De la posesión y otros temas

De la posesión y otros temas

Duque se posesionó en una austera ceremonia, envuelta en la borrasca de los clásicos vientos de agosto en Bogotá.

Su discurso fue ponderado, reiteró lo dicho en su campaña e invitó a una gran unión nacional para sacar este país adelante, noble pero difícil propósito con una oposición que desde antes había anunciado que se opondría, en el Congreso y en la calle, a toda iniciativa gubernamental, lo que iniciaron con unas esmirriadas manifestaciones cerca al lugar donde se llevaba a cabo la posesión.

El discurso de Ernesto Macías, el presidente del Senado, causó escozor en esa misma oposición. La senadora Aída Avello dijo que era “una declaración de guerra”. De hecho, es un inventario de lo que el nuevo gobierno recibe de Santos, algo que, como escribí hace unas semanas, es indispensable si se quiere evitar que empiecen a echarle a Duque la culpa de todo lo malo que suceda en adelante pero también de los errores de Santos.

La oposición gozará de todas las garantías de una nueva ley. Tiene todo el derecho de oponerse a las decisiones que no le gusten y de decir lo que le dé la gana en el Congreso. Y, ausente la “mermelada”, no habrá manera de calmar sus fauces hambrientas. O, si no, pregúntenle a un senador que habló de “la actitud mezquina y camorrera de Macías y sus similares”.

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Justo una hora antes de la posesión de Duque, la ex canciller Holguín llamó al nuevo ministro de relaciones exteriores, Carlos Holmes Trujillo, para notificarle que Colombia había reconocido a Palestina como Estado independiente y soberano.

Yo tengo mis propias ideas sobre la materia, pero ese no es el punto de discusión. Una decisión de este calibre con unas implicaciones de política internacional y geoestratégicas no se puede tomar sin las debidas precauciones y sin haber consultado a la Comisión Asesora. Y menos el día de la posesión de un nuevo presidente, creándole un hecho cumplido del cual no es fácil salirse. El Presidente anunció que llevaría el asunto a la Asesora que es lo que debería haberse hecho y el canciller dijo que “Santos asuma la decisión que tomó, que nosotros asumiremos las consecuencias”. Que no sea el primer caso en que el gobierno tiene que cargar con la culpa del de Santos.

Las decisiones en materia de política internacional solían ser tomadas con el consenso de todos los partidos representados en la Asesora, a la que también asisten los expresidentes. No encontré información sobre las últimas reuniones de la Asesora que deben realizarse mínimo cada dos meses. Pero el ministro Trujillo dijo que va a reactivarla, empezando con el tema de Palestina, pero también para oír la opinión (la Asesora es un cuerpo consultivo) sobre la política de fronteras y migración y para informarle sobre el retiro de Colombia de Una sur y cómo van las demandas en La Haya.

Y a propósito de decisiones tomadas en vísperas del nuevo gobierno, leo que en los primeros días de agosto presentó credenciales el nuevo embajador de Colombia en Viena. El presidente y su canciller pueden y deben ejercer sus funciones hasta el último día de gobierno, pero, por razones de delicadeza y respeto, el nuevo gobierno no debería verse enfrentado al hecho de que hay embajadores recién nombrados.

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Coda: Las decisiones de la Corte Suprema son obligatorias y hay que respetarlas. Pero eso no significa que no puedan criticarse. La decisión sobre Uribe contrasta con la presencia de las Farc en el Congreso. Además, es inoportuna y aparenta tener sentido político.

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