El efecto burundanga en la corrupción y el karma político

El efecto burundanga en la corrupción y el karma político

Después de la renuncia del Fiscal el 15 de mayo, el impacto que causó en la opinión pública, dio para la creación mediática de una supuesta crisis institucional. Me interesé en el capítulo 2 del asunto, versión W Radio, como continuación del ‘éxito’ del día anterior en el espacio de Vicky Dávila. El 16 el tema era el de las soluciones para la crisis. Y, obviamente, invitaron a cuatro personajes de renombre quienes, palabras más, palabras menos, opinaron que la corrupción había comenzado con el Frente Nacional, que la cosa era un problema humano, que tenía que ver con los que ternaban al Fiscal, magistrado o el que fuera, que Pablo Escobar contribuyó, etc.; y que, obviamente, el Presidente Duque tendría un gran problema al ser difícil que encontrara en Colombia tres arcángeles puros que no tuvieran ningún reproche para que alguno de la terna fuera nombrado Fiscal. A ninguno se le ocurrió hablar de la responsabilidad personal de la conciencia ética de cada quien para dejar el jueguito infantil de echarle la culpa a los otros.

La vaina me recordó la estupenda guaracha, Burundanga, cantada por la inolvidable Celia Cruz con la Sonora Matancera allá por los años 50 y que todos nos gozamos. En ella, Songo le da burundanga a Borondongo, este se la pasa a Bernabé y el trabado Bernabé le pega a Muchilanga, se arma la pelotera, y a alguien se le hinchan los pies; es decir, lo clavan. Después hacen el amor, se defienden entre los hermanos porque así se vive mejor. Al final todos terminan felices. Eso todavía se canta en Cuba y se parece a ciertos escenarios políticos, judiciales y mediáticos: arman la pelotera, después todos contentos con el país en crisis, porque a ellos todavía no les toca y se van a dormir hasta la próxima noticia o escándalo.

Sin embargo, la burundanga, importada de África, originalmente se usaba como un bebedizo relajante para ayuda de las parturientas; Celia nos cantó la versión de pasarla chévere, como el carnaval que es la vida. La droga adquirió categoría cuando los científicos la denominaron escopolamina, se extendió al hampa y descubrieron su capacidad de anular la voluntad de las personas en minutos para robarlas, violarlas, hacer con ellas lo que les diera la gana. Yo utilizo esta alegoría guarachera para variar el paradigma mental de ver la corrupción, solo como algo serio y acartonado, pues así se la esconde con los estudios y discusiones académicas que no les dicen nada al nivel en donde debe dirigirse la pedagogía contra ese mal: el sentido común de todos.

La cartilla hipotética de la presentación académica sobre la corrupción diría algo así como que este mal es una constante en la sociedad y ocurre en todas las civilizaciones; que actualmente se ensayan muchos métodos para acabarla; sin embargo, solo en los últimos 20 años este fenómeno comenzó a ser explorado seriamente. Tiene muchas formas y efectos diferentes, en la economía, la sociedad en general y los individuos. Entre las causas más comunes de la corrupción están el entorno político y económico, la ética y la moral profesional y, por supuesto, los hábitos y costumbres, la tradición y la demografía. Sus efectos generales están bien investigados, pero no en su totalidad. La corrupción, inhibe el crecimiento económico, afecta las operaciones comerciales, el empleo y las inversiones; reduce los ingresos fiscales y la eficacia de los programas de asistencia financiera. La sociedad en general está permeada por un alto grado de corrupción lo que ha reducido la confianza en la ley y el estado de derecho, la educación y, por consiguiente, la calidad de vida. No existe una respuesta precisa sobre cómo lidiar con la corrupción, pues lo que funcionaría en USA, no necesariamente sería efectivo en Colombia. Las causas de la corrupción son múltiples, pero finalmente la corrupción destruye la legitimidad del estado. Usted puede encontrar ejemplos parroquiales para cada una de las frases de este resumen, opiniones que se han oído a través de los años.

Por mi parte me gusta el realismo macondiano, o la salsa brava de la interpretación política que nos hace bailar, con lo de la burundanga o escopolamina, que no es necesariamente el billete de la corrupción que adormece la voluntad ética y la conciencia. También puede ser que alguien se acerque con una idea fabulosa de poder como los seis que se inventaron la JEP; que le confundan el cerebro a la víctima con un documento político o jurídico, así como en la calle lo embrutecen con un papelito impregnado de escopolamina; que ese alguien le haga oler el perfume de la alabanza que le gusta al ego, para que la persona quede en un estado de semi inconsciencia política. Por eso cuando sueltan a Santrich suena la alarma de la sociedad; bien sea porque asaltaron nuestra buena fe, o porque ‘emburundangaron’ a la justicia.

Cuando el ‘emburundangado’ político despierta, ya no tiene sus pertenencias de prestigio, el respeto por sí mismo; lo invade la vergüenza de haber sido tan tonto y confiar en la JEP, por ejemplo. Como sabemos la burundanga adormece la conciencia para quedar a merced del otro como zombi dócil de los medios. La más conocida versión de burundanga se llamó proceso de paz; otra se la bautizó como acuerdo imperfecto; la más reciente se la conoce como justicia transicional, todas frutos diferentes del mismo palo, las Farc.

La burundanga se suministra en dulces de chocolatina, la mermelada, los cocteles políticos, y su permanencia en el estómago de los que les gusta el billete puede ser prolongada. Por eso hay que someterlos a un lavado gástrico en el que experimentan la invasión de las tripas que es donde tienen la conciencia: duele. Y el dolor es el mejor maestro.

La intoxicación con la burundanga colombiana produce sequedad en la conciencia de ciertos jueces; sed de justicia en la población; dificultades para deglutir las mentiras; hablar sobre la verdad. El zombi afectado por la burundanga permanece con las pupilas dilatadas por el asombro del billete fácil, lo que le impide reaccionar ante la luz del bien; mantiene una visión borrosa hacia su familia, amigos, las cosas pequeñas y amables de la vida. La frecuencia cardíaca aumenta, cuando siente los pasos de animal grande que se llama karma político. Puede morir en el intento de evitarlo, hacer estupideces, pues recibe y ejecuta órdenes sin oposición, desapareciendo los actos inteligentes, lo que se denomina sumisión ideológica. En algunas personas esa burundanga política puede causar desorientación, alucinaciones de grandeza, delirio y agresividad. En dosis muy altas produce convulsiones en el congreso, depresión severa en la inteligencia y coma moral.

Todo lo anterior ha causado el siguiente karma político que muchos no han visto. En La Habana los de las Farc acorralaron a Santos & Co. con el cuento de que ellos no aceptaban ser juzgados por un sistema judicial corrupto al que le endilgaban una ilegitimidad imaginada y argumentada. Es decir, con artimañas le metieron un petardo a la institucionalidad colombiana de justicia. Y Santos los respaldó, por lo que ellos deberían ser juzgados por un sistema diferente, la JEP, que se inauguró con bombos y platillos. Pero como existe la ley de causa y efecto, sin distinciones políticas, por sus actuaciones ilegítimas la JEP está amenaza con hundirse arrastrando a los que toman whiskey confiados en su catamarán cubano. Esos son los pasos de animal grande que tienen azorados a muchos, porque como dice el dicho: lo que siembras, cosecharás. Para los que les gusta lo esotérico, lo que dice el dicho otros lo llaman karma, que es una energía trascendente, invisible e inmensurable, que se genera a partir de los actos de las personas. También conocido como un espíritu de justicia y/o equilibrio. ¡Güepa je! ¡Que viva la justicia!

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