Nosotros somos nosotros… y vosotros

Nosotros somos nosotros… y vosotros

Mientras Hidroituango tiene fiebre a 40° y casi todos los colombianos y todos los paisas sufrimos por sus males que nos colocan ante la nación y el mundo como una expectativa de superar las dificultades o afrontar la catástrofe, hay personajes y parte de las instituciones como la Fiscalía, la Procuraduría y la Defensoría del Pueblo, que en vez de ayudar o esperar los resultados del inmenso esfuerzo por evitar la calamidad, buscan hipótesis venenosas sobre los constructores e ingenieros para fungir de moralizadores y pesquisidores a priori. Si la presa no hubiera tenido ese percance grave, no hubieran aparecido en busca de presuntos “bandidos”, sus jefes vendrían a tomar licor y posar en la inauguración.

Hasta un conocido novelista criollo, de las últimas promociones, escribe: “El modelo empresarial antioqueño, y lo que hacen los políticos de turno, definitivamente no funciona. O funciona pero solo para el beneficio de unos cuantos.” Y agrega sobre el tema que es“lo esencial. ¿Le pidieron permiso al río Cauca para hacer su gigantesca y aparatosa obra? ¿Le pidieron permiso a la tierra para horadarla? ¿Les pidieron permiso a las comunidades nativas para intervenir en sus territorios? Todo esto lo pasaron por alto estos tecnócratas frívolos, estos empresarios pedantes, estos políticos insensatos”. (Pablo Montoya)
Hidroituango viene siendo planeada y estudiada hace 15 años y es de público conocimiento. Resultan ahora las voces que hablan como Moisés salvado de las aguas, literalmente. Ellos representan al Río Cauca, a la cordillera de los Andes, a las etnias ancestrales, al aire de las montañas, al subsuelo silente. Nunca han ido a Ituango, nunca han pasado por Puerto Valdivia y menos se han comido un bocachico frito en Nechí. Cuando los obreros, técnicos, vigilantes, ingenieros, camioneros, mecánicos, electricistas, paramédicos, rancheros y funcionarios de todos los niveles trabajan de tiempo completo en prevenir la catástrofe humanitaria y operacional de la represa, los gallinazos de la urbe capitalina, incluyendo al Presidente Santos que apareció cuatros semanas después, llegan insolidariamente perturbados por los contratos y no por la obra y los trabajadores, a sabiendas que los planos, mapas, contratos y demás documentos y responsables están ahí desde hace años.

Es posible que existan chanchullos, pero esos estarían en las oficinas, documentos y demás elementos probatorios. Pero no están aguas arriba. Si antes no sospechaban, ¿por qué hoy si sospechan? Las obras de los hombres son como ellos, sujetos a errores, sujetos a falta de conocimiento. No tienen más sabiduría los gallinazos sobre construcción de represas que los topos ingenieros que las construyen. Ahí están, por ejemplo, Chivor o Guatapé. ¿Que el mundo de la obtención de fuentes energéticas camina hacia otras formas? Por supuesto, pero no son los yesqueros ni Chernóbil. La ciencia abre los caminos poco a poco.
Hidroituango no es solo para Medellín y Antioquia, sus dueños y sus sueños. Es para Colombia entera. No hay ciudadanos más colombianistas que los antioqueños. Al fin de cuentas hemos construido la mitad de este país. Que no vengan a decirnos que lo han desarrollado, cultural y económicamente, los huitotos, los embera o los wayú. Pregunténselo a los vallunos, santandereanos, cundinamarqueses o tolimenses, por ejemplo.

Dizque dijo el Rey Salomón:”Trata de nacer en tierra de paganos que trabajen y no en tierra de fanáticos religiosos que solo viven de Dios.

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