El enemigo no es el empresario, ¡El enemigo es Petro!

El enemigo no es el empresario, ¡El enemigo es Petro!

El pasado jueves 26 de abril, el señor Gustavo Petro, candidato presidencial, hizo presencia en el municipio de Puerto Tejada, al norte del Cauca. Con él, hacia presencia también allí amigos que le acompañan en sus recorridos, líderes de la zona y asimismo Feliciano Valencia, dirigente indígena miembro del CRIC, a quien le cursan varios procesos familiares, civiles y penales en su contra.

Como era de esperarse, Petro aprovechó la plaza pública para vociferar en contra de lo que a él se le diera la gana, sin respeto ni responsabilidad alguna. Pero bueno, que lance pullas es normal en él, pero lo que realmente llamó la atención y encendió las alarmas fue la amenaza “decente e implícita” que arrojó contra el empresariado no solo del Cauca, sino de toda Colombia. Manifestó que de llegar al gobierno “compraría” las tierras del ingenio Incauca, afirmación que generó aplausos entre el público, y claro, cómo no generarlos, si las propuestas populistas son las que más gusta escuchar a algunos, aunque sean irrealizables o tengan un efecto devastador.

Pero quisiera referirme a unos puntos más en concreto. Primero, Petro demostró ante el país (nuevamente) que sí desea expropiar, porque sabe él muy bien que al momento en que rechace la oferta de compra el futuro expropiado, procederá, so pretexto de la “utilidad pública o interés social”, a expropiar la propiedad que se le venga en gana, tal cual como lo efectuó Chávez durante su mandato. Es decir, aquí no estamos ante un peligro menor, aquí nos encontramos ante un riesgo real llamado Socialismo del Siglo XXI, representado hoy en Colombia por el candidato en mención. Él no se anda con juegos, no seamos ingenuos. Preocupa sí, el apaciguacionismo de algunos, como por ejemplo el de Asocaña, quien en un comunicado endeble respondió a las amenazas de Gustavo Petro.

Segundo, el norte del Cauca (como la mayor parte del departamento) sufre y padece las acciones criminales de algunas organizaciones indígenas, y no es de sorprender que Feliciano Valencia acompañe a Petro, pues ellos (un amplio sector indígena) siempre han estado en búsqueda de más y más tierras, las cuales no generan ni un empleo, no dinamizan la economía y no producen ni un producto para su comercialización con excepción de la marihuana que siembran y cosechan, claro está. El sector indígena es el más ansioso porque llegue Petro a la Casa de Nariño, pues saben que con él acortarían su camino para saciar su sed de venganza en contra de quienes trabajan legalmente la tierra.

Es muy fácil gritar “quítenle a él, para darle al otro”, pero difícil es generar empresa; difícil es generar empleo; difícil es conseguir un capital semilla; difícil es cumplir con los requisitos asfixiantes para estar al día con la normatividad vigente; difícil es tener para pagar los insumos o materia prima; difícil es tener para pagar la nómina; difícil es tener para cumplir con los impuestos; difícil es producir utilidades, expandirse y crecer, más por la difícil situación de la economía colombiana; difícil es gestar una cultura empresarial con responsabilidad social; ¡eso sí es difícil de hacer!, y aún así, muchos lo han logrado y han cambiado la vida de miles de familias y coadyuvado al progreso de la zona y/o la región.

Lo que debemos hacer es acompañar y promover la propuesta que genere alivios y garantía sal empresario, para que este pueda aumentar su operación y así generar más y mejor empleo. Acompañar y promover la propuesta que vea al empleado y al empleador trabajar mancomunadamente para generar riqueza y así superar pobreza. Esa propuesta la representa Iván Duque, acompañémoslo en su camino a la presidencia y alejemos a Colombia del continuismo y del populismo.

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