectáculo risible de agruparse para aplaudir frente al edificio de la justicia. Estarían descalificando a los magistrados con un catálogo feroz de epítetos denigrativos.

Jarlinson y Winner le hablaron claro a Santos. Tal vez no era el momento apropiado. Pero hasta ese extremo ha llegado la llamada polarización de posiciones, opiniones y actitudes. En la inmensa mayoría, somos partidarios de alcanzar un acuerdo de paz, de la desactivación y desaparición de las Farc y de todas las demás consecuencias positivas de la solución negociada del conflicto. Pero lo que no cae bien es el desgobierno santista, el desvío de la atención y el ocultamiento de los problemas con el tema único de La Habana, el aprovechamiento de cualquier motivo de celebración, incluso de los éxitos deportivos de Anacona y Pantano, como si fueran triunfos gubernamentales.

Que a los dos ciclistas les faltó un ápice de buenas maneras y corrección porque estaban contestándole al presidente y no a cualquier particular, sí lo creo. Pero me parece que puede tratarse de un síntoma del deterioro progresivo de las relaciones entre el primer mandatario y sus conciudadanos. Él mismo ha implantado un estilo desobligante para referirse a sus opositores. No ha dado el mejor ejemplo de moderación. Cualquier ciudadano, como un modesto ciclista, se siente autorizado para contestarle el saludo en términos que, sin ser groseros ni irrespetuosos, sí indican un estado de ánimo, un malestar que puede ser el de muchísimos colombianos, como lo refrendan, además, las encuestas. Que se firmen los acuerdos, incluso sin un plebiscito carísimo y superfluo, pero que el presidente empiece a gobernar.

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