Consultas, herramienta desperdiciada

Consultas, herramienta desperdiciada

Partidos esquivan la democracia interna
Se impone el maniobrerismo politiquero

Pocas constituciones como la colombiana se pueden dar el lujo de tener tal cantidad de mecanismos de participación ciudadana, cuya finalidad es facilitar la democracia directa y participativa en su grado más alto posible. El plebiscito, el referendo, la consulta popular, el cabildo abierto, el voto, la iniciativa legislativa y la revocatoria del mandato son, todas ellas, herramientas que le permiten a la población manifestarse de distintas maneras y con distintos fines para definir el rumbo mismo del país y sus instituciones.

Sin embargo, hay un trecho largo entre la existencia de esos instrumentos y la forma en que la población se empodera de ellos y los utiliza de forma efectiva y contundente. No en pocas ocasiones hemos advertido desde estas columnas que los mecanismos de participación ciudadana arrastran varias falencias, que van desde el desconocimiento de la población sobre su existencia y utilidad, pasando por una cantidad excesiva de requerimientos mínimos para ser convocados y aprobados, hasta una falta de interés de las propias organizaciones y movimientos políticos para hacer de ellos un canal de interacción abierto y democrático que les permita reflejar con mayor nitidez y capacidad de vocería y representatividad lo que sus potenciales electores necesitan o requieren de quienes los gobiernan o aspiran a hacerlo.

Este fin de semana se llevó a cabo la jornada de consultas internas partidistas para escoger candidatos a las elecciones de octubre próximo para gobernaciones, alcaldías, asambleas departamentales, concejos municipales y Juntas Administradoras Locales (JAL). Como se dijo meses atrás, tras lo ocurrido en los comicios presidenciales del año pasado, en donde las consultas tuvieron récords de votación y sus resultados marcaron el ritmo de toda la contienda por la Casa de Nariño, se esperaba que para las elecciones regionales y locales de este año se acudiera masivamente a esta figura. Sin embargo, ello no ocurrió. Las colectividades se quejaron de que la fecha límite para definir si acudirían a las consultas fue muy tempranera, ya que la campaña en los departamentos y municipios apenas si estaba empezando a tomar ritmo.

Al final de cuentas sólo se realizaron consultas de los  partidos Liberal, Conservador y Centro Democrático en 12 municipios de 8 departamentos del país. Es decir que apenas si se alcanzó el 1 por ciento del total nacional, sin duda una cobertura ínfima pese a que este mecanismo permite escoger candidatos únicos de colectividades y de alianzas multipartidistas.

Para nadie es un secreto que entre los aspectos en los que Colombia no ha podido avanzar en materia de reforma política está, precisamente, el de instaurar la obligatoriedad de la democracia interna en los partidos a la hora de definir avales, adoptar posturas políticas o definir asuntos programáticos de alto calado.

Pero si el bajo número de consultas fue decepcionante frente a las expectativas que se tenían a comienzos de año, más lo fue el resultado en las urnas este domingo. Según lo informó la Registraduría solo participaron de las mismas un poco más de 48 mil ciudadanos, de los más de 304 mil que estaban habilitados para votar en esos 12 municipios. Si bien hubo un caso en donde participó hasta el 50 por ciento del censo electoral local, en los demás la alta abstención fue la nota predominante, incluso con una jornada en donde este indicador llegó al 99 por ciento.

Es evidente que nos encontramos ante una herramienta democrática desperdiciada, al punto que no pocos analistas consideran que es necesario abocar de manera urgente una reforma, no tanto al mecanismo de participación popular como tal, sino a la forma en que los partidos y movimientos políticos lo obvian a la hora de tomar las decisiones más importantes. Lamentablemente ya en el pasado se han tratado de aplicar correctivos, pero los proyectos de reforma política que se han tramitado en el Congreso para establecer como obligatoria la democracia interna en las colectividades, se han terminado hundiendo por la falta de voluntad de las bancadas parlamentarias. Es claro -negarlo sería de una ingenuidad extrema- que mientras los partidos no quieran dejar atrás el maniobrerismo clientelista y la politiquería, será imposible que las consultas cumplan con su función vital.

Los expertos hablan de múltiples ajustes. Además de la obligatoriedad de las consultas para escoger a los candidatos que recibirán los avales, se necesita que los partidos instrumenten de manera obligatoria los registros de sus militantes, de forma tal que en las urnas solo participen quienes pertenecen oficialmente a cada colectividad, sin dar lugar a interferencias externas. Igual se requieren controles más eficaces en materia de financiación y otros de orden electoral… Para ello se necesita el concurso del Gobierno, el Congreso y, sobre todo, de las bancadas, sin cuya voluntad de depurarse será imposible hacer de la democracia interna partidista una realidad.

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